sábado, 26 de noviembre de 2011

EL BRAZO DEL DOCTOR INSÓLITO

En la película de 1964 Doctor Insólito, del gran director Stanley Kubrik, el notable actor inglés Peter Sellers interpretaba al Doctor Strangelove, un científico alemán nazi al servicio como asesor de los militares norteamericanos. El personaje no podía evitar que al menor descuido, se le levantara el brazo en el saludo nacista, razón por la que tenía que sujetárselo e incluso luchar contra este tic comprometedor.

He traído este recuerdo a colación, porque la actitud de muchos personajes del mundillo político y social se asemeja enormemente al curioso tic doctor Insólito. Me refiero a la tendencia—evidenciada a propósito de un despropósito como el del mentado homenaje a Krasnnoff— a querer prohibir cualquier comportamiento o actividad que no resulte de políticamente correcta o del agrado de cierto sector. Lo hemos visto en algunas opiniones respecto a prohibir desde la publicación de libros escritos en defensa del gobierno militar hasta celebraciones de eventos en que aparecen personajes que participaron de esa administración. Tengo como muestra, el caso de una pariente política que bloggea (perdón por el barbarismo) esta y otras opiniones con extrema intolerancia.

Es que el tema es, precisamente, el de la creciente  intolerancia que comienza a sistematizarse y a aparecer desvergonzadamente en los mentideros de opinión y en las redes sociales.  Es más, la intención de los intolerantes que se multiplican como las células de un cáncer, apunta a prohibir  todo aquello que no les agrade. Y no les agradan las opiniones disidentes, las libertades civiles extendidas, ni el derecho a la  iniciativa y el emprendimiento. Prefieren controlar que permitir; elijen restringir antes que incentivar; temen a la libertad de acción y de conciencia. Prefieren la doctrina y la ideología al pensamiento creativo y la competencia. Por eso no les gusta el modelo y luchan por desprestigiarlo. Por eso están concertados para derruirlo.

Todas esas preferencias que he enumerado describen el carácter de los totalitarismos. Esos totalitarismos que creíamos extintos a partir de la caída del Muro de Berlín, pero que subyacen latentes, arraigados en lo profundo de nuestras bases culturales latinas. Es el miedo a la libertad de conciencia, es la inclinación al sectarismo, que esperan su oportunidad.

La tendencia de los temerosos de la libertad  apunta, naturalmente, a multiplicar las prohibiciones y cortapisas antes que a desarrollar las actitudes positivas y proactivas. Por eso aman y añoran un Estado grande; por eso sueñan con leyes draconianas y normativas castrantes. Por eso son a cada momento más intolerantes. Es la tendencia ancestral de la cultura política. Es el brazo del doctor Insólito haciendo el saludo.

2 comentarios:

  1. Mi padre tiene un dicho: “La Cabra tira pa’l monte”. Será por el instinto, porque nació Cabra.

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  2. Es la pura verdad. Tolerancia implica aceptar algo que a uno no le gusta pero cuyo derecho a ser reconoce. Si uno es obligador a tolerar - u obligado a intolerar como en el caso de las prohibiciones - entonces la tolerancia deja de tener sentido y se transforma en adherencia.

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