lunes, 28 de noviembre de 2011

CULTURA DE LA LIBERTAD

La libertad no es un bien libre, como el aire,  ni un derecho de los que llamados derechos humanos inalienables que se nos adscriben por  la sola circunstancia de ser personas. La libertad, del mismo modo que la educación,  es una conquista por hacer, un logro que nos impone costos y condiciones y nos reclama responsabilidades permanentes y continuas. Una persona no es libre per se, porque no vive sola sino con los otros. La libertad, como la educación,  es en función de los demás y se tiene que  enseñar a gozarla y respetarla como  parte de los bienes culturales que legamos a nuestros descendientes. No se es libre así no más, sin una cultura de la libertad que heredar.

En Chile no tenemos ese tipo de cultura o no la hemos desarrollado adecuadamente. Más bien creemos en limitar la libertad y en cuanto aparece, tratamos de acotarla, tarifarla, condicionarla y mantenerla a toda  costa bajo control. Todos hablan de la libertad, es cierto, pero a nadie le gusta demasiado. A los políticos, sobre todo, no les gusta la libertad. Para ellos es esa cosa molesta que revuelve y revoluciona  a los ciudadanos y opera y se sostiene sin necesidad de ideologías o consignas, complicando, entorpeciendo, peligrosa y molesta.  Por eso se nos han vendido  el sentimiento que la libertad de los otros nos vulnera, en tanto la noción de igualdad  nos protege. Hemos idealizado el concepto de igualdad, pese a que siempre se iguala hacia el promedio.

En los doscientos años de vida republicana que llevamos en este país, no hemos llegado nunca a encarnar verdaderamente los ideales libertarios que se proclamaron en las gestas independentistas. Dichos ideales fueron literalmente letra muerta porque nos eran ajenos culturalmente. Nunca alcanzamos la simplicidad de las definiciones libertarias que hicieron otros pueblos. Con toda su  brevedad, el preámbulo de la Declaración de Independencia de las Colonias Americanas de 1776 lo establece meridianamente,  suficientemente y de manera inspiradora.

¿Cómo vamos a alcanzar el desarrollo si no gozamos de una cultura de la libertad que nos permita realizarnos y contenernos como personas de manera natural? ¿Cómo vamos a ejercer verdaderamente nuestros derechos civiles si nos debatimos entre limitaciones y cortapisas porque estamos acostumbrados por doscientos años de manipulaciones a encontrarle las cinco patas al gato?  Nunca hemos tenido una noción de las verdaderas libertades personales, sino más bien un sentimiento de masa, ejercido en la turba, en medio del desorden. Completamente en contraste con el verdadero sentido de la libertad que es personal como lo son  las responsabilidades.

Enseñar a ser responsablemente libertarios es a  lo que deberíamos orientar nuestra educación aprovechando la oportunidad de la reforma…Pero ¿a quien le conviene?

1 comentario:

  1. Me voy a repetir en el comentario que hice en mi blog, por que me parece muy adecuado:

    "Es curioso, como una de las más básicas enseñanzas que los buenos padres dan a su hijos, hoy no sea parte de la discusión de los "adultos", el hacerse responsable de los actos, afrontar las consecuencias de nuestras acciones, es hoy una actitud vista más bien como anacrónica.

    No se puede ser libre, sino se es responsable, consigo mismo y los demás. No puede existir una sociedad libre, sino hay responsabilidades y si no existe una forma que esas responsabilidades sean fomentadas.

    La Libertad, no es ni barata, ni fácil, el que así lo crea, no entiende lo que es la Libertad, en ningún sentido."

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