miércoles, 2 de mayo de 2012

¿CUÁNDO REBALSARÁ EL VASO?

La gota que rebalsa el vaso es una imagen literaria popular que alude a cuando un límite   se sobrepasa, una cuerda se corta, la paciencia  se agota, el aguante  falla y algo cambia de manera significativa. Mi madre siempre me advertía cuando yo estaba colmando el vaso y cuando eso ocurría, siempre cazaba algún coscacho volador, maternal, pero doloroso.

La figura me ha venido a la mente este Día del Trabajo, al ver a los encapuchados destruir locales privados y bienes públicos con entera impunidad, protegidos como están por el embozamiento y por la justicia que—eso hay que aceptarlo—sin  pruebas suficientes, no puede hacer más de lo que hace. Me lo recordó la declaración de un transeúnte captada por un notero, que decía que lo que quedaba por hacer era dispararles a los revoltosos y la de otro, que comentaba que habría que colgarlos en las esquinas  porque no eran ciudadanos sino bandidos.

La verdad es que llama la atención que alguien no lo haya hecho ya. Por eso hay que suponer que los chilenos o somos muy bien nacidos o muy temerosos de la ley. Los brasileros, más tropicales y pasionales, no se demoraron mucho en hacerlo, cuando hace algunos años aparecieron escuadrones de la muerte que eliminaron sistemáticamente a delincuentes que la justicia carioca dejaba libres. Por estos lados, cuando mucho, algunos habitantes de pisos altos han dejado caer objetos sobre los manifestantes, pero han tenido que soportar  represalias violentas.

Evidentemente la fuerza pública no quiere problemas ni con la opinión pública—tan veleidosa ella—ni con la Justicia—tan ecuánime ella—, porque nadie me va a convencer que un cuerpo militarizado no pueda desarrollar una estrategia para encerrar a los revoltosos con un movimiento de tenaza y capturarlos. Con esa duda consulté a un amigo que por haber usado uniforme sabe de esas cosas y  recibí la siguiente explicación: “No quieren capturarlos, quieren disuadirlos; capturan una muestra de los más violentos o los que pueden identificar por su atuendo para acumularles arrestos que permitan a los jueces de garantía dictar medidas cautelares. De ninguna manera quieren tener problemas con sus armas, porque quienes tienen el derecho a portarlas son, los que más deben cuidarse de utilizarlas”.

Cuando le argumenté que en ese caso estábamos secuestrados por los violentistas sin remedio, ya que el sistema les aseguraba la impunidad, me aclaró que la impunidad de un encapuchado y mi libertad personal se diferenciaban sólo en grado, garantizadas como están por la norma constitucional que impide encausar por sospechas.

Entonces, el peligro de que el vaso se rebalse, sigue latente.

1 comentario:

  1. Hay una película antigua de Charles Bronson, “el vengador anónimo”. Creo que fueron dos o tres películas. Al paso que vamos, cualquier día terminamos en lo mismo. Falta hace.

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