sábado, 31 de marzo de 2012

LAS TRES D DE LA NUEVA CULTURA

Como el terremoto destruyó mi casa (mi único bien, fuera de mi mujer y mis hijos), tuve que reconstruirla con enorme sacrificio y molestias. El proceso reveló que la construcción es una artesanía que apenas supera las usanzas medievales; que los proveedores son ávidas pirañas ansiosas de morder y que la mano de obra disponible reúne, pese a la tecnología,  todos los vicios y muy pocas de las virtudes del mundo moderno.

El proceso de la construcción  fue terriblemente desorganizado pero, sobre todo, fue un ejercicio de dilapidación de recursos: clavos, tornillos, brocas, discos de corte, brochas, bisagras, perfiles, maderas caras, pisos flotantes y revestimientos fueron consumidos como si los regalaran y los sobrantes botados a la basura sin asco como si no tuviesen valor. Recuerdo de mi niñez, que todo servía, que nada debía desperdiciarse. Recuerdo a  la gente recogiendo clavos, herraduras, huesos, latas y un sin fin de cosas para darles o encontrarles uso. Y ahora veo a los hijos de esas personas, dilapidando sin medida.

Como mi nueva casa se edificó en el terreno de la demolida, se conservó el jardín, con árboles de casi 20 años, rosales, filodendros, helechos, arbustos ornamentales. Poquitos, pero queridos. Y llegaron los maestros y pese a mi solicitud de cuidarlos les pasaron por encima, sin necesidad, sin cuidado, sin respeto, sin consideración, como encapuchados de cara descubierta, con supremo descuido.

Mi hija, que  tuvo que operarse ambos ojos, procedimiento que se hizo para los dos en un solo acto quirúrgico. Entonces en la clínica le dijeron que había que presentar la cosa a la Isapre como si se tratara  de dos operaciones separadas efectuadas en días diferentes, porque así se evitaba que el copago por el segundo ojo se aumentara significativamente. Pareciéndole raro el asunto hizo  algunas averiguaciones discretas,  descubriendo  que en el caso de operación  simultánea  los gastos médicos de la clínica y  los honorarios médicos eran a su vez castigados. Al separar artificiosamente los procedimientos, ella ahorraba un tanto  en el copago, pero la clínica, recibía dos hospitalizaciones y los médicos, dos honorarios. Una clara deshonestidad, por decir lo menos.

Y es que las tres D de la nueva cultura son, precisamente, DILAPIDACIÓN, DESCUIDO y DESHONESTIDAD. Es lo que hemos construido en estos años  de la recuperación de la democracia y lo que estamos trasmitiendo hacia el futuro.

jueves, 29 de marzo de 2012

DISCRIMINAOS LOS UNOS A LOS OTROS


Analizando las circunstancias de mi vida hacia atrás, advierto que fui discriminado en casi todos los ambientes en que  desarrollé alguna actividad y sobreviví a todos los acosos: por usar anteojos, por ser menor, por no ser católico ni semita, por ser medianamente bien hablado, por no querer fumar, por no beber, por entregar mis trabajos a tiempo y hasta por gustarme los gatos.  Sobreviví casi ileso, tal vez porque no se trataba de peculiaridades de las que me sintiese obligado a hacer alarde, formar tribu o definir postura. Nunca anduve con un felino a cuestas, jamás ofendí a algún cristiano ni a ningún judío, árabe o sirio y  en verdad, a  nadie en particular.  Reconozco, sin embargo, algunas concesiones a la discriminación:  en oportunidades esperé hasta el último instante antes de cumplir, más no fuera por no poner a los  irresponsables en evidencia y hasta me emborraché alguna vez por no desteñir.

La cuestión es que en ese entonces la discriminación se trataba de un problema entre pares, propio de la cultura y las costumbres y se solucionaba solo con un poco de educación, sin necesidad de leyes ni del hermano mayor. Hay que reconocer que el concepto de cultura a que me refiero era aplicable a un estrato reducido de personas, en un universo acotado y bastante cerrado como era la clase media de mi niñez y juventud.
Hoy por hoy las cosas han cambiado. Primero que nada, el cuerpo social abarca toda la variada gama de manifestaciones y comportamientos, desde los estratos  más empingorotados al estado llano menos favorecido; desde los que por generaciones han cultivado costumbres altamente socializadoras , hasta los que comienzan a necesitarlas con urgencia, so pena de tragedias como la del joven Zamudio. Y posiblemente en eso estribe el problema.

Una duda es si la solución al problema pasa por la dictación de leyes reguladoras o punitivas o es más bien materia de diseñar inteligentemente un proceso de sanación social. Recuerdo cuando el profesor de gimnasia determinó que era necesario que me pusiera los guantes con mi compañero Miguel ,  que me tenía amenazado. Enceguecido por su primer puñete le di con desesperación y lo dejé sentado en el suelo, tras lo cual conseguí todo su respeto consideración.

Otra duda tiene relación con el papel de la prensa y los medios, que más que informar contagian, por su tendencia a enfocarse en la noticia como mercancía más que en la información como formadora. Mi padre fue dueño de un periódico de provincia (literal, porque aparecía los martes), en el que de cuando en cuando aparecía entre las columnas un espacio vacío. “Es la noticia que es indispensable omitir al público, pero que algún culpable sabe se pudo publicar”. Nada original, pero efectivo.

lunes, 26 de marzo de 2012

EL TEMOR A EQUIVOCARSE

Son pocos los que no temen equivocarse. Me imagino que Steve Jobs y posiblemente Bill Gates hayan integrado alguna vez esa minoría selecta, pero por poco tiempo. Posiblemente hayan estado vacunados contra el error personajes como Mao Tse Tung, Ho Chi Minh y  Fidel Castro. Pero han sido pocos. Ni siquiera el Papa, que tiene certificado de infalibilidad en materias de definición pontificia,  puede gozar de ese privilegio en términos personales. Por mi parte, tengo algún pariente político y uno que otro colega que gozan de  la gracia de no errar, aunque sea en propia opinión. Los demás, Ud. yo, nos equivocamos tupido y vivimos en el temor de volver a hacerlo. Finalmente, esa zozobra termina por regular nuestros actos.

Bien mirado el asunto, parece que sólo los héroes se libraran de ese miedo, por lo menos en el instante del sacrificio, cuando comandan la carga suicida o cuando saltan al abordaje imposible. Los mortales corrientes, en cambio, vivimos para sufrir las consecuencias de nuestras equivocaciones. Millones de parejas de casados, legiones de condenados, multitudes de pecadores lo certifican. Por eso el temor.

Se explica, entonces, que ante el temblorazo del domingo se hayan equivocado tantos temerosos de equivocarse. Porque el temor a errar es el error mismo anticipado. Que hay posibilidad de Tsunami; que no la hay; que el Shoa dijo; que la ONEMI  hizo. Después de la comedia de errores y la feria de las incompetencias del 27 F, nadie quiere correr el mismo riesgo. Nadie tiene un blindaje como el de la ex Presidenta…¿Se imagina una salida de mar  y media docena de muertos como consecuencia de no haber ordenado una evacuación?  ¿Resistiría el Gobierno el festín opositor?

Por eso, lo mejor ha sido equivocarse. Bien mirada, la precaución innecesaria es una equivocación tolerable, en tanto la falta de preocupación por temor al error, resulta imperdonable.

Bachelet y sus boys temieron equivocarse el 27F y quedó un tendal de muertos. Mejor se hubiesen atrevido a errar.

sábado, 24 de marzo de 2012

AGUA PASADA NO MUEVE MOLINO

Con la sabiduría del proverbio antiguo, el dirigente de Aysén Iván Fuentes recordó que “agua pasada no mueve molino”. Inteligente actitud de la que innumerables personajes de la política, la iglesia, la judicatura y la academia, han preferido sustraerse para insistir en aludir al pasado—a las aguas pasadas ya—para sacar beneficios muchas veces viles. Dejar tranquilas las aguas pasadas siempre parece prudente: en los matrimonios evita los  rencores recurrentes; en los negocios reduce las tensiones perjudiciales; en la política facilita negociar. “Si perdonas podrás olvidar” canta el folklorista argentino Eduardo Falú en una memorable canción. Pero es difícil perdonar, sobre todo cuando no hacerlo rinde beneficios.

Que las heridas abiertas siempre corren en peligro de infectarse y que rascar la cicatriz siempre agrava la llaga, es una cuestión de sentido común. Lamentablemente como dice la frase hecha, el sentido común no es el más común de los sentidos. Los chilenos hemos demostrado no tenerlo muy desarrollado, razón por la cual vivimos echándonos en cara faltas y defectos. Y quien camina mirando mucho para atrás, tropieza.

Si el Gobierno tiene sabiduría seguirá adelante con el acuerdo y desestimará las querellas en contra de los ayseninos y cualquier otra acción que pueda dar pie a  reacciones. Si los habitantes de Aysén tienen inteligencia, controlarán a quienes están más interesados en escalar el conflicto que en dar soluciones a los problemas de la gente y negociarán por el bien de todos. Si esto se consigue, los aventureros y aventureras no tendrán  por donde pasar para clavar su lanza  disociadora. Labbé debiera hacer algo parecido en Providencia por las mismas razones. Si al fin, los que tengan que morir en la rueda, si es su destino, morirán en la rueda un día u otro día por venir.

jueves, 22 de marzo de 2012

EL TIEMPO DE LOS MONTRUOS

Evidentemente estamos viviendo en un interregno extraño, una encrucijada cívica complicada: un intervalo o articulación entre dos períodos diferentes que no terminan de definirse. Todo está revuelto y enredado por donde se lo mire. Como decía lúcidamente Antonio Gramsci,  "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".

Explicar el viejo mundo es hablar de la vieja democracia perdida en el golpe de estado; es relatar las circunstancias de gobierno militar y las violaciones a los derechos de la personas ocurridas en el proceso por la acción de lado y lado; es hablar de las transformaciones económicas y la adopción del modelo neo liberal y sus consecuencias sociales; es referirse al plebiscito, al triunfo del no, a la alegría por llegar y a los años del ascenso y caída de la Concertación.

Hablar del mundo nuevo por venir es hipotetizar sobre los cambios que pueda experimentar   la sociedad chilena en materia de cultura, costumbres, ingreso y educación y su proyección  en los años por delante; es comentar los efectos del posible advenimiento de una democracia ciudadana que impulse un cambio estructural en la organización del Estado; es anticipar los problemas económicos, políticos y medio ambientales que enfrentaremos interna y externamente, en la medida que demandemos más y mejor; es adivinar lo qué ocurrirá con los conflictos externos, en materia de límites y territorios.

El viejo mundo que se muere es mantenido aún con vida en una especie de UTI ideológica, porque todavía podría entregar beneficios políticos; el mundo nuevo que aún no nace plenamente, se enreda en las dudas y los temores de siempre ante las posibilidades del cambio. Entremedio, en la confusa circunstancia, disimuladamente, están surgiendo los monstruos de que hablaba Gramsci, sin que atinemos a contenerlos, sin que sepamos como identificarlos claramente.  Ya conocemos  a algunos de los monstruos menores—encapuchados,  agitadores, oportunistas,  audaces que integran  la nueva especie, del mismo modo que narcotraficantes y  estafadores—pero se nos escapan los grandes monstruos que aun se incuban en el desconcierto, en las dirigencias incipientes, en los caudillismos potenciales.

El riesgo será no reconocerlos ni contenerlos sino hasta que sean demasiado poderosos para hacerlo y puedan adueñarse de nuestros destinos.

martes, 20 de marzo de 2012

CADENA DE VIDA

¿Ha pensado en que todos sus ascendientes—padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y así hacia atrás—existieron e hicieron sus vidas para que Ud. llegara a vivir? ¿Ha pensado que toda una cadena de diversas especies animales que antecedieron y dieron origen  al género humano, que se extiende  hasta el más remoto pasado, inimaginables millones de años atrás, hizo lo mismo? ¿Ha pensado que toda la vida primigenia, todas las estirpes animales y vegetales que han existido constituyen milagrosamente el fundamento de toda la vida que existe? Por último ¿Se ha dado cuenta que cada individuo, de cualquier especie que se trate que es concebido, es único, irrepetible, única oportunidad de ser  en que se proyecta este largo proceso?

A cada instante y en cada especie miles de seres en proceso de gestación mueren naturalmente  antes de nacer por las más diversas causas. No llegan a asomarse a la vida, sino que se quedan en la semilla estéril, en la crisálida fallida, en el feto inviable. Por aquellos que pierden su oportunidad, incontables miles viven y cumplen su ciclo en el árbol crecido, la mariposa colorida o el cachorro que promete hacerse adulto. Es la ley de la vida, que permanentemente ensaya, en todo instante selecciona,  sostenidamente discrimina, siempre busca las mejores proyecciones de continuidad. 
Es la fuerza de la naturaleza que sigue el curso de la evolución.

Mirado así, dígame, ¿Qué piensa ahora del aborto?

domingo, 18 de marzo de 2012

NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS…

Los chilenos somos izquierdistas, tenemos mentalidad socializante, somos dependientes y queremos recibir las cosas más que luchar por ellas. Eso es cierto y lo prueban las encuestas o cualquier entrevista a los protagonistas de una huelga, una toma o una protesta. En síntesis, somos cívicamente  inmaduros, moralmente livianitos y dados a hacer funas y malones con cualquier excusa.  Pero a la postre, terminamos deseando el orden y el control que nos resguarde de los costos de nuestras propias debilidades. Cualquier desorden, caos, revuelta, conmoción o conflicto que se prolongue demasiado nos inquieta y pedimos a gritos al que sea, que venga  poner las cosas en su sitio.

Es lo que pasó en los mil días de la unidad popular—Allende no supo entenderlo cegado por su pretensión mesiánica—y lo que condujo a que el pueblo terminara tirándole triguito a los militares y aclamando mayoritariamente el golpe de Estado. Es lo que pasó en los años 80, cuando los militares cegados de manera parecida, no pudieron evitar que el aburrimiento cívico terminara—plebiscito de por medio—por sacarlos del poder. Porque no fue tanto la habilidad política de la oposición al régimen militar ni la falta de habilidad de sus sostenedores lo que resultó determinante en el cambio: fue el hastío de la población bien manejado por hábiles operadores.

Si Allende hubiese matizado su aventura socializante o si Pinochet hubiese manejado mejor la suya, otra habría sido la historia. ¡Pero no pudo dejar de decir que en Chile no se movía un hoja….!

Los dirigentes de la oposición extremista que viene actuando desde el conflicto de los pingüinos aprendieron mucho en los conflictos estudiantiles del 2011. Aprendieron que, como dice el refrán,  “no puede haber mal que dure cien años ni tonto que lo aguante”, porque hacia el final del proceso la gente inevitablemente comenzó a pedir la vuelta al orden y la seguridad y a darse vuelta en contra de los manifestantes.

El aprendizaje extremista se ha manifestado, en parte,  evitando cargar la mano a los santiaguinos con nuevas manifestaciones que  pudiesen despertar mayores rechazos más rápidamente—como quedó en evidencia en esta última marcha de secundarios—trasladando los conflictos a otras zonas del país donde la capacidad de aguante está todavía  intacta. Por eso ha sido Aysén y seguramente por eso será Calama.

Con todo, así como las reacciones a las infecciones son más rápidas y eficaces en los organismos preparados por la vacuna, en materia de conflictos sociales que implican rupturas de las rutinas y afectación de los negocios, las reacciones  populares que buscan terminar con el desorden y el caos para recuperar el orden, se producen más rápidamente.

Esta circunstancia obligará a los organizadores extremistas a una planificación más cuidadosa y a una coordinación más fina, lo que implicará mayor desgaste y  riesgo. Y encerrará el peligro de perder el control en el caos. Porque aunque parezca paradójico, toda revolución necesita que tener una fórmula de control si es que quiere sacar efectivo provecho político. No hay que olvidar que una revolución sin manejo político ni control puede consumir  simultáneamente al poder que  busca derribar y a los que la promueven. Lo hemos visto recién  en África .

Y es cuando surge el peligro de los caudillos. Si miramos a Aysén, por ahí a varios candidatos a caudillos. Me imagino que en Calama habrá más. El extremismo de izquierda debe estar conciente de ello, porque ha enviado a la Camilita.

viernes, 16 de marzo de 2012

OBJETIVOS Y ARTICULADORES DE LA INSURGENCIA

¿En qué puede ir a parar el clima de insurgencia que se ha desencadenado en Aysén y amenaza con reproducirse en Calama y otras localidades? ¿Las acciones de presión y desorden cívico están orientadas a desestabilizar  políticamente  al actual Gobierno para afectar sus resultados electorales  en las municipales de este año y en las presidenciales y parlamentarias del 2013, o apuntan más allá, a una desestabilización del modelo económico e incluso, a  complicar a un eventual Gobierno de la Concertación/Oposición que pueda venir?  Que se trata de una acción concertada, de un plan cuidadosamente pensado y diseñado y de una asociación que alcanza casi el carácter de ilicitud en la que participan  variados  actores políticos y sociales a lo largo de Chile, ya nadie podría dudarlo.

¿Cuáles son los elementos a los que se puede echar mano para articular las acciones planificadas? Desde luego, el rechazo que la ciudadanía siente hacia cualquier idea o persona que huela a posturas de derecha. Más allá de que circunstancialmente tengamos un Gobierno de derecha, la verdad es que este es un país de izquierda, con una mentalidad socializante, ansioso de recibir beneficios del Estado y poco amigo de entregarle recursos. Un país en el que se ha instalado, desde hace más de cincuenta años, un lenguaje y un conjunto de imágenes que evoca ese rechazo, lo convierte en posición de clase y fácilmente lo troca en ideología. Un lenguaje y unas imágenes que hacen que el hombre común confunda lo que pueden ser sus mejores intereses, con los de una clase política que sólo aspira a hacerse con el poder. Se trata de una compulsión que ya funciona a nivel de lo que podríamos definir como el ADN colectivo y que resulta imposible de modificar en el corto plazo y difícil de cambiar en el largo plazo.

También operan como articuladores, ciertas percepciones muy difundidas, que alcanzan entre nosotros la categoría de verdades indiscutidas y que han sido cuidadosamente diseñadas e inteligentemente comunicadas incluso de manera subliminal,  por hábiles operadores enquistados en todos los medios y niveles, que hacen una labor incansable contaminando mentalidades abiertas con ideas cerradas y dogmáticas. Me refiero a la noción de que en este país los ricos no pagan o eluden impuestos; a la idea de que los empresarios son unos explotadores; a la noción de que las grandes mayorías se quedan    fuera  de los beneficios del desarrollo; a la imagen de que es  la ciudadanía organizada tomando decisiones la que verdaderamente materializa la democracia. Y desde hace poco, la pretensión de que es la juventud la que tiene más claras las cosas, la que representa mejor la moral, la que encarna la cultura y señala el curso del futuro.

Otras ideas, como  que los políticos—especialmente Diputados y Senadores—son  inoperantes y hasta corruptos; que los partidos políticos son organizaciones de beneficios mutuos y que los funcionarios, especialmente del Estado y Poder Judicial, son ganapanes ineficientes, tienen un alcance instrumental  y se orientan al mismo objetivo anárquico.

Desestabilizar el sistema es una tarea relativamente fácil en una realidad como la chilena.  Tenemos un Gobierno que comete un error político y comunicacional tras otro—vea usted el  error de procedimiento que se acaba de cometer en materia de aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado a la situación de Aysén—; tenemos un estrato social ABC1 que se empeña en hacer alarde de su riqueza, su poder y su impunidad, como en el caso del Mall de Castro; tenemos una clase profesional con pocos conocimientos en materia de economía, sociología y política, poco solidaria, egoísta y confinada en verdaderos ghettos urbanos y refugiada en condominios por los que no puede caminar la servidumbre; tenemos un periodismo de poca altura, sesgado, limitado, ciego y muchas veces mercenario.

Y no tenemos hombres capacitados y dotados de un  espíritu mesiánico, que cuenten con la estatura, la figuración y la proyección que puede alcanzar casi sin costo,  cualquier figura aventurera y oportunista, al servicio de consignas trasnochadas.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿CUÁL ES AHORA, EL TESORO DE LA JUVENTUD?

Cuando era un niño de unos pocos años, mi padre, gran acumulador de libros y revistas, aficionado a las enciclopedias y otros textos de peso, me compró EL TESORO DE LA JUVENTUD, una especie de manual del corta palos para jovencitos,  editado por W.M. Jackson Inc. desde los años treinta, que contó con numerosas ediciones. La colección estaba  compuesta por 20 tomos de color café con letras doradas, impreso en papel satinado y con montones de fotografías e ilustraciones. Se componía de libros separados: el “Libro de las Narraciones Interesantes”, “El Libro de los Porqué”, “Los Países y sus Costumbres”, “El libro de la Poesía”, etc., que se repetían cada cierto número de páginas en los distintos volúmenes, de manera que siempre era interesante tomar uno al azar y hojearlo.  El tomo 20, que  era el índice sistemático, me pareció inútil hasta que comencé a usarlo para encontrar los artículos que me interesaba releer. Así conocí la biografía de Edison, las hazañas de Napoleón, Los Motivos del Lobo de Rubén Darío, y montones de cosas más que luego me han servido y llenado la vida.

Por lo menos mi edición, tenía una iconografía bastante anticuada y unas ilustraciones  entre decimonónicas y Art Decó, lo que no hacía menos interesante mirar la fotografía de una caravana de camellos en el Arabia, un junco Chino en el río Yang Tse o unos guerreros de las estepas siberianas. Las ilustraciones, muchas ellas de Doré,  resultaban evocadoras y sugerentes, abriendo la puerta a la imaginación juvenil.  Me doy cuenta que ese libro primero me orientó por el mundo de las imágenes y afirmó luego mi gusto por la lectura y el conocimiento, harto mejor que los colegios de elite a los que tuve la oportunidad de asistir.

Andando el tiempo, mi padre adquirió otras colecciones similares en varios tomos—“Mil Aspectos de la Tierra y del Espacio”, “El mundo Pintoresco”, entre otros—que cumplieron las veces de regalos de Navidad o cumpleaños, en vez de la pelota o la bicicleta que habría deseado. Sin embargo, siempre los recibí con alegría y los miré y leí dedicadamente, por complacerlo y agradecerle y en el proceso, aprendí sin parar.

Una relación amable la que sostuve con mi padre, construida a través de los libros, que no sólo se centró sobre las colecciones enciclopédicas, sino sobre las novelas: Dumas, Hugo, Fenimore Cooper, Stevenson, Poe, James, Kafka, Defoe, Balzac, Wilde y tantos otros que llenaban las repisas en su escritorio. La colección Sopena, la colección Oro en sus distintas series, eso sin contar las revistas, cuyos montones ha terminado por vender mi hijo al peso.

¿Qué tesoro tiene esta juventud de ahora? ¿Será la Internet, no digo menos completa y actual sino tan amable y reveladora como esos libros? Miro a mis estudiantes, cuyo tiempo mental escasea entre  el chateo, el carreteo, el trago, la marihuana y el sexo y tiendo a pensar que no, aunque sepa, también, que cada época tiene su encanto y que algún días ellos añorarán como yo, la ilusión de la juventud perdida.

lunes, 12 de marzo de 2012

BEBER O NO BEBER, THAT IS DE QUESTION

Bebo poco y si lo hago, es sentado en un sillón, de manera que nunca he tenido mayores problemas con la conducción en estado de intemperancia. Con todo, me inquieta la nueva   ley que endurece las sanciones por conducción bajo estado de ebriedad y disminuye los límites de alcohol permitidos para los conductores. Me preocupa,  fundamentalmente,  porque como tantas otras leyes nuestras,  tiende a sacar el problema de la esfera del autocontrol personal, que es donde debiera situarse, para ponerlo afuera, en manos de la autoridad.

Vivimos en una cultura intensamente codificada, legalista y reglamentada. Nos viene por herencia desde Roma y su concepción del derecho y de la ley—el derecho como la norma de conducta humana en sociedad orientada por la ley, que precisa los límites de la acción individual en beneficio del interés de todos—. Y nos llega  también de la España conquistadora y colonizadora de los siglos XVI, XVII y XVIII, tremendamente legalista, empapelada, extremadamente reglamentaria, burocrática y ordenancista. Una cultura que contrasta con las del norte de Europa y América, donde prima  el concepto del derecho consuetudinario, donde  los individuos deciden sus conductas moralmente y donde la Ley se reserva para cautelar lo que queda por fuera de los límites de las libertades personales ejercidas responsablemente.  Si hasta nuestra religión cristiana  tiene un sentido legalista y está poco menos que codificada: tantos padres nuestros, tantas avemarías…

La pregunta que surge es: ¿Hacia dónde debiera apuntar  la búsqueda de esas conductas humanas orientadas a precisar los límites de la responsabilidad personal para el bien común? ¿Hacia el control del Hermano Mayor o hacia el ejercicio de la libertad responsable? Y seguidamente: ¿Cómo se establece moralmente el límite entre lo que está bien y lo que está mal, cuando hay una norma externa que lo fija? ¿Qué queda para la decisión personal? ¿Qué para el autocontrol?

De aquí para adelante en vez de decidir entre lo que está bien y lo que está mal en materia de trago, voy a calcular cuánto alcohol de cada tipo puedo beber según si como o no como y cuánto tiempo voy a tener que dejar pasar esperando que el alcohol de mi sangre se diluya, para evitar la sanción potencial. Es decir, me voy a aproximar lo más que pueda al límite legal. Y lo voy a hacer mentalmente, incluso desde la seguridad de mi sillón.

sábado, 10 de marzo de 2012

EL IMPORTANTE ROL DE GOLDSTEIN

En su novela de crítica política “1984” de los años 50, George Orwell anticipa un mundo donde el totalitarismo a la Stalin ha triunfado, de manera que el Estado—el Hermano Mayor—lo dirige y controla todo. En tal circunstancia se ha diseñado un enemigo interno ficticio al cual señalar públicamente como amenaza permanente, achacándole todo los males y todas las culpas. Se trata de Emmanuel Goldstein, personaje que se asemeja a Trotsky,  al que todos los ciudadanos  odian, perdiendo completamente de vista que se trata sólo de un articulador de la propaganda y la manipulación psicológica.

Al considerar el problema de la persistente baja popularidad del Presidente y la relativamente buena evaluación del Gobierno y sus Ministros, he llegado a pensar—con  los debidos resguardos—que  en la circunstancia presente de la Alianza,  Piñera está cumpliendo el rol de Goldstein. Capitaliza el descontento y concentra las críticas, despejando el panorama a sus eventuales sucesores. Si se trata de un hecho fortuito—como todo parece indicar—sería  indispensable considerar la posibilidad de manejarlo como estrategia de la mejor manera posible; si se trata de una estrategia planificada, habría que sacarle más partido a la mente que la ideó, porque a su lado todos los macucos de la política palidecen.

Afortunadamente para la Alianza y sus pretensiones, el Presidente ha resultado un resuelto impulsor de su propio descrédito y todo indica que los errores que cometerá en el futuro, irán  en beneficio de su coalición y los eventuales candidatos que levante. Recibir a Roger Waters lo ejemplifica perfectamente. En la medida en que él siga capitalizando más y más descontentos, mejores serán las proyecciones de la derecha. Serán capitales en este proceso  reformas estructurales efectivas en materia de tributos, servicios públicos como salud, educación y seguridad, sistema electoral, organización del Estado y demás, porque la gente está aburrida de los parches y las componendas y le huele a podrido cualquier negociación.

Por su parte la Concertación, la tiene dura. Su candidata ha perdido peso (sólo en sentido figurado) y las caras visibles de sus partidos comienzan a cansar. Han sufrido un proceso similar al de farándula, donde los personajes top de repente comienzan a generar anticuerpos y perder sintonía.  Basta con ver a Toha , Andrade y Gómez.

Si se cumplen la reformas, la economía sigue mejorando, si se controla el delito, si se termina con los encapuchados, si se endereza la Justicia, si mejora la movilización, se mantiene el precio de los combustibles y se mejora la evaluación de la reconstrucción, podríamos librarnos de una segunda parte.

jueves, 8 de marzo de 2012

CACEROLA EN EL FUEGO

Hace algunos años tuve la oportunidad de desarrollar un trabajo profesional en la Región de Aysén, trabajo que en una veintena de viajes a Coyhaique, me permitió entrar en contacto con muchos funcionarios y vecinos de esa localidad así como de la localidad de Baquedano, El Blanco y varios otros pequeños lugares cercanos. Naturalmente conocí Puerto Aysén y Puerto Chacabuco y visite los principales lugares turísticos.

Varias cosas me chocaron en esa experiencia: la primera, que en comparación con lo visto en un viaje muy anterior de unos cuarenta años antes, la zona ahora parecía un desierto desarbolado; la segunda, que se percibía en la gente algo así  como un sordo resentimiento, al mismo tiempo que un ansia por disponer de las ventajas del progreso. Las casas que conocí, con temperaturas tropicales gracias a estufas permanentemente encendidas incluso en verano, tenían los mejores televisores, los mejores refrigeradores, buenas camionetas; los lugares para comer eran sofisticados y servían regiamente (y así cobraban también); el comercio florecía y estaba lleno de turistas (claro que era un momento en que había dos y tres vuelos diarios a la zona). Todo bien, hasta que se tocaba el tema de los precios y de la educación.

Cuando la conversación giraba en torno a esas materias, afloraba la sensación aludida. “¿Por qué me tuvieron que mandar para acá?” se quejaba un funcionario judicial; “Yo quería ir a Iquique” comentaba un militar; “No me quedó otra que Coyhaique” comentaba un médico joven evidentemente sin pitutos. Y no era sólo una cuestión de distancias, sino una sensación de desamparo e indefensión. “Cualquier emergencia médica seria implica viajar por lo menos a Puerto Montt” comentaba un ciudadano aquejado de una enfermedad crónica; “¿Qué hacemos si llegan las grandes pesqueras?” alegaba un pescador en Puerto Aysén; “Somos materia prima y recursos disponibles para cualquiera con plata” aseguraba un geógrafo con el que me tocó trabajar.

Bajo todo ese sentimiento en fermentación, uno se encontraba a poco andar con una red de lobbistas del descontento, generalmente de izquierda, bien intencionados pero con la vista puesta en el objetivo político: “¿Cómo es posible que tengamos un senador de derecha…aquí? alegaba un dirigente municipal.

Evidentemente el proceso de maduración de las percepciones y sentimientos negativos de los ayseninos ha sido el caldo de cultivo preciso para los recientes conflictos. Posiblemente este proceso haya sido un experimento, una prueba del modelo de insurgencia a desarrollar en el futuro. Probablemente lo veamos replicarse en otros lugares más centrales y poblados. Los saqueos del 27 F muestran que la fruta está madura en muchos lados y con elecciones ad portas, alguien de seguro querrá cosechar.

martes, 6 de marzo de 2012

LA FATALIDAD DE LOS EMPRESARIOS

¿Qué hacen los empleados y trabajadores  de una empresa cuando entran en conflicto con el Empresario? Van y hacen una  huelga. Y si las cosas se complican, van y se toman la fábrica. Y si se complican más aún, van y la incendian. Es el juego natural de las oposiciones presente en todas las expresiones del la actividad humana. Ahora bien, como ir a la huelga o tomarse una sola empresa puede no significar una presión suficiente, postulan desde el plano sindical los procesos de negociación colectiva, de manera que el conflicto escale y alcance significación sectorial y, de ser posible, nacional.

Piñera, fuera de ser el Presidente,  es un empresario reconocido y exitoso, de manera que no hay que extrañarse que  la región de Aysén adopte frente a él la misma lógica bosquejada arriba, paralizando las actividades, tomándose los caminos y presionando tan como lo haría cualquier agrupación sindical que se respete. Y como en el caso de las multi sindicales, donde una minoría politizada es la que toma las decisiones gremiales, en el caso de Aysén unos pocos audaces, cuyos intereses pueden quedar encubiertos por el  caos desatado, organizan el espectáculo. Por otra parte, me imagino que es  más fácil hacerle una jugada como la presente a un Gobierno de derecha que a uno de izquierda.

¿Cómo termina el asunto para la empresa? El empresario desvía racionalmente sus recursos hacia otra actividad—porque desde luego no tiene todos los huevos en una sola canasta—de manera que  no pierde.  Espera que el movimiento se debilite y si la ley y las circunstancias se lo permiten, contrata nuevo personal para mantener la producción, por lo menos hasta  de la toma y el incendio de la fábrica, cuyos efectos los minimizan  los seguros contratados. En el caso de autos, el Gobierno procura desviar la atención pública en otra dirección atacando la gestión anterior, espera que el movimiento se debilite y procura dejar en evidencia los manejos políticos subyacentes. Y su seguro es la  Ley de Seguridad Interior del Estado.

¿Qué ocurre con la minoría dirigente? Como su interés seguramente es ajeno al destino de la empresa y de los trabajadores pasivos, procuran obtener las máximas ganancias iniciando procesos de negociación en los que sus objetivos ocultos—alguna compensación pecuniaria, desde luego ganancia política y alguna consejalía, alcaldía o diputación si lo amerita la dimensión del conflicto—son privilegiados. En el caso analizado, <sic>.

¿Qué ocurre con el movimiento sindical que prohijó las huelgas y las tomas? Pues que se fortalece, crece, incrementa su poder de negociación, mejora el estatus de sus dirigentes que comienzan a ser motivo de entrevistas y apariciones en la prensa y la televisión, favoreciendo principalmente sus carreras personales. En este caso, la oposición se beneficia de la sensación de desgobierno reinante y trata de incendiar todavía más la pradera para obtener más réditos.

¿Y qué pasa con la masa de los trabajadores y empleados pasivos que avivaron la cueca, en este caso, los habitantes comunes y corrientes de Aysén? Pues, que pierden más que ganan, aunque consigan alguna reivindicación o ventaja, por la simple lógica de los costos agregados: son mucho más baratos media docena de dirigentes que 110.000 habitantes.

domingo, 4 de marzo de 2012

EL AJEDREZ DEL PODER

El juego de la política tiene mucho del juego del ajedrez: todas las piezas están a la vista, las reglas son bastante claras, todo es cuestión de habilidad. Digo esto, porque por un lado las barricadas y las manifestaciones y por el otro la recuperación y afianzamiento del estado de derecho, vienen a ser las torres o los alfiles de un juego de ajedrez que sólo tendrá un ganador  que todavía no está claro si será el Gobierno o la oposición extremista.

El fenómeno de las barricadas tiene mucha similitud con el del delito. Y no solo porque asusta terriblemente a la autoridad, sino porque tanto en el caso de las “manifestaciones sociales”—como gustan denominarlas los iluminados de izquierda—como en de los hurtos, robos, asaltos, desfalcos, estafas y las asociaciones ilícitas, el Gobierno ha dado muestras de estar claramente superado por los hechos.

Cuando la autoridad de un Estado queda superada por la circunstancia y son otros actores políticos y sociales los que controlan el devenir, estamos técnicamente en revolución. Algo de eso ha estado pasando, primero con el movimiento en contra de Hidroaysén, luego el conflicto estudiantil, entremedio los Mapuches y ahora la Región de Aysén poco menos que en armas. Alguien está ensayando algo o buscando algo, sembrando algo o cosechando algo. Y como lo está haciendo con extrema habilidad y muñeca, el Gobierno está desconcertado y en posición perdedora.

Las buenas posiciones  se construyen de a poco. Bien lo saben los grandes ajedrecistas, que van acumulando fuerzas,  disponiendo bien  su ataque, de manera que cualquier movimiento que haga el contrincante resulte perdedor. Es muy ilustrativo el caso del jaque descubierto,  que se produce cuando al mover una pieza amenazando a otra del  contrario,  se despeja la línea para que  una segunda pieza  amague  la fortaleza del enemigo. Así, haga lo que haga éste, pierde una pieza.

Posiblemente nuestra revolución larvada no sea tan evidente como la Francesa, con toma de Bastilla, Asamblea Constituyente, Asamblea Legislativa, Convención y Terror, pero sí es una versión atenuada, con etapas que  podrían llamarse  Manifestaciones en el Sur, manifestaciones en el Norte y manifestaciones en las principales ciudades del centro. Si la cosa funciona,   cualquier movimiento que haga el Gobierno será siempre perdedor. El Gobierno lo sabe bien y por eso está procurando moverse lentamente para que el tiempo—escasez, desabastecimiento, cansancio—actúen en su favor: ponerse lento en situaciones de crisis, me aconsejaba mi abuela.

Es lo que hace el Ministro de Energía señor Álvarez al imponer que se bajen las tomas de caminos y se vuelva la normalidad como condición  para negociar. Es lo que hace el Presidente, cuando le ordena volver a Santiago con la Intendenta de Aysén.  Es un jaque descubierto, porque  los manifestantes—especialmente  a sus dirigentes— se exponen a perder poder e imagen, a enfrentar disensiones y quiebres. Y de suceder,  se afianzaría el principio de autoridad en un jaque descubierto. El problema que tiene el Gobierno,  es que deberá evitar  que se lo devuelvan si se  mantienen  las movilizaciones en Aysén y si se replican en otros lugares.

En cualquier caso, el Ministro Álvarez se salvó por el momento del ser sacrificado, como también se suele hacer en el ajedrez cuando quién conduce el juego cree que así puede obtener una ganancia mayor.

viernes, 2 de marzo de 2012

MALL O MAL

Es bueno que se generen polémicas como la que se ha suscitado con  la construcción del Mall de Castro. El ideal, naturalmente, sería que este tipo de discusiones pudiesen hacerse ex ante y no ex post, como es el caso, pero la controversia resulta apropiada y necesaria…Pero estamos en Chile., de manera que, seguramente, será tinta digital tirada en el mar.

Lo primero que hay que hacer para discutir apropiadamente el caso, es separar la idea del hacer un Mall en Castro—cosa que me parece legítima y que más allá de sonarme un poco desproporcionada, no me molesta—de la expresión física, arquitectónica y volumétrica que el edificio en construcción  tiene, que sí me parece desmesurada en tanto afecta de improviso un valor permanente del paisaje de la ciudad sureña, sin  darle tiempo al metabolismo del cambio progresivo para hacer su trabajo armonizador. La polémica  debiera  centrarse sobre este segundo aspecto que resulta evidente, puede alcanzar la dimensión de un atentado, un crimen de lesa patria y hasta una clara demostración de lo que el poder del dinero y los intereses puede hacer. Nada de raro que la culpa  le caiga finalmente a Piñera .

Mirando por primera vez las fotografías del mall en construcción , pensé que era una broma, por el aire a  fotomontaje que la imagen presentaba. Ni en mis más obscuras pesadillas se me habría ocurrido montar una mole tan desproporcionada como esa sobre una altura, dominando un paisaje   de claro valor paisajístico natural u urbano y haciéndole la competencia a las torres de una iglesia—la Catedral de Castro, nada menos—declarada monumento nacional. Sería como si al lado de la Catedral de Santiago se elevara una torre de tipo hexagonal con muros cortina con vidrio espejo y de mayor altura.

No hay duda que se trata de un crimen que no está configurado en ley alguna, pero que el sentido común claramente identifica. Un crimen que, seguramente, está cimentado en motivaciones sospechosas como son el interés municipal en los ingresos que eventualmente se generarán, como son los intereses económico políticos que seguramente estarán en juego y, especialmente,  en  el interés de la empresa propietaria de llenarse los bolsillos a costa de un bien público por el que pagará una renta vil. Eso es afán de lucro disfrazado de intención de servir, de producir adelanto, de entretener, de conferir estatus y de dar la sensación de haber conquistado la modernidad y el confort. Oferta de logros que persigue disimular la fealdad del edificio, su masacotudez, el problema de congestión que producirá y, sobre todo el deterioro del valor paisajístico de la ciudad de Castro.  Hoy por hoy habría que decir que de malls está pavimentado en camino del infierno urbano. Los habitantes de Castro van a estar felices de tener un cine, un patio de comidas y unas escaleras mecánicas, pero a qué precio.