jueves, 8 de marzo de 2012

CACEROLA EN EL FUEGO

Hace algunos años tuve la oportunidad de desarrollar un trabajo profesional en la Región de Aysén, trabajo que en una veintena de viajes a Coyhaique, me permitió entrar en contacto con muchos funcionarios y vecinos de esa localidad así como de la localidad de Baquedano, El Blanco y varios otros pequeños lugares cercanos. Naturalmente conocí Puerto Aysén y Puerto Chacabuco y visite los principales lugares turísticos.

Varias cosas me chocaron en esa experiencia: la primera, que en comparación con lo visto en un viaje muy anterior de unos cuarenta años antes, la zona ahora parecía un desierto desarbolado; la segunda, que se percibía en la gente algo así  como un sordo resentimiento, al mismo tiempo que un ansia por disponer de las ventajas del progreso. Las casas que conocí, con temperaturas tropicales gracias a estufas permanentemente encendidas incluso en verano, tenían los mejores televisores, los mejores refrigeradores, buenas camionetas; los lugares para comer eran sofisticados y servían regiamente (y así cobraban también); el comercio florecía y estaba lleno de turistas (claro que era un momento en que había dos y tres vuelos diarios a la zona). Todo bien, hasta que se tocaba el tema de los precios y de la educación.

Cuando la conversación giraba en torno a esas materias, afloraba la sensación aludida. “¿Por qué me tuvieron que mandar para acá?” se quejaba un funcionario judicial; “Yo quería ir a Iquique” comentaba un militar; “No me quedó otra que Coyhaique” comentaba un médico joven evidentemente sin pitutos. Y no era sólo una cuestión de distancias, sino una sensación de desamparo e indefensión. “Cualquier emergencia médica seria implica viajar por lo menos a Puerto Montt” comentaba un ciudadano aquejado de una enfermedad crónica; “¿Qué hacemos si llegan las grandes pesqueras?” alegaba un pescador en Puerto Aysén; “Somos materia prima y recursos disponibles para cualquiera con plata” aseguraba un geógrafo con el que me tocó trabajar.

Bajo todo ese sentimiento en fermentación, uno se encontraba a poco andar con una red de lobbistas del descontento, generalmente de izquierda, bien intencionados pero con la vista puesta en el objetivo político: “¿Cómo es posible que tengamos un senador de derecha…aquí? alegaba un dirigente municipal.

Evidentemente el proceso de maduración de las percepciones y sentimientos negativos de los ayseninos ha sido el caldo de cultivo preciso para los recientes conflictos. Posiblemente este proceso haya sido un experimento, una prueba del modelo de insurgencia a desarrollar en el futuro. Probablemente lo veamos replicarse en otros lugares más centrales y poblados. Los saqueos del 27 F muestran que la fruta está madura en muchos lados y con elecciones ad portas, alguien de seguro querrá cosechar.

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