miércoles, 27 de junio de 2012

PÁJARO DE CUENTA:

Creo que hacía muchos años no habíamos tenido un desfile de personajes tan siniestros en la política como los que se han dado en los últimos años. No digo que antes no los hubiera, porque algunos de los personajes de antaño se aproximaron mucho a los extremos, sobre todo entre los viejos radicales. Pero hasta ellos se cuidaban del juicio público y decían “no me den, pero pónganme donde haiga”. Es que la conciencia de lo que eran los objetivos de  la política eran muy distintos. Mi padre contaba que cuando fue designado Intendente de Valdivia por Pedro Aguirre Cerda a comienzo de los años cuarenta, al bajarse del nocturno en la estación sureña se encontró conque el chofer de la Intendencia lo esperaba en una victoria tirada por caballos. Resultó que   el Intendente saliente se había llevado para su casa  el auto oficial y los muebles de la residencia, por lo que mi progenitor tuvo que recurrir a la justicia para convencerlo que no podía apropiárselos así nomás.  De chico recuerdo muy bien  de las frecuentes elecciones los acarreos de huasos en carretas y camiones a los locales de votación, los sobres brujos  para asegurar el voto y los billetes cortados por la mitad para pagarlo, así como las empanadas y los potrillos de vino tinto en los clandestinos de la Provincia de Colchagua. Recuerdo también a algunos insignes operadores, de lujosos ternos a rayas  y grandes sombreros, más próximos al gangsterismo que al partidismo, a los que se recurría en caso de necesidad para torcer un poco la nariz a la ley.

Siempre me pareció que el Senador era de la misma especie, tal vez por un cierto aspecto ratonil y piratezco en el que no desentonarían ni el parche en el ojo, ni el gancho, ni la pata de palo. Algo había en él que me recordaba a los personajes patibularios de mis historias de niño…Tal vez la barbita rala, la mirada levemente estrábica, las facciones un poquitín orientales (los malvados en mis historias solían ser chinos) y desde luego, la compañía de otras buenas piezas de las que el parlamento está lleno.  No me gustaba, pero me pareció prejuicio decirlo hasta que comenzaron a aflorar las historias: el feo asunto del franqueo de las cartas con cargo al Congreso, el affaire de las facturas falsas en la elección parlamentaria, el turbio asunto de la compra de zapatillas al eventual testigo del caso Spiniak, el auspicio de la toma estudiantil del antiguo edificio del Congreso en las revueltas de  2011, por recordar los episodios más vistosos.

Ahora, gracias a la confesión de algunas de sus víctimas, comienzo advertir que más que prejuicio, mis pulsiones eran puro instinto. El ex Ministro Velasco, el ex Ministro García han comenzado el desenmascaramiento acusando al Senador de practicar el clientelismo y presiones con rasgos de chantaje , con lo que se suma otro pecado a los descritos. Se trata ya, nada menos que de un prontuario político que da que pensar y que está necesitando de foto de frente y perfil. A la vista de lo que ocurre hoy por hoy en materia  de delincuencia, no  hay duda de que tenemos los representantes que nos merecemos.

Que en el fragor de las candidaturas se están comenzando a pagar cuentas, quién lo duda; que detrás de la mención de Velasco al clientelismo y las malas prácticas del Senador  hay una estrategia, quién lo niega;  y que se trata de un pájaro de cuenta y de cuidado, quién no lo sabe.

1 comentario:

  1. Lo mas preocupante de toda la historia del susodicho Senador, no son sus actitudes, es la aparente imposibilidad de impedir que un personaje de esta calaña pueda seguir ejerciendo cargos públicos.

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