miércoles, 16 de mayo de 2012

BOZA

Como arquitecto no puedo menos que comentar los dichos de Cristian Boza, hasta hace un par de días Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastian, en los que, según La Tercera,  “cuestiona la capacidad educacional de los alumnos de la Carrera” porque “el segmento y el perfil que va a esta Universidad no tiene cultura, no tiene sofisticación…”.  Sus expresiones vertidas en la  última revista Vivienda y Decoración de El Mercurio, causaron la molestia de estudiantes y profesores y determinaron que la Universidad le pidiera la renuncia  de su cargo.

Lo primero que se me viene a la mente es decir que Boza empleó un lenguaje poco cuidadoso para referirse a una cuestión objetiva y verdadera que tiene que ver—más allá de la molestia que decirlo pueda causar entre estudiantes y profesores—con el bajo nivel de muchos de quienes acceden a la educación superior. Ese bajo nivel es la consecuencia de la pésima educación que ellos han  recibido y  que recibieron en su momento sus padres. Conste que no me refiero a la capacidad ni a la inteligencia potencial de esos estudiantes—que no pongo en duda—sino al grado en que la han desarrollado como herramienta útil y efectiva. La inteligencia es como el cuerpo,  que  si no se  ejercita se atrofia cualesquiera que sea su potencialidad. Y la función de un sistema educacional—más allá de entregar información y contenidos—es activar las potencialidades personales ejercitándolas de manera de abrir las mayores oportunidades a los educandos.

Boza reconoce que en su diseño del Plan de Estudios de la Carrera de Arquitectura de la Universidad San Sebastian se equivocó en un  tema “al configurar un programa de arquitectura top”, como dice en su entrevista  a VyD. Ese programa implicaba unas exigencias que no encajaron con el perfil de los estudiantes, dado el estrato social de su proveniencia. Eso sin duda es cierto y ocurre igual en muchas carreras de todas las universidades chilenas, lo que habla de la urgente necesidad de cambiar los enfoques, niveles, contenidos y alcances de los planes de estudio de la educación superior adecuándolos a las posibilidades del universo real de los estudiantes. Sin duda en el momento de diseñar su plan,  Boza tuvo a la vista sus vivencias, su universidad, su nivel cultural y su utopía y no la realidad.

Lo segundo que se puede comentar—de ser cierto lo que comenta La Tercera en relación a  “la molestia manifestada por alumnos y profesores de la universidad San Sebastian por las declaraciones dadas por el Decano de la Facultad de Arquitectura  Cristian  Boza Díaz,  a la revista Vivienda y Decoración de El Mercurio”—es que nos encontramos con el nivel de hipocresía habitual es esta sociedad. No puedo creer que los estudiantes no reconozcan sus limitaciones culturales y que los profesores no reconozcan lo que salta a la vista, más allá de las palabras de Boza y su mención al hijo del camionero. Cualquier docente universitario tiene que reconocer la falta de preparación promedio de los estudiantes,   que se expresa en una proporción significativa de los casos en escaso vocabulario, poco manejo del lenguaje, poca habilidad para manejar conceptos, baja tolerancia a las exigencias, malos hábitos de estudio y baja comprensión de lectura. Estas limitaciones se  traducen en la inclinación a buscar atajos, copiar, tratar de salir del paso sacando la nota mínima, superar el momento a como de lugar y en fin, ir a otra cosa, extraviando oportunidades.

Las investigaciones sobre la inteligencia humana revelan que los mecanismos mentales con los que piensa el físico teórico que investiga en la frontera del conocimiento y el aficionado  a los video juegos o el fanático del futbol son los mismos. Pero no lo son las motivaciones ni el producto de sus pensamientos, con consecuencias dramáticamente diferentes en términos personales y sociales.

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