viernes, 15 de junio de 2012

LOS ODIOS EXCLUYENTES:

Una conversación tensa y desagradable con un estudiante a propósito de mi último blog, me hace revisitar el tema del odio en nuestra sociedad  y me impulsa  hacia la búsqueda de sus fundamentos. Me  impresionó que un muchacho tan joven pudiese sentir tanto odio por tantas cosas. Y no puedo menos que pensar en lo que podría llegar a ser y significar esa enorme odiosidad, de realimentarse con los años sus pulsiones presentes. Pero me impresionó más todavía, su enorme desconocimiento de la realidad de las cosas, su completa cerrazón ante las verdades evidentes y su perfecto adoctrinamiento político de corte extremista. Me di cuenta que había sido espectacularmente bien instruido en una línea de pensamiento, adiestrado en el uso de una retórica combativa y convencido de la validez de una serie de dogmas pero, sobre todo, caí en cuenta que había sido preparado para odiar hasta el extremo del sacrificio.

Sentí su odio y aunque me di cuenta que en ese momento no estaba dirigido mí, me atemorizó por más que lo disimulara como se disimula un garrote puesto en la espalda. No pude menos que recordar a algunos de  los jóvenes de mi época universitaria, que extraviaron o perdieron sus vidas actuando como brulotes de intereses partidarios, que no vacilaron en usarlos como munición en una guerra sucia que tuvo resultados terribles. Intereses  partidarios y personajes que sobreviviendo a la crisis, han vuelto y mueven los mismos hilos en las sombras.

Que los chilenos no entendemos nuestra circunstancia, no es ninguna novedad. Los personajes por los que votamos prueban nuestra superficialidad y  las figuras y los temas que nos interesan, revelan nuestra pobre inteligencia. El problema es que no entendemos bien lo más esencial de los fenómenos que tienen consecuencia en nuestras vidas, limitándonos a  existir al margen de la corriente.  No entendemos cómo funciona la política, cómo opera el mercado, de qué manera se mueven las finanzas, cuáles son los problemas verdaderamente relevantes, cuáles son las tendencias del mundo contemporáneo, qué eventos van a influir efectivamente en nuestra vidas y de ninguna manera, qué actitud deberíamos tener ante el futuro. Por el contrario, manejamos información sesgada y tenemos ideas y convicciones basadas en encuestas de opinión (que son expresión de esa ignorancia), tenemos cierta conciencia ambiental porque es políticamente correcto, nos preocupamos por la ecología porque está de moda, del peligro del calentamiento global porque vimos el documental de Al Gore y tenemos una opinión sobre las empresas, los empresarios, el lucro, la explotación,  las centrales hidroeléctricas y un montón de tópicos más, pero de manera ciertamente liviana y superficial.  Sin embargo, estamos dispuestos a salir a la calle y romper lanzas por esas ideas y a odiar a los que no las comparten, primero con pequeños odios y luego, poco a poco, con odios excluyentes.

El que odia  por razones ideológicas, religiosas o  políticas, siente un odio excluyente. Excluyente en el sentido que piensa que  el que no comparte sus ideas es el enemigo, un enemigo que no sólo está equivocado, sino que debe ser sometido, anulado y en el extremo, aniquilado. Yo tengo la verdad—piensa el que profesa el odio excluyente—y eso me da el derecho a ir en contra tuya y someterte. Se trata de un fenómeno que cuando se agudiza se vuelve especular: tu me odias por lo que pienso y yo te odio por lo que crees. Y ambos no cabemos en el mundo. Es lo que pasó de lado y lado en 1973 y es lo que podría volver a pasar ahora.

No hay otra forma de matar ese odio, que hacer que quienes odian  comprendan la realidad objetivamente, sin sesgo, sin otro propósito que comprender mediante el libre examen, libremente.

2 comentarios:

  1. ¿Ves?. Lo pudiste comprobar. Son pocos, pero suficientes.

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  2. Muy cierto y están tremendamente preparados para ignorar cualquier razonamiento en contrario.¿Quién los instruyó, cuándo, dónde, en qué momento?

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