viernes, 16 de marzo de 2012

OBJETIVOS Y ARTICULADORES DE LA INSURGENCIA

¿En qué puede ir a parar el clima de insurgencia que se ha desencadenado en Aysén y amenaza con reproducirse en Calama y otras localidades? ¿Las acciones de presión y desorden cívico están orientadas a desestabilizar  políticamente  al actual Gobierno para afectar sus resultados electorales  en las municipales de este año y en las presidenciales y parlamentarias del 2013, o apuntan más allá, a una desestabilización del modelo económico e incluso, a  complicar a un eventual Gobierno de la Concertación/Oposición que pueda venir?  Que se trata de una acción concertada, de un plan cuidadosamente pensado y diseñado y de una asociación que alcanza casi el carácter de ilicitud en la que participan  variados  actores políticos y sociales a lo largo de Chile, ya nadie podría dudarlo.

¿Cuáles son los elementos a los que se puede echar mano para articular las acciones planificadas? Desde luego, el rechazo que la ciudadanía siente hacia cualquier idea o persona que huela a posturas de derecha. Más allá de que circunstancialmente tengamos un Gobierno de derecha, la verdad es que este es un país de izquierda, con una mentalidad socializante, ansioso de recibir beneficios del Estado y poco amigo de entregarle recursos. Un país en el que se ha instalado, desde hace más de cincuenta años, un lenguaje y un conjunto de imágenes que evoca ese rechazo, lo convierte en posición de clase y fácilmente lo troca en ideología. Un lenguaje y unas imágenes que hacen que el hombre común confunda lo que pueden ser sus mejores intereses, con los de una clase política que sólo aspira a hacerse con el poder. Se trata de una compulsión que ya funciona a nivel de lo que podríamos definir como el ADN colectivo y que resulta imposible de modificar en el corto plazo y difícil de cambiar en el largo plazo.

También operan como articuladores, ciertas percepciones muy difundidas, que alcanzan entre nosotros la categoría de verdades indiscutidas y que han sido cuidadosamente diseñadas e inteligentemente comunicadas incluso de manera subliminal,  por hábiles operadores enquistados en todos los medios y niveles, que hacen una labor incansable contaminando mentalidades abiertas con ideas cerradas y dogmáticas. Me refiero a la noción de que en este país los ricos no pagan o eluden impuestos; a la idea de que los empresarios son unos explotadores; a la noción de que las grandes mayorías se quedan    fuera  de los beneficios del desarrollo; a la imagen de que es  la ciudadanía organizada tomando decisiones la que verdaderamente materializa la democracia. Y desde hace poco, la pretensión de que es la juventud la que tiene más claras las cosas, la que representa mejor la moral, la que encarna la cultura y señala el curso del futuro.

Otras ideas, como  que los políticos—especialmente Diputados y Senadores—son  inoperantes y hasta corruptos; que los partidos políticos son organizaciones de beneficios mutuos y que los funcionarios, especialmente del Estado y Poder Judicial, son ganapanes ineficientes, tienen un alcance instrumental  y se orientan al mismo objetivo anárquico.

Desestabilizar el sistema es una tarea relativamente fácil en una realidad como la chilena.  Tenemos un Gobierno que comete un error político y comunicacional tras otro—vea usted el  error de procedimiento que se acaba de cometer en materia de aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado a la situación de Aysén—; tenemos un estrato social ABC1 que se empeña en hacer alarde de su riqueza, su poder y su impunidad, como en el caso del Mall de Castro; tenemos una clase profesional con pocos conocimientos en materia de economía, sociología y política, poco solidaria, egoísta y confinada en verdaderos ghettos urbanos y refugiada en condominios por los que no puede caminar la servidumbre; tenemos un periodismo de poca altura, sesgado, limitado, ciego y muchas veces mercenario.

Y no tenemos hombres capacitados y dotados de un  espíritu mesiánico, que cuenten con la estatura, la figuración y la proyección que puede alcanzar casi sin costo,  cualquier figura aventurera y oportunista, al servicio de consignas trasnochadas.

2 comentarios:

  1. Estamos viviendo una revolución comunista gramsciana

    Gramsci elaboró el concepto de ‘HEGEMONIA”,Según este concepto, el poder de las clases dominantes sobre el proletariado, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, ya que este poder se podría contrarrestar oponiéndole una fuerza equivalente – la revolución clásica-. Entonces, el poder de la clase dominante, está dado fundamentalmente por la "hegemonía" cultural que ejercen sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes "educan" a los dominados para que estos acepten su sometimiento y la supremacía de la clase dominante como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria.

    Lo que ha hecho la izquierda durante estos últimos 20 años, es imponer su hegemonía cultural al resto del País, y ahora ya no hay nadie que se pueda oponer a la verdad que ellos han impuesto.

    Me gustó el tema, voy a escribir un blog sobre esto.

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