Winston Churchill decía—aludiendo a la inclinación de las izquierdas por subir los tributos—que pretender solucionar los problemas de un país aumentando los impuestos era como meterse en un balde y tratar luego de levantarlo tirando de la manija. Agregaba que si se insistía en mucho en tirar y el balde se desfondaba, nos quedábamos sin tener con qué ir a buscar agua. Por otra parte, comentando la inclinación de las derechas por rebajar los impuestos, recordaba la muerte de un burro al que un campesino estaba tratando de acostumbrar a vivir sin comer, comparándola con lo que le ocurriría al Estado si no recaudaba lo suficiente. La prudencia aconsejaba, concluía, no recaudar tanto que el balde se desfondara ni tan poco, que el burro se muriera.
Sin pensar siquiera en si la forma en que se usan nuestros impuestos es eficiente o ineficiente (que es una pregunta previa a cualesquier reforma tributaria) me pregunto ¿Cómo andará realmente la proporción de impuestos que pagamos los chilenos personas naturales en relación con el volumen del producto interno bruto? Se escuchan diversas opiniones en el sentido de que pagamos muy poco en comparación con economías de Europa más desarrolladas económica y socialmente, razón por la cual deberíamos hacer una reforma tributaria que nos subiese los impuestos personales. “Que paguen los ricos y los poderosos”, dicen los líderes estudiantiles de izquierda. También se escuchan reflexiones en el sentido que si bien tributamos menos que lo que se tributa en las economías del bienestar, pagamos demasiado en proporción al monto de nuestros ingresos, lo que justificaría que se rebajaran nuestros tributos.
No tengo mucha claridad sobre cuál es la opinión más valedera, pero parece que se trata de un problema de proporciones. Si yo ganara 30 millones de pesos al mes—que es lo que se rumorea obtienen algunos académicos reputados de la Universidad de Chile entre rentas, proyectos de investigación y participaciones en prestaciones de servicios y es lo que ganan altos ejecutivos e integrantes de jugosos directorios—me daría lo mismo que el Estado se llevara hasta un 50 % de mis ingresos, porque con el otro 50% viviría como un rey (digamos más ajustadamente, viviría).
No debemos estar tan mal con nuestros impuestos bajos después de todo, dado el estado calamitoso en que se encuentran hoy por hoy las economías del bienestar europeas con sus impuestos altos y su enorme gasto social. Pobre griegos, italianos, españoles y portugueses que se ha gastado lo que no tenían tratando de parecer lo que no eran. Pobres alemanes, franceses, belgas, holandeses y demás, que van a tener que pagar una fiesta a la que no fueron.