sábado, 26 de mayo de 2012

LA LÓGICA DE LOS CORALES Y LA POLÍTICA DE DESARROLLO URBANO


Por estos días se ha puesto en funcionamiento una Comisión de Expertos que tiene el cometido de sentar las bases de una nueva Política Nacional  de Desarrollo Urbano que cubra la brecha que se ha generado en el manejo de las ciudades a partir de 1985, cuando se dictó la última normativa. En ese  año se realizaron los esfuerzos en ese sentido con la dictación de una Política  Nacional De Desarrollo Urbano que fue derogada mediante un Decreto del año 2000 por  el Gobierno de Ricardo Lagos. Se trata de un asunto urgente, porque desde ese momento se ha venido  generando una ilógica en el desarrollo de las ciudades por la combinatoria de la inoperancia del viejo modelo de los Planes Reguladores—estáticos y poco flexibles, manipulables y poco respetados—  y el desarrollo de los  apetitos especulativos de los agentes inmobiliarios, todo ello en el marco de  la irracionalidad de los entes públicos y privados.

Se trata de una enfermedad urbana sobre la que se tiene que diagnosticar profunda y detenidamente para evitar que el tratamiento termine por matar al enfermo.

Los arrecifes coralinos tropicales, especialmente en los atolones del Pacífico Sur, son hábitats delicados e inestables, principalmente porque el nicho ecológico en que se desarrollan está lleno de estrecheces y limitaciones: por una parte los arrecifes en los que pueden medrar tienen espacios limitados—no en vano son los restos de calderas volcánicas o bordes de cráteres extinguidos—de modo que los corales deben maximizar como pueden la superficie de espacio disponible; por otra parte se trata de zonas oceánicas muy profundas donde las rocas situadas a las profundidades adecuadas  para el desarrollo de los pólipos son escasas;  por último la banda de temperatura de las aguas en que esos organismos pueden habitar, es bastante estrecha. Como resultado, los corales desarrollan una serie de estrategias más o menos exitosas compensando los inconvenientes y manejando bien los problemas del crecimiento de las poblaciones: desarrollan densidades extremas, crecen sobre los restos de sus predecesores, forman estructuras en altura con la forma de columnas huecas que mejoran la gestión de las corrientes y se organizan en estratos que parecen árboles que no hacen sombra a los corales que dejan debajo y consiguen el mismo efecto.

Son conglomerados que guardan cierta semejanza con las grandes ciudades llenas de casas y edificios, hasta el extremo que muchos arquitectos utopistas utilizan el ejemplo de los corales para justificar el hecho que las aglomeraciones urbanas densas y concentradas no sólo son posibles sino inevitables. Incluso serían ideales en la medida en que  pudieran solucionar el problema que la naturaleza  ha resuelto en el caso de las aglomeraciones de  corales : los pólipos no necesitan, digamos,  moverse de su escritorio, porque el mar les trae el alimento hasta la misma puerta. El sistema se autoregula, porque si los corales superan cierta densidad y al hacerlo alteran la física de las corrientes, el alimento deja de llegar y el arrecife muere.

Enfrentados al crecimiento urbano desmesurado, tal vez podríamos aprender de los corales. Deberíamos abocarnos diseñar normas que impidiese que los  enormes edificios y los centros comerciales desmesurados alterasen  las buenas corrientes del ambiente social y la física de la adecuada convivencia y por el contrario las mejorasen.  Y deberíamos  contar con sistemas de trabajo, con sistemas de servicios y con equipamientos que redujesen efectivamente las necesidades de movimiento y transporte. ¿Estructuras urbanas policéntricas estructuradas por espacios verdes? ¿Vías estratificadas y especializadas  capaces de seleccionar tipos de tránsito, velocidades y destinos? ¿Manejo de las brisas locales? ¿Control de la humedad y las corrientes de convección? ¿Trabajo a distancia por la red? ¿Centros educacionales locales de calidad garantizada que eviten generar viajes estudiantiles?

No le envidio el trabajo a los expertos que, casi se puede apostar, se equivocarán. 

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