miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿SUBIR O BAJAR TRIBUTOS?

Winston Churchill decía—aludiendo a la inclinación de las izquierdas por subir los tributos—que pretender solucionar los problemas de un país aumentando los impuestos era como meterse en un balde y tratar luego de levantarlo tirando de la manija. Agregaba que si se insistía en mucho en tirar  y el balde se desfondaba,  nos quedábamos  sin tener con qué  ir a buscar agua. Por otra parte, comentando la inclinación de las derechas por rebajar los impuestos,  recordaba  la muerte de un burro al que un campesino estaba tratando de acostumbrar a vivir sin comer, comparándola con lo que le ocurriría al Estado si no recaudaba lo suficiente. La prudencia aconsejaba, concluía,  no recaudar tanto que el balde se desfondara ni tan poco, que el burro se muriera.

Sin pensar siquiera en si la forma en que se usan nuestros impuestos es eficiente o ineficiente (que es una pregunta previa a cualesquier reforma tributaria) me pregunto ¿Cómo andará realmente la proporción de impuestos que pagamos los chilenos  personas naturales en relación con el volumen del producto interno bruto?  Se escuchan diversas opiniones en el sentido de que pagamos muy poco en comparación con  economías de Europa más desarrolladas económica y socialmente, razón por la cual deberíamos hacer una reforma tributaria que nos subiese los impuestos personales. “Que paguen los ricos y los poderosos”, dicen los líderes estudiantiles de izquierda. También se escuchan reflexiones en el sentido que  si bien tributamos menos que lo que se tributa en las economías del bienestar, pagamos demasiado en proporción al monto de nuestros ingresos, lo que justificaría que se rebajaran nuestros tributos.

No tengo mucha claridad sobre cuál es la opinión más valedera, pero parece que se trata de un problema de proporciones. Si yo ganara 30 millones de pesos al mes—que es lo que se rumorea obtienen algunos académicos reputados de la Universidad de Chile entre rentas, proyectos de investigación y participaciones en prestaciones de servicios y  es lo que  ganan altos ejecutivos e integrantes de jugosos directorios—me daría lo mismo que el Estado se llevara hasta un 50 % de mis ingresos, porque con el otro 50% viviría como un rey (digamos más ajustadamente, viviría).

No debemos estar tan mal con nuestros impuestos bajos después de todo, dado el estado calamitoso en que se encuentran hoy por hoy  las economías del bienestar europeas con sus impuestos altos y su enorme gasto social. Pobre griegos, italianos, españoles y portugueses que se ha gastado lo que no tenían tratando de parecer lo que no eran. Pobres alemanes, franceses, belgas, holandeses y demás, que van a tener que pagar una  fiesta a la que no fueron.

lunes, 28 de noviembre de 2011

CULTURA DE LA LIBERTAD

La libertad no es un bien libre, como el aire,  ni un derecho de los que llamados derechos humanos inalienables que se nos adscriben por  la sola circunstancia de ser personas. La libertad, del mismo modo que la educación,  es una conquista por hacer, un logro que nos impone costos y condiciones y nos reclama responsabilidades permanentes y continuas. Una persona no es libre per se, porque no vive sola sino con los otros. La libertad, como la educación,  es en función de los demás y se tiene que  enseñar a gozarla y respetarla como  parte de los bienes culturales que legamos a nuestros descendientes. No se es libre así no más, sin una cultura de la libertad que heredar.

En Chile no tenemos ese tipo de cultura o no la hemos desarrollado adecuadamente. Más bien creemos en limitar la libertad y en cuanto aparece, tratamos de acotarla, tarifarla, condicionarla y mantenerla a toda  costa bajo control. Todos hablan de la libertad, es cierto, pero a nadie le gusta demasiado. A los políticos, sobre todo, no les gusta la libertad. Para ellos es esa cosa molesta que revuelve y revoluciona  a los ciudadanos y opera y se sostiene sin necesidad de ideologías o consignas, complicando, entorpeciendo, peligrosa y molesta.  Por eso se nos han vendido  el sentimiento que la libertad de los otros nos vulnera, en tanto la noción de igualdad  nos protege. Hemos idealizado el concepto de igualdad, pese a que siempre se iguala hacia el promedio.

En los doscientos años de vida republicana que llevamos en este país, no hemos llegado nunca a encarnar verdaderamente los ideales libertarios que se proclamaron en las gestas independentistas. Dichos ideales fueron literalmente letra muerta porque nos eran ajenos culturalmente. Nunca alcanzamos la simplicidad de las definiciones libertarias que hicieron otros pueblos. Con toda su  brevedad, el preámbulo de la Declaración de Independencia de las Colonias Americanas de 1776 lo establece meridianamente,  suficientemente y de manera inspiradora.

¿Cómo vamos a alcanzar el desarrollo si no gozamos de una cultura de la libertad que nos permita realizarnos y contenernos como personas de manera natural? ¿Cómo vamos a ejercer verdaderamente nuestros derechos civiles si nos debatimos entre limitaciones y cortapisas porque estamos acostumbrados por doscientos años de manipulaciones a encontrarle las cinco patas al gato?  Nunca hemos tenido una noción de las verdaderas libertades personales, sino más bien un sentimiento de masa, ejercido en la turba, en medio del desorden. Completamente en contraste con el verdadero sentido de la libertad que es personal como lo son  las responsabilidades.

Enseñar a ser responsablemente libertarios es a  lo que deberíamos orientar nuestra educación aprovechando la oportunidad de la reforma…Pero ¿a quien le conviene?

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL BRAZO DEL DOCTOR INSÓLITO

En la película de 1964 Doctor Insólito, del gran director Stanley Kubrik, el notable actor inglés Peter Sellers interpretaba al Doctor Strangelove, un científico alemán nazi al servicio como asesor de los militares norteamericanos. El personaje no podía evitar que al menor descuido, se le levantara el brazo en el saludo nacista, razón por la que tenía que sujetárselo e incluso luchar contra este tic comprometedor.

He traído este recuerdo a colación, porque la actitud de muchos personajes del mundillo político y social se asemeja enormemente al curioso tic doctor Insólito. Me refiero a la tendencia—evidenciada a propósito de un despropósito como el del mentado homenaje a Krasnnoff— a querer prohibir cualquier comportamiento o actividad que no resulte de políticamente correcta o del agrado de cierto sector. Lo hemos visto en algunas opiniones respecto a prohibir desde la publicación de libros escritos en defensa del gobierno militar hasta celebraciones de eventos en que aparecen personajes que participaron de esa administración. Tengo como muestra, el caso de una pariente política que bloggea (perdón por el barbarismo) esta y otras opiniones con extrema intolerancia.

Es que el tema es, precisamente, el de la creciente  intolerancia que comienza a sistematizarse y a aparecer desvergonzadamente en los mentideros de opinión y en las redes sociales.  Es más, la intención de los intolerantes que se multiplican como las células de un cáncer, apunta a prohibir  todo aquello que no les agrade. Y no les agradan las opiniones disidentes, las libertades civiles extendidas, ni el derecho a la  iniciativa y el emprendimiento. Prefieren controlar que permitir; elijen restringir antes que incentivar; temen a la libertad de acción y de conciencia. Prefieren la doctrina y la ideología al pensamiento creativo y la competencia. Por eso no les gusta el modelo y luchan por desprestigiarlo. Por eso están concertados para derruirlo.

Todas esas preferencias que he enumerado describen el carácter de los totalitarismos. Esos totalitarismos que creíamos extintos a partir de la caída del Muro de Berlín, pero que subyacen latentes, arraigados en lo profundo de nuestras bases culturales latinas. Es el miedo a la libertad de conciencia, es la inclinación al sectarismo, que esperan su oportunidad.

La tendencia de los temerosos de la libertad  apunta, naturalmente, a multiplicar las prohibiciones y cortapisas antes que a desarrollar las actitudes positivas y proactivas. Por eso aman y añoran un Estado grande; por eso sueñan con leyes draconianas y normativas castrantes. Por eso son a cada momento más intolerantes. Es la tendencia ancestral de la cultura política. Es el brazo del doctor Insólito haciendo el saludo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

HOMENAJES AL TROTE:

No me puedo sacar de la cabeza—hablando de homenajes imprudentes,  indebidos y  torpes (que ha habido muchos)—aquel famoso trotecito hacia Fidel. ¡Qué emoción, qué entusiasmo, qué consideración por los que pudiéramos pensar diferente! ¡Qué manera de representarnos a todos! Frente a ese momento, digno de la comedia antigua, todos los otros homenajes palidecen. ¡Y pensar que si nos descuidamos, podríamos verla, nuevamente investida de nuestra representación, trotando esta vez  hacia el catafalco del líder (que consideradamente no se morirá antes del 2014, pero no aguantará mucho más).

Llegará el día en ella que tenga su monumento…¿Dónde la pondremos? ¿En qué pose la fundiremos en el bronce estatuario? ¿Será en la Plaza de la Constitución cerca de Allende o en la Plaza Bulnes junto con O’Higgins? ¿Qué lugar podrían merecerla? ¿Y en que actitud el escultor la eternizaría? ¿En la pose que tenía en el famoso tanque? ¿Abriendo los brazos como madre amorosa? ¿Con la banda como escuchando a la multitud?

¿Qué será de los enormes monumentos de Marx y Lenin repetidos por toda la ex Unión Soviética? ¿Los habrán guardado desarmados en previsión de un retorno o habrán sido reciclados y  se han visto convertidos  en tuercas y llaves de agua? ¿Les habrá ocurrido lo de las estatuas de Sadam Hussein, Mubarak  y Jadafi? ¿Sentirá el bronce la pérdida de la fama y el aprecio popular?

Me acuerdo de la llegada  a Chile de Eric Honecker, especie de homenaje de la izquierda chilena a un líder sobrepasado por el tiempo. No me preguntaron si yo quería que se le acogiera y me imagino que a Ud. tampoco. Es más, creo que a ninguno de los que intervinieron en su favor para que pasara su exilio aquí se les pasó por la mente siquiera que habíamos montones de chilenos que podríamos no estar de acuerdo. Lo cierto en que no me molestó especialmente, no protesté con algún acto violento e incluso me dio pena su abandono. Fue  porque no se me da desear el mal ajeno y menos aun ir a  apedrear a quienes por algún motivo no postulan mis ideas o me ofenden con sus actos. Pero tengo detrás varias generaciones de antecesores bien educados y éticamente estrictos.

El fusilamiento de Roberto Barceló en 1936 fue la culminación de un juicio que remeció a la elite de la sociedad chilena. Se acusó a Barceló de haber dado muerte a su esposa  Rebeca Larraín,  hija de  la  famosa escritora Inés Echeverría “Iris”. Iris  movió  cielo y  tierra para que se le condenara y muchos lo vieron morir ante el pelotón,  con la seguridad de que era inocente. Nunca se supo con certeza lo sucedido, pero ante claras presunciones, la justicia lo acusó, lo procesó y lo condenó, satisfaciendo la necesidad de revancha. Iris vivió más de veinte años todavía, siempre cultivando su odio.

¿Nos irá a ocurrir lo mismo?

martes, 22 de noviembre de 2011

DE HOMENAJES, FUNAS Y VERDADES

Mi hijo, que vive a cuadra y media del Club Providencia emplazado en la Av. Pocuro esquina República de Cuba, me contaba que la pelotera en la funa al homenaje a Krassnoff fue una verdadera guerra mundial. A pesar de la distancia, casi se ahogó con los gases y temió por su casa, porque los exaltados practicaban el tiro con piedra con mucha dedicación por todo el sector, seguramente con el ojo puesto en los pocos comercios cercanos  y en algún cajero automático. La verdad es que, viviendo en  una zona tranquila, alejada de colegios y universidades, no estaba preparado para estas nuevas manifestaciones de la democracia que se practica en esos establecimientos.
Fue una suerte para los asistentes al acto,  que  este  se desarrollara en ese lugar pacífico y no en las proximidades alguna casa de altos estudios, porque de haber sido así, al señor al que le arrancaron la camisa lo habrían colgado con ella y a los demás  asistentes los habrían lapidado sin vacilación. Ese es el lado bueno de la cosa.
¿Qué pulsión estamos experimentando los chilenos que están  pasando estas cosas? ¿Por qué hemos desarrollado está tendencia tan extrema a la violencia por cualquier agravio? No hay que olvidar que la violencia desatada no sólo se produce cuando, como en el caso comentado, podría haber una justificación de parte de los que creen que la Justicia procesó bien y condenó ajustadamente a Krassnoff y se molestan cuando se lo homenajea, sino que ocurre en cualquier incidente y circunstancia. He visto conductores enzarzados en tremendo pugilatos por un topón y peatones dándose de golpes con vendedores ambulantes por haberles pisado inadvertidamente la mercadería regada por la acera que es un bien público. Es que vivimos un clima generalizado de violencia y de tensión que va in crescendo.  En ese sentido,  cuando se dice que el  delito ha escalado y los delincuentes son cada vez más violentos, lo cierto es que sólo van con la tendencia. Es una situación en que se combinan el odio, la frustración y la impotencia entre otras pulsiones,  explotando en la menor oportunidad, haciendo que las personas normales se salgan de sí y que los que no son normales, se vuelvan locos.
Las opciones son dos: que los ánimos se aquieten o que las pasiones se desencadenen sin control. Lo problemático es que puede ser que una explosión violenta sea más  funcional a los intereses omnipresentes que la calma y la paz.
Dadas las comparaciones que se han hecho, es bueno recordar  que cuando en 1898 se reabrió el caso Dreyfus volviéndolo a juzgar luego del J’Accuse de Emile Zola, hubo asonadas en su contra—funas las llamaríamos ahora—y lo volvieron a condenar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

SEÑALES DE AUTORIDAD

No se puede negar que  lo que dice el Presidente de la Corte Suprema señor Milton Juica y suscribe el  Fiscal Nacional  Sabas Chauhán , en el sentido que la prevención del delito y el orden público no son  responsabilidad ni del Poder Judicial ni de la Fiscalía, es cierto.  Son de competencia y responsabilidad del  Gobierno a través del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y sus mecanismos ad hoc, lo que también es cierto. Pero  es cierto, también, que el hombre de la calle, esto es, el indocumentado y el desinformado en los misterios del ordenamiento institucional (que es la mayoría más absoluta de los chilenos), cree que los culpables de que los delincuentes pululen por las calles impunes, son los Jueces y los Fiscales, sin distinguir muy bien  entre unos y otros. No se puede negar que los Jueces y ahora los Fiscales, no tienen buena imagen en el ideario colectivo. Puede ser porque no son muy empáticos (no he visto Juez o Fiscal  que sea atractivo, sobre todo los nombrados) o por la influencia de  la vieja leyenda chilena de que un juez   no tiene problema en condenar  severamente a un ladrón de gallinas ni en dejar  libre a un estafador de cuello blanco. 

Por mi parte nunca he tenido muy buena idea de los Jueces, posiblemente un resultado de haber tratado con una media docena de Jueces de Policía Local, burocráticamente  mecanizados y poco criteriosos . Y como supongo que montones de conductores han pasado por similares experiencias, me imagino que por ese mismo  mecanismo los chilenos que no gustan de los Jueces, son legiones. Y como se puede suponer,  se tiende a generalizar sin distinguir mucho entre Jueces de primera y de tercera…. Debe ser cierto aquello de “Juez conocido no va a al estadio”, porque tengo un pariente político Juez cuya dirección y teléfono son, por razones de seguridad,  poco menos que secreto de Estado.
El quid del asunto, al que posiblemente se refiera sin mucha habilidad el Ministro del Interior y Seguridad Pública Señor Hinzpeter en su polémica con Jueces y Fiscales, es la señal de autoridad faltante. La pregunta que flota en el aire y a la que el Ministro apunta sin decirlo es ¿Qué impacta mejor como señal de autoridad? ¿Las acciones  represivas  de las policías o las condenas severas a los infractores? ¿50 encapuchados arrestados o unos 15 sometidos a proceso?  Lo cierto es que la sociedad,  que siempre está a la espera de las señales que entreguen indicios de que las cosas mejoran, no entiende que los Jueces de Garantías dejen  libres a los encapuchados por falta de pruebas que no pudieron aportar los Fiscales. Para el ciudadano común un encapuchado es un delincuente, salvo que esté en la Antártica o en la punta del Aconcagua. Lo cierto es que una prueba contundente para los jueces—como sería un encapuchado de cuerpo presente en el tribunal, pateando todavía la cabeza de un carabinero herido—es difícil de presentar.
¿En qué  pensaba el legislador cuando dictó la legislación garantista? ¿Quiénes creyeron nuestros representantes en la legislatura, que se iban a beneficiar con la justicia penal garantista que aprobaban en el Congreso? ¿Los delincuentes o sus víctimas?

viernes, 18 de noviembre de 2011

QUOUSQUE TANDEM ?

El buen Cicerón habría explotado de indignación—como lo hizo con Catilinas en el Senado Romano hace más de dos mil años—con todo lo que está pasando en Chile. No habría  soportado el cúmulo de enormidades que se han sucedido ni mucho menos, a algunos de los personajes de nuestra realidad. Habría gritado “Quousque tandem abutere… patientia nostra” a casi todos los rostros de la política y el acontecer nacional, con justa razón. Y no se habría explicado nuestra pasividad. No se habrían librado de su indignada interpelación ni el Presidente, ni los Ministros, para que decir los Senadores y ni mencionar a los Diputados, Jueces y Alcaldes. Cicerón se habría quedado ronco y me juego la cabeza, había perdido lastimosamente su tiempo porque a los mencionados les habría resbalado su filípica.
Tal vez tendríamos que apelar  a la indignación  de Emilio Zola ante la injusticia cometida por la justicia francesa con Dreyfus,  y pedirle que formulara las acusaciones impactantes que necesita nuestro sistema para sacudirse de la inercia y el error. Lo cierto es que un “yo acuso” se está haciendo indispensable, pero no se ve cómo,  por dónde ni por quién. Y es que no hay lucidez,  interés, ni preocupación por remover las cosas en la élite política, social  o cultural.   Es cierto que las acusaciones no funcionan mucho en este país. Lo vimos en el MOP Gate, en el caso de las indecisiones y equivocaciones en el momento del maremoto post terremoto, en la reciente toma de las dependencias del Senado, ni en toda esta comedia de arreglines y acomodos en que está diluyéndose el conflicto estudiantil. Falta gente de estatura, gente respetable, verdaderos servidores públicos que reemplacen a la caterva de apitutados,   comprometidos  y mercenarios que profitan a costa de  nuestros tributos. La verdad es que las manifestaciones, marchas, caceroleos, paros, tomas, desórdenes y pugilatos  son señales de la indignación que cuentan en cierta medida, pero compiten con el hastío que produce su persistencia.
De las señales del cuerpo  social, del pueblo, del estado llano, como les gusta decir a algunos, ha estado llena nuestra historia, pero han prevalecido como valores sólo las decisiones visionarias de personalidades impecables y las conducciones eficaces de servidores leales al bien común. Aquellos  no han sido muchos y estas son contadas, pero   han levantado el   respetable edificio institucional con que contamos.
Lo que hay que tener a la vista es que el peligro que amenaza cuando se está necesitando así de urgentemente de una figura señera, es que las crisis son también la oportunidad de los aventureros. Y de esos estamos llenos.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

INVENTAR EL FUTURO

Steve Jobs decía que la mejor manera de asegurar el futuro era inventarlo uno mismo. Fue lo que hizo toda  su vida, durante la cual se anticipó al futuro inventándolo cuando nos  proporcionó esas cosas que no sabíamos que íbamos a necesitar: desde el computador personal con capacidad gráfica al IPad.
De manera parecida, nada  más efectivo para conseguir que un propósito se haga realidad, que manejar las circunstancias y las percepciones ajenas de manera que se orienten al resultado deseado. A nivel personal  todos tenemos alguna práctica en el asunto. A nivel social resulta sólo un poco más complicado. En estos últimos meses hemos visto la acción de quienes tienen enorme eficacia en la materia.
Para influir a la sociedad y hacer posible un futuro se necesita de la manipulación  política y del uso inteligente de ideas fuerza. El juego político puede ser entendido como la búsqueda de acuerdos o como el arte de debilitar al enemigo; las ideas fuerza pueden ser de dos tipos: las verdaderamente poderosas, fundamentadas en conocimiento verdadero y las demagógicas, constituidas por consignas.

Lo ocurrido en estos  meses es un buen ejemplo de un inteligente conjunto de maniobras orientadas a asegurar un conflicto que abra una puerta hacia un logro mayor que las simples marchas, las escaramuzas con encapuchados y la figuración de unos pocos líderes adolescentes, debilitando al enemigo—el Gobierno—con  la fuerza de las consignas. Lo que se está construyendo hábilmente,  es el derrumbe estrepitoso de un sistema—el modelo económico liberal de mercado—de  manera de asegurar la vuelta  al modelo estatista de control central. Se ha aprovechado el sentimiento social de   injusticia en la distribución de la riqueza,  el descontento de las familias endeudadas por el costo de la educación, el escándalo de los  defraudados por casos como el de La Polar, el temor de los afectados por el recrudecimiento del delito y el sentimiento de los que perciben estar siendo explotados por un sistema financiero bancarizado (del tipo  Bancard).
Las consignas orientadas a exacerbar la percepción de estos temas se han instalado eficazmente generando un apoyo ciudadano generalizado hacia las ideas que se postulan. Y han ido evolucionando al aludir desde la calidad de la educación a la  necesidad de que la educación sea pública, pluralista y democrática, para llegar a la idea de una  educación  gratuita satanizando el lucro. Al mismo tiempo han abundado en definir los medios instrumentales para conseguir tales objetivos, desde la recuperación de la gran minería para el Estado, hasta la  reforma política, la reforma electoral, la  reforma tributaria y el cambio del sistema  económico. Y este—el cambio del modelo—es  el objetivo final del futuro que se está inventando.
Se instala la idea de que el modelo liberal de mercado ha fracasado, se consolida el sentimiento que el sistema está plagado de injusticias e irregularidades, se afianza la noción de que de no mediar un cambio radical  la letra chica seguirá prevaleciendo. Todo ello con vistas a las elecciones por venir.

El hombre de la calle no distingue matices entre el modelo europeo del bienestar que está fracasando  y el modelo de mercado que ha tenido éxitos significativos y cree que  lo que  fracasó en Europa es el modelo liberal. La confusión sirve a los audaces, como siempre y como botón de muestra,  ya se habla de oposición y no de Concertación.
El verdadero objetivo de esta invención del futuro a la que estamos asistiendo estáticos—repito— es el cambio del modelo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

BIELSA TIENE LA CULPA

Más de algún analista planteó, en su debido tiempo,  que Pinochet  había sido el responsable de la caída de los socialismos reales, Unión Soviética incluida. Decían que había dado el golpe derrocando  a la Unidad Popular en el momento histórico preciso en que el sistema socialista soviético, acogotado por sus debilidades y presionado por sus opositores, sólo podía mirar en busca de recursos y apoyos hacia una Latinoamérica, que a partir de ese momento marchó por un derrotero diferente. Esa, agregaban,  sería la verdadera razón de la saña y rencor contra su régimen y su figura.
Proyectando una mirada igualmente abarcadora  sobre los eventos del último año y medio, he llegado a la conclusión que la culpa de todo lo ocurrido en la política chilena desde el final del Mundial de Futbol de 2010 hasta ahora, la tiene Bielsa.
Mire Ud.: luego del desaire de Bielsa a Piñera en La Moneda (cuando trató de pasar piola sin saludar), se desencadenó el episodio del cambio de directiva de la Asociación Nacional de Futbol Profesional, que terminó con la derrota de Mayne-Nicholls y precipitó la renuncia de Marcelo a la dirección técnica de la selección. La explicación más  difundida para explicar la derrota de Mayne-Nicholls—un personaje que debiera haber capitalizado el éxito de la selección nacional en el Mundial—fue que el Presidente no le perdonaba al dirigente futbolero uno que otro desaire y su cercanía a la ex presidenta, razón por la cual  se habrían movido fuerzas misteriosas en su contra. Elevada a la categoría de verdad revelada por la suspicacia popular, la teoría de que  la partida de Bielsa había sido causada por esa intervención comenzó a afectar fuertemente la popularidad del mandatario, cuestión que se ha venido reflejando en la encuestas y  ha terminado por ser un fenómeno autoalimentado por la misma  caída y por los medios, siempre ansiosos de titulares.
Mi teoría apunta luego, a que el PC vio en la baja de la popularidad del Presidente,  una oportunidad dorada de generarle problemas serios al gobierno, oportunidad que en otras circunstancias no habría tenido tan fácilmente. Con el doble propósito de debilitar la opción de la Alianza para el 2014 y mejorar sus propias posibilidades de crecimiento en las municipales del 2012, pienso que el PC  puso en movimiento al estamento en el que a partir del fenómeno de los pingüinos mejor había venido desarrollando su trabajo proselitista, porque era donde se incubaban los más elevados  sentimientos de la frustración social, que es el terreno natural del crecimiento de su ideario : los estudiantes secundarios y universitarios.
Avala mi teoría, que con casi seis meses de manifestaciones, tomas y marchas, cinco meses sin clases y la alta posibilidad de replicar el proceso el año próximo, la estrategia  ha resultado claramente exitosa, hasta el extremo que siendo una minoría bastante marginal, el PC tiene ahora buena parte del control de la política chilena en su mano. Sin contar con la posibilidad cierta que algunos de sus líderes estudiantiles, ya jubilados, terminen como Alcaldes y Concejales.
¡Y como Ud. puede ver, todo por culpa de Bielsa! Claro que mejor  no olvidemos que Marcelo se enojó cuando el Presidente lo trató, sin mucho tacto, de “loco Bielsa”. ¡Quién dice que ese no haya sido el pecado original!

sábado, 12 de noviembre de 2011

SU MAJESTAD EL FUTBOL

El futbol es, además de una actividad deportiva de masas en casi todos los países y un enorme negocio de cierta turbiedad que abarca mucho planos en la mayor parte de ellos, una  manifestación cultural no despreciable desde el punto de vista sociológico. Tiene una enorme gravitación en la vida ciudadana, por su capacidad para  articular las pulsiones—esto es, los impulsos incontenibles de la psiquis—condicionando poderosamente las percepciones y desviando el curso de los acontecimientos. No olvidemos la guerra del futbol entre Honduras y Guatemala, desencadenada por uno de los partidos de las eliminatorias del Mundial de 1970. Más cerca nuestro, recordemos los eventos del Mundial de 2010, iniciados con el escándalo del entonces Ministro de Minería Laurence Golborne y su viaje a Sudáfrica (no perdamos de vista que lo salvaron los 33)  y culminados con  el episodio de Bielsa, la torpeza de tratarlo de loco y su mala educación en la Moneda. Un asunto que terminó luego de muchas vueltas y elección de la ANFP de por medio, con su salida de la dirección técnica de la selección chilena, la culpabilización ciudadana del Presidente y el comienzo de la caída de su popularidad más abajo incluso que la de Frei, que es harto decir.
Por eso no es tan extraño que en los últimos tiempos el futbol haya estado alterando significativamente ciertos equilibrios y que la celebración de encuentros importantes haya condicionado desde las manifestaciones estudiantiles—que prudentemente  evitaron interferir con las hinchadas—hasta el contenido de las encuestas de opinión y ciertas decisiones políticas. 
Indudablemente el futbol se ha coronado como una actividad esencial para decidir el ánimo  de millones de chilenos que ante un triunfo salen entusiasmados a la calle a romperlo  y ante una derrota sufren una depresión extrema y salen igual. Esto explica que los noticieros de televisión le dediquen tanto tiempo y que los periodista deportivos que lo comentan hayan sido elevados a la condición de gurú y ciudadanos egregios.
Sin embargo, el último episodio—el del bautizo—ha puesto de manifiesto que su majestad el futbol  puede estar caminando desnudo y que es una actividad que inevitablemente acoge a peluzones, que  deificados  como están creen que todo lo pueden,  constituyendo un pésimo ejemplo. Como una radiografía revela una fractura, el episodio futbolero comentado muestra lo que a primera vista y por el exterior, no se ve. Comparable con el episodio protagonizado en la sede santiaguina del Senado de la República, Ud. sabe por quien.

jueves, 10 de noviembre de 2011

LAS ARMAS DEL DIABLO

Cada vez que las tasas del delito aumentan en nuestro país, los gobiernos recurren al discurso de la armas. Lo hicieron los Ministros y Subsecretarios del Interior en los gobiernos de la Concertación y lo acaba de hacer ahora, en el de la Alianza, el Ministro del Interior y Seguridad Pública Señor Rodrigo  Hinzpeter. En sus dichos subyace la hipótesis (la consigna, podríamos decir) de que hay una directa correlación entre la cantidad de armas en poder de los privados y los índices de delincuencia. Con el argumento que la Constitución y el ordenamiento jurídico reservan el manejo de las armas a las Fuerzas Armadas y Carabineros, se inclinan a profundizar el control de  la cantidad y calidad del armamento en manos de los ciudadanos. La preocupación se refiere, naturalmente, sólo a las armas de fuego, aunque el delito se cometa mayoritariamente con cuchillos de cocina y estoques, destornilladores y botellas quebradas e incluso, como en el caso de los encapuchados, con los pies, con  palos, piedras, trozos de concreto y señaléticas urbanas.
Famoso fue, por su discurso en contra de las armas y  su campaña en pos de la entrega voluntaria de las que estaban en manos de particulares, el Ex Subsecretario del Interior del Gobierno de la Señora Bachelet, el hoy Diputado designado señor Felipe Harboe. Lo recuerdo en una nota de televisión examinando orgulloso un montón de viejos rifles y escopetas (incluso con valor histórico) “recuperados” como dijo, entre los que se veían un par de rifles de postones de esos con que se dispara a los patitos de lata en los parques de entretenciones.
Las estadísticas de Harboe eran ciertamente estremecedoras: miles de armas decomisadas en manos de los delincuentes cada mes, casi todas productos de robo a particulares,  constituyendo sólo una fracción de los cientos de miles de rifles, escopetas pistolas y revólveres todavía en manos de la gente. Harboe planteaba la urgente necesidad de reducir ese enorme arsenal disponible  y potencialmente “robable” por los delincuentes.  La cuestión—tal vez no lo advirtiera—equivalía  a una aceptación tácita de que el delito no estaba siendo controlado por el Ministerio del Interior y Seguridad Pública, que era el quid del asunto.
 La verdad es que en política—y esto es sólo política—cuando no se  alcanza una meta o no se consigue un objetivo, hay que buscar un chivo expiatorio. ¿Y qué mejor  si aumenta el delito y hay que buscar una explicación que echarle la culpa a las armas? ¿Que mejor que meterle mano a los particulares quitándoles sus armas? ¿Qué medida podría tener más efectismo? ¿Cuál más simple?  Y por lo demás—dicen los macucos—si  Ud. va a tomar una medida política, elija una que facilite tomar otras medidas políticas  funcionales a sus propósitos: ¿Limitar  las emisiones contaminantes de las industrias?¿Limitar la circulación  de vehículos en las calles?¿Limitar la hora de funcionamiento de los locales de entretención? ¿No será que limitar es una tendencia nacional presente en el ADN de la cultura?
La pregunta que cabe es la siguiente: ¿Quiénes nunca van a tener dificultad para conseguir armas—metralletas, pistolas, revólveres, navajas, cuchillos, fierros, palos, piedras y pedazos de concreto—los  privados o los delincuentes? 
Los Estados Unidos y Suiza, entre otras naciones,  son países donde el derecho a poseer y usar armas está garantizado por la  Constitución y no son, especialmente famosos por sus altos índice de delito en proporción a su población y la cantidad de armas en manos de los privados. Menos aún, por la proporción de ellos cometida con armas de fuego, a pesar de que existen cientos de millones de armas de ese tipo en manos de sus ciudadanos.
Las armas las carga el diablo, es cierto, pero las consignas políticas baratas son mucho más peligrosas.

martes, 8 de noviembre de 2011

LA POLÍTICA COMO CLASE

Decían los antiguos, que hubo una época dorada en la que los políticos respondían realmente a la gente, de manera que los representantes elegidos ejercían legítimamente la soberanía delegada en ellos por el voto popular. En tal condición, la democracia representativa operaba como sobre ruedas y el país progresaba rápidamente… Suena lindo, pero que yo que soy lo suficientemente viejo recuerdo que dicho voto no era especialmente popular aunque así lo consignasen las leyes, sino más bien censitario, por la doble circunstancia que los inscritos en los registros electorales  eran minoría y porque muchos de los que votaban eran cohechados abiertamente. Con todo, antaño los políticos no alcanzaban a constituirse como una clase, tal vez porque quienes  realmente ostentaban la soberanía por su incorporación cívica, eran de por si una clase.
Hoy día, que millones de chilenos participan del civismo, sí podemos hablar de una clase política cuando hablamos de los políticos:  ya sea  porque el sistema de elecciones lo ha facilitado o porque los intereses privados de los políticos se han decantado de una manera particular, nuestros representantes han pasado a constituirse como una clase con todas las de la ley. En nuestra realidad, digámoslo de una vez, los representantes elegidos por la ciudadanía se representan más a si mismos, constituidos como grupo, que a los electores, detentadores teóricos de la soberanía.
Lo cierto es que ante el análisis, los políticos han dejado de ser servidores públicos para pasar a ser una clase social hecha y derecha, por su número minoritaria pero por su influencia y poder determinante. Tal como la nobleza lo era en una monarquía o la cúpula del partido único en la democracia del proletariado. Y nos encontramos con que   esa clase política está constituida, tal como ocurre en la sociedad, por grupos: grupos  primarios y grupos secundarios formando una red de interrelaciones. No olvidemos que los grupos primarios están constituidos por las familias  y por los grupos amigos y que los grupos secundarios son aquellos asociados por intereses comunes. Si miramos en la política local rápidamente nos encontramos con  las familias participando del poder —los Frei, los Lagos, los Girardi, los Chadwick/Piñera, los Walker, los Toha, etc—y los grupos—los partidos UDI, DC, RN, PPD, PR, PS y PC—. Y  si miramos más adentro en las declaraciones de intereses de los políticos, rápidamente nos encontramos con    los negocios vinculantes entre representantes de familias diferentes y partidos opuestos, que constituyen otra forma de agrupación todavía más sospechosa.
La ciudadanía lo ha percibido y ha reaccionado como era de esperar: primero, desinteresándose de la política absteniéndose  de votar; segundo, desinteresándose de la  democracia por la no inscripción en los registros electorales; y tercero, comenzando a expresar su soberanía  directamente a través de las manifestaciones masivas, las protestas, las redes sociales, las acciones de violencia creciente y la petición de plebiscitos. Y como lo han hecho las sociedades históricamente a través de los tiempos cada vez que se han producido procesos de desconcierto,  comenzando a adorar falsos ídolos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

UNA DEMOCRACIA IMPURA

Es curioso el concepto que nuestra sociedad ha desarrollado acerca de la democracia representativa en los últimos tiempos. Ya no es aquella fórmula política tan clara, en que los ciudadanos delegaban su poder de decisión en los asuntos públicos en representantes  elegidos temporalmente mediante un sistema de elecciones transparentes e informadas cuyos resultados  eran  respetados universalmente, sino que ha mutado hacia la noción  de una democracia directa, difusa  e imprecisa, donde si las propuestas de ciertos grupos no consiguen  imponerse por el voto, se imponen de cualquier manera.
Esa expresión “cualquier manera” es lo que está ocurriendo en las universidades, donde la opción de volver a clases antes de perder el segundo semestre comienza a imponerse por razones prácticas. Ante el peligro de perder posiciones y poder, los estudiantes en paro han retomado los edificios universitarios para prolongar el conflicto, impidiendo las clases, aunque sea artificialmente. Incluso en los casos en que en alguna Facultad ganó la opción de vuelta a clases, la toma  se ha impuesto con el argumento que en la Universidad vista como un todo la opción de paro triunfó escasamente por encima del 50 %. ¡El conflicto a como de lugar! Es una señal parecida a la que Camila Vallejos ha dado al decir que se hará lo posible para evitar acuerdos entre oposición y gobierno en materia de reforma educacional.
Todo lo ocurrido no ha sido más que un conjunto de malas señales para el futuro. Malas señales en todo sentido. Malas las compañías cuando los rectores marcharon con los manifestantes sin cautelar el prestigio y seguridad de sus casas de estudio, llevados por consideraciones las más de las veces políticas;  malas las compañías cuando el Presidente de los Profesores, que son factor del problema de la calidad de la educación, buscó  apropiarse de vestiduras ajenas en busca de una popularidad que lo sustentara mejor que el resultado de sus gestiones a favor de  la calidad y prestigio de su gremio; malas las compañías cuando los políticos –Senadores y Diputados—se pelearon lugar en las fotografías con los manifestantes y cabildearon buscando ventajas. Malo que se haya confundido el concepto de paro con el concepto de toma; malo que los dirigentes estudiantiles estén ahora buscando candidaturas a cargos de representación; malo que nos estemos habituando a lo que está pasando.
Recuerdo un panorama parecido de mis años de estudiante, antes de 1973 y cómo las cosas comenzaron a descomponerse hasta el momento del quiebre. Sin saberlo y por las consecuencias que se derivaron de la situación, los de mi generación perdimos parte de nuestras posibilidades de vida sin que nadie nos compensara después,  como les ha ocurrido a los exonerados y torturados, reales o no.

viernes, 4 de noviembre de 2011

EL EXTRAÑO CONCEPTO DE LA JUSTICIA

Los chilenos tenemos una serie de  extrañas percepciones a propósito de la ley, de los derechos civiles y de la justicia. Muchas de tales concepciones tienen su antiguo origen en  viejas prácticas y costumbres nunca enderezadas heredadas de nuestros ancestros (indígenas e hispanos); otras, fueron construidas en el pausado proceso de la evolución republicana entre traspiés de la democracia en formación; las más recientes, se han configurado en los últimos cuarenta o cuarenta y cinco años, partiendo desde el gobierno del otro Frei y desarrollándose especialmente desde 1992 para adelante.
Una primera percepción—seguramente originada en la práctica autóctona del malón—es que el hurto, es decir, la apropiación de una cosa mueble,  ajena en todo o en parte, realizado sin fuerza en las cosas, ni violencia ni intimidación en las personas, se legitima cuando el despojado es rico y el ladrón es pobre. Es una noción que alcanza, incluso, al robo con fuerza.  Fue la justificación de muchos actos de pillaje con oportunidad del terremoto de 2010 y sigue siendo el respaldo ético de mecheros y escapistas.
Tal vez se  explique en la idea  de que la justicia es para los ricos y no para los pobres—otra  de las concepciones populares más  arraigadas—y en la percepción—que yo he desarrollado al hablar de la MATRIX—de que los empresarios son ladrones y explotadores del pueblo indefenso. El mito popular establece que quien tiene hambre y roba una gallina recibe una alta penalidad y  que  quien defrauda millones sale libre  empastando manos. En parte, se supone,  porque los jueces no tienen nada que esperar ni que temer  del asaltante de gallineros y en cambio, si pueden esperar y tienen que temer de un personaje protegido por su dinero.
Una segunda percepción muy arraigada, que se origina en quizás qué remotas pulsiones, es   que la ley y la justicia son funcionales al desquite y el natural deseo de venganza, a la manera de la ley del Talión y su materialización  en el "ojo por ojo, diente por diente". “Llegaremos hasta las últimas consecuencias”, “tendrá que pagar con perpetua”, “no tiene derecho a recibir beneficios”, son expresiones estereotípicas proferidas por parientes sedientos de revancha, a quienes no importan la Ley ni el derecho, como se ha visto recientemente en el caso de un  procesado liberado condicionalmente.
Un tercer conjunto de percepciones, encarnadas de manera  relativamente reciente y construidas  en un juego demagógico extremadamente hábil que revela que sus autores son los más expertos comunicadores y sociólogos, son los slogans de que se revisten incluso los temas más legítimos, pero que substituyen cualquier razonamiento por la consigna: calentamiento global, contaminación del medio, educación gratuita, educación pública, no al lucro, etc. etc. Su popularidad y rápida aceptación se basa en dos pulsiones sociales que siempre están a la espera y que dicen mucha relación con lo expresado más arriba: la población tiene el sentimiento de que todo esta siendo suciamente manipulado y la percepción de que puede estarse perfilando la oportunidad del desquite.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

CHILENIDAD Y HALLOWEEN

La noche de Halloween del año pasado llamaron a mi puerta y al abrir, me encontré con dos flaites  grandecitos disfrazados de fantasmas, que me dejaron en claro que o les daba dulces verdes, violetas, rojos o azules o me tirarían huevos a las ventanas y me rayarían el automóvil.  Luego de algunos segundos caí en que los dulces verdes eran billetes de a $1000, los violetas de $2000 y así en adelante. Como se comportaran descomedidamente y me trataran de viejo de mierda, entonces les  hablé de sus madres y a pesar que eran hijos de vecinos y sabían que los conocía de vista, me tiraron los huevos y  rayaron el auto poco menos que delante de mis ojos.
Cuando al día siguiente  encaré a uno de ellos, me desafió diciéndome que lo denunciara a los pacos, porque como no tenía pruebas no le pasaría nada. Y me agregó que si llegaba a formalizar la denuncia, el juez lo dejaría libre.
 Fui a hablar con el papá de ambos  angelitos, que luego de escucharme impaciente me tapó a garabatos y me amenazó con pegarme. Para más, esa noche alguien aprovechó la obscuridad y me volvió a rayar el auto. Y un par de días después  me quebraron un vidrio con un piedrazo.  Total, salí para atrás en toda la línea y como no me pude decidir a tomar revancha  porque habría sido para peor, me tuve que quedar así a pesar de la hostilidad. Afortunadamente debí  cambiarme  de casa y pude cortar con las sostenidas agresiones.
La última noche de Hallowen , primera en mi nuevo domicilio, sonó el timbre y al atender me encontré con varias niñitas de entre cuatro y diez años disfrazadas de hadas y brujas, que educadamente me amenazaron con lo de “dulces o travesuras”. Consultadas sobre cuáles travesuras, no supieron qué contestar, asegurándome que serían terribles. Pensando en la experiencia anterior, apresuradamente les di pastillas y galletas que me agradecieron urbanamente.
Como ambas casas están separadas solo unas cuadras, me he estado preguntando sobre cuál es la diferencia entre una y otra condición en vecindarios tan próximos. Posiblemente una explicación resida en la edad de los hijos—me  consta que los fantasmas terminaban la enseñanza media (ahora son universitarios)—y  en el segundo, minihadas y minibrujas eran escolares de enseñanza básica. Otra explicación es que el padre de los fantasmas  llegó el día del terremoto con su camioneta llena de mercadería.  
Es que la antigua uniformidad  de los barrios urbanos  ha sido reemplazada por una variada heterogeneidad de condiciones, culturas y orígenes. Y en esa situación uno puede tener buena suerte, como en mi segunda casa o mala, como en la anterior. Es como en todas las manifestaciones y situaciones: a uno  puede tocarle una feria libre o una barra brava o una manifestación con encapuchados. O puede tocarle gente educada y costumbres civilizadas.  Y en todo el asunto, la ley,  la justicia, el Estado y la autoridad, maní.