lunes, 26 de marzo de 2012

EL TEMOR A EQUIVOCARSE

Son pocos los que no temen equivocarse. Me imagino que Steve Jobs y posiblemente Bill Gates hayan integrado alguna vez esa minoría selecta, pero por poco tiempo. Posiblemente hayan estado vacunados contra el error personajes como Mao Tse Tung, Ho Chi Minh y  Fidel Castro. Pero han sido pocos. Ni siquiera el Papa, que tiene certificado de infalibilidad en materias de definición pontificia,  puede gozar de ese privilegio en términos personales. Por mi parte, tengo algún pariente político y uno que otro colega que gozan de  la gracia de no errar, aunque sea en propia opinión. Los demás, Ud. yo, nos equivocamos tupido y vivimos en el temor de volver a hacerlo. Finalmente, esa zozobra termina por regular nuestros actos.

Bien mirado el asunto, parece que sólo los héroes se libraran de ese miedo, por lo menos en el instante del sacrificio, cuando comandan la carga suicida o cuando saltan al abordaje imposible. Los mortales corrientes, en cambio, vivimos para sufrir las consecuencias de nuestras equivocaciones. Millones de parejas de casados, legiones de condenados, multitudes de pecadores lo certifican. Por eso el temor.

Se explica, entonces, que ante el temblorazo del domingo se hayan equivocado tantos temerosos de equivocarse. Porque el temor a errar es el error mismo anticipado. Que hay posibilidad de Tsunami; que no la hay; que el Shoa dijo; que la ONEMI  hizo. Después de la comedia de errores y la feria de las incompetencias del 27 F, nadie quiere correr el mismo riesgo. Nadie tiene un blindaje como el de la ex Presidenta…¿Se imagina una salida de mar  y media docena de muertos como consecuencia de no haber ordenado una evacuación?  ¿Resistiría el Gobierno el festín opositor?

Por eso, lo mejor ha sido equivocarse. Bien mirada, la precaución innecesaria es una equivocación tolerable, en tanto la falta de preocupación por temor al error, resulta imperdonable.

Bachelet y sus boys temieron equivocarse el 27F y quedó un tendal de muertos. Mejor se hubiesen atrevido a errar.

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