La noche de Halloween del año pasado llamaron a mi puerta y al abrir, me encontré con dos flaites grandecitos disfrazados de fantasmas, que me dejaron en claro que o les daba dulces verdes, violetas, rojos o azules o me tirarían huevos a las ventanas y me rayarían el automóvil. Luego de algunos segundos caí en que los dulces verdes eran billetes de a $1000, los violetas de $2000 y así en adelante. Como se comportaran descomedidamente y me trataran de viejo de mierda, entonces les hablé de sus madres y a pesar que eran hijos de vecinos y sabían que los conocía de vista, me tiraron los huevos y rayaron el auto poco menos que delante de mis ojos.
Cuando al día siguiente encaré a uno de ellos, me desafió diciéndome que lo denunciara a los pacos, porque como no tenía pruebas no le pasaría nada. Y me agregó que si llegaba a formalizar la denuncia, el juez lo dejaría libre.
Fui a hablar con el papá de ambos angelitos, que luego de escucharme impaciente me tapó a garabatos y me amenazó con pegarme. Para más, esa noche alguien aprovechó la obscuridad y me volvió a rayar el auto. Y un par de días después me quebraron un vidrio con un piedrazo. Total, salí para atrás en toda la línea y como no me pude decidir a tomar revancha porque habría sido para peor, me tuve que quedar así a pesar de la hostilidad. Afortunadamente debí cambiarme de casa y pude cortar con las sostenidas agresiones.
La última noche de Hallowen , primera en mi nuevo domicilio, sonó el timbre y al atender me encontré con varias niñitas de entre cuatro y diez años disfrazadas de hadas y brujas, que educadamente me amenazaron con lo de “dulces o travesuras”. Consultadas sobre cuáles travesuras, no supieron qué contestar, asegurándome que serían terribles. Pensando en la experiencia anterior, apresuradamente les di pastillas y galletas que me agradecieron urbanamente.
Como ambas casas están separadas solo unas cuadras, me he estado preguntando sobre cuál es la diferencia entre una y otra condición en vecindarios tan próximos. Posiblemente una explicación resida en la edad de los hijos—me consta que los fantasmas terminaban la enseñanza media (ahora son universitarios)—y en el segundo, minihadas y minibrujas eran escolares de enseñanza básica. Otra explicación es que el padre de los fantasmas llegó el día del terremoto con su camioneta llena de mercadería.
Es que la antigua uniformidad de los barrios urbanos ha sido reemplazada por una variada heterogeneidad de condiciones, culturas y orígenes. Y en esa situación uno puede tener buena suerte, como en mi segunda casa o mala, como en la anterior. Es como en todas las manifestaciones y situaciones: a uno puede tocarle una feria libre o una barra brava o una manifestación con encapuchados. O puede tocarle gente educada y costumbres civilizadas. Y en todo el asunto, la ley, la justicia, el Estado y la autoridad, maní.
Jagarcia. Seguramente las niñitas chicas no ven las “noticias” de las 21 horas y aun no se enteran que tienen “derechos” y que en Chile impera el estado de izquierdo, que viene siendo algo así como lo opuesto al estado de derecho.
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