El juego de la política tiene mucho del juego del ajedrez: todas las piezas están a la vista, las reglas son bastante claras, todo es cuestión de habilidad. Digo esto, porque por un lado las barricadas y las manifestaciones y por el otro la recuperación y afianzamiento del estado de derecho, vienen a ser las torres o los alfiles de un juego de ajedrez que sólo tendrá un ganador que todavía no está claro si será el Gobierno o la oposición extremista.
El fenómeno de las barricadas tiene mucha similitud con el del delito. Y no solo porque asusta terriblemente a la autoridad, sino porque tanto en el caso de las “manifestaciones sociales”—como gustan denominarlas los iluminados de izquierda—como en de los hurtos, robos, asaltos, desfalcos, estafas y las asociaciones ilícitas, el Gobierno ha dado muestras de estar claramente superado por los hechos.
Cuando la autoridad de un Estado queda superada por la circunstancia y son otros actores políticos y sociales los que controlan el devenir, estamos técnicamente en revolución. Algo de eso ha estado pasando, primero con el movimiento en contra de Hidroaysén, luego el conflicto estudiantil, entremedio los Mapuches y ahora la Región de Aysén poco menos que en armas. Alguien está ensayando algo o buscando algo, sembrando algo o cosechando algo. Y como lo está haciendo con extrema habilidad y muñeca, el Gobierno está desconcertado y en posición perdedora.
Las buenas posiciones se construyen de a poco. Bien lo saben los grandes ajedrecistas, que van acumulando fuerzas, disponiendo bien su ataque, de manera que cualquier movimiento que haga el contrincante resulte perdedor. Es muy ilustrativo el caso del jaque descubierto, que se produce cuando al mover una pieza amenazando a otra del contrario, se despeja la línea para que una segunda pieza amague la fortaleza del enemigo. Así, haga lo que haga éste, pierde una pieza.
Posiblemente nuestra revolución larvada no sea tan evidente como la Francesa , con toma de Bastilla, Asamblea Constituyente, Asamblea Legislativa, Convención y Terror, pero sí es una versión atenuada, con etapas que podrían llamarse Manifestaciones en el Sur, manifestaciones en el Norte y manifestaciones en las principales ciudades del centro. Si la cosa funciona, cualquier movimiento que haga el Gobierno será siempre perdedor. El Gobierno lo sabe bien y por eso está procurando moverse lentamente para que el tiempo—escasez, desabastecimiento, cansancio—actúen en su favor: ponerse lento en situaciones de crisis, me aconsejaba mi abuela.
Es lo que hace el Ministro de Energía señor Álvarez al imponer que se bajen las tomas de caminos y se vuelva la normalidad como condición para negociar. Es lo que hace el Presidente, cuando le ordena volver a Santiago con la Intendenta de Aysén. Es un jaque descubierto, porque los manifestantes—especialmente a sus dirigentes— se exponen a perder poder e imagen, a enfrentar disensiones y quiebres. Y de suceder, se afianzaría el principio de autoridad en un jaque descubierto. El problema que tiene el Gobierno, es que deberá evitar que se lo devuelvan si se mantienen las movilizaciones en Aysén y si se replican en otros lugares.
En cualquier caso, el Ministro Álvarez se salvó por el momento del ser sacrificado, como también se suele hacer en el ajedrez cuando quién conduce el juego cree que así puede obtener una ganancia mayor.
Son las encuestas, eso es todo. Mientras el “encuestometro” diga que la gallada apoya a los que piden algo gratis, el gobierno no hará nada, y como lo gratis siempre gana…. jaque mate.
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