No se puede negar que lo que dice el Presidente de la Corte Suprema señor Milton Juica y suscribe el Fiscal Nacional Sabas Chauhán , en el sentido que la prevención del delito y el orden público no son responsabilidad ni del Poder Judicial ni de la Fiscalía , es cierto. Son de competencia y responsabilidad del Gobierno a través del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y sus mecanismos ad hoc, lo que también es cierto. Pero es cierto, también, que el hombre de la calle, esto es, el indocumentado y el desinformado en los misterios del ordenamiento institucional (que es la mayoría más absoluta de los chilenos), cree que los culpables de que los delincuentes pululen por las calles impunes, son los Jueces y los Fiscales, sin distinguir muy bien entre unos y otros. No se puede negar que los Jueces y ahora los Fiscales, no tienen buena imagen en el ideario colectivo. Puede ser porque no son muy empáticos (no he visto Juez o Fiscal que sea atractivo, sobre todo los nombrados) o por la influencia de la vieja leyenda chilena de que un juez no tiene problema en condenar severamente a un ladrón de gallinas ni en dejar libre a un estafador de cuello blanco.
Por mi parte nunca he tenido muy buena idea de los Jueces, posiblemente un resultado de haber tratado con una media docena de Jueces de Policía Local, burocráticamente mecanizados y poco criteriosos . Y como supongo que montones de conductores han pasado por similares experiencias, me imagino que por ese mismo mecanismo los chilenos que no gustan de los Jueces, son legiones. Y como se puede suponer, se tiende a generalizar sin distinguir mucho entre Jueces de primera y de tercera…. Debe ser cierto aquello de “Juez conocido no va a al estadio”, porque tengo un pariente político Juez cuya dirección y teléfono son, por razones de seguridad, poco menos que secreto de Estado.
El quid del asunto, al que posiblemente se refiera sin mucha habilidad el Ministro del Interior y Seguridad Pública Señor Hinzpeter en su polémica con Jueces y Fiscales, es la señal de autoridad faltante. La pregunta que flota en el aire y a la que el Ministro apunta sin decirlo es ¿Qué impacta mejor como señal de autoridad? ¿Las acciones represivas de las policías o las condenas severas a los infractores? ¿50 encapuchados arrestados o unos 15 sometidos a proceso? Lo cierto es que la sociedad, que siempre está a la espera de las señales que entreguen indicios de que las cosas mejoran, no entiende que los Jueces de Garantías dejen libres a los encapuchados por falta de pruebas que no pudieron aportar los Fiscales. Para el ciudadano común un encapuchado es un delincuente, salvo que esté en la Antártica o en la punta del Aconcagua. Lo cierto es que una prueba contundente para los jueces—como sería un encapuchado de cuerpo presente en el tribunal, pateando todavía la cabeza de un carabinero herido—es difícil de presentar.
Nuestro Derecho está permeado por la "moda moral" como yo le digo. La moda, estadísticamente,es el valor con una mayor frecuencia en una distribución de datos. Cuando eso pasa, el Derecho deja de ser derecho y pasa a a ser "curva", "sinusoide" en vez de la línea que define lo válido de lo inválido. Lo malo es que no sólo los jueces han permeado el Derecho con esa noción. Además, está permeada la moral de las personas por eso es que a igual conducta, según la moda, los juicios son dispares. Según aproximaciones subjetivas al hecho, podemos atenuar o agravar las conductas. Mal, porque la subjetividad en el juicio es la muerte del Derecho. El atenuante debe ser aplicado post juicio. Hoy es el prejuicio el que reina. Pero es mi opinión subjetiva porque no soy abogado...
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