miércoles, 16 de noviembre de 2011

INVENTAR EL FUTURO

Steve Jobs decía que la mejor manera de asegurar el futuro era inventarlo uno mismo. Fue lo que hizo toda  su vida, durante la cual se anticipó al futuro inventándolo cuando nos  proporcionó esas cosas que no sabíamos que íbamos a necesitar: desde el computador personal con capacidad gráfica al IPad.
De manera parecida, nada  más efectivo para conseguir que un propósito se haga realidad, que manejar las circunstancias y las percepciones ajenas de manera que se orienten al resultado deseado. A nivel personal  todos tenemos alguna práctica en el asunto. A nivel social resulta sólo un poco más complicado. En estos últimos meses hemos visto la acción de quienes tienen enorme eficacia en la materia.
Para influir a la sociedad y hacer posible un futuro se necesita de la manipulación  política y del uso inteligente de ideas fuerza. El juego político puede ser entendido como la búsqueda de acuerdos o como el arte de debilitar al enemigo; las ideas fuerza pueden ser de dos tipos: las verdaderamente poderosas, fundamentadas en conocimiento verdadero y las demagógicas, constituidas por consignas.

Lo ocurrido en estos  meses es un buen ejemplo de un inteligente conjunto de maniobras orientadas a asegurar un conflicto que abra una puerta hacia un logro mayor que las simples marchas, las escaramuzas con encapuchados y la figuración de unos pocos líderes adolescentes, debilitando al enemigo—el Gobierno—con  la fuerza de las consignas. Lo que se está construyendo hábilmente,  es el derrumbe estrepitoso de un sistema—el modelo económico liberal de mercado—de  manera de asegurar la vuelta  al modelo estatista de control central. Se ha aprovechado el sentimiento social de   injusticia en la distribución de la riqueza,  el descontento de las familias endeudadas por el costo de la educación, el escándalo de los  defraudados por casos como el de La Polar, el temor de los afectados por el recrudecimiento del delito y el sentimiento de los que perciben estar siendo explotados por un sistema financiero bancarizado (del tipo  Bancard).
Las consignas orientadas a exacerbar la percepción de estos temas se han instalado eficazmente generando un apoyo ciudadano generalizado hacia las ideas que se postulan. Y han ido evolucionando al aludir desde la calidad de la educación a la  necesidad de que la educación sea pública, pluralista y democrática, para llegar a la idea de una  educación  gratuita satanizando el lucro. Al mismo tiempo han abundado en definir los medios instrumentales para conseguir tales objetivos, desde la recuperación de la gran minería para el Estado, hasta la  reforma política, la reforma electoral, la  reforma tributaria y el cambio del sistema  económico. Y este—el cambio del modelo—es  el objetivo final del futuro que se está inventando.
Se instala la idea de que el modelo liberal de mercado ha fracasado, se consolida el sentimiento que el sistema está plagado de injusticias e irregularidades, se afianza la noción de que de no mediar un cambio radical  la letra chica seguirá prevaleciendo. Todo ello con vistas a las elecciones por venir.

El hombre de la calle no distingue matices entre el modelo europeo del bienestar que está fracasando  y el modelo de mercado que ha tenido éxitos significativos y cree que  lo que  fracasó en Europa es el modelo liberal. La confusión sirve a los audaces, como siempre y como botón de muestra,  ya se habla de oposición y no de Concertación.
El verdadero objetivo de esta invención del futuro a la que estamos asistiendo estáticos—repito— es el cambio del modelo.

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