martes, 8 de mayo de 2012

CUESTA ABAJO POR LAS ENCUESTAS:

Las posibilidades son dos y Ud. tiene para elegir: o la popularidad, confianza, apoyo, reconocimiento, etc., del gobierno de Piñera—digamos el mensaje— tienen  una tendencia a la baja sostenida que no se puede evitar por razones de largo detalle o la encuesta Adimark—digamos el mensajero—se  equivoca, sea en la metodología, sea en la muestra del universo. Habida cuenta que Roberto Méndez no es un opositor al Presidente, esta segunda opción es poco probable (aunque no imposible), de modo que no cabe sino pensar que el asunto no tiene remedio y que la poca llegada que don Sebastian tiene con el gran público es tan inexplicable como la enorme popularidad que doña Michelle tiene con él.

Tiene sentido, entonces, mi tesis que postula  que como los chilenos opinamos  visceralmente, no se nos puede exigir lógica ni menos, que nos orientemos ciegamente por las encuestas.

Las encuestas tienen varios problemas que resulta muy técnico analizar en profundidad, pero que no deben olvidarse. A la postre no son otra cosa que fotografías parciales (en sentido figurado, claro) de un momento de la corriente de opinión,  que no consultan a todo el universo, sino a una parte que se denomina “muestra representativa”. Como consultar  a todos los ciudadanos sería económica y operativamente imposible, les preguntamos generalmente al azar a algunos escogidos—la muestra—,  y proyectamos sus respuestas a la ciudadanía—el universo—. Por eso las encuestas siempre van a acusar algún sesgo,  aunque sus diseños y  metodologías intenten corregir  la desviación.

Dicho en simple, las encuestas  tienen problemas de oportunidad y  problemas de diseño. No me voy a meter en comentar los problemas de diseño porque también son de  nivel muy técnico, pero respecto de la oportunidad de las encuestas, algo se puede decir. Si se hace una encuesta  sobre un tema en el que el encuestado no tiene mucha información, la consulta puede resultar inoportuna y poco confiable sobre todo en este país, porque los resultados van a estar inevitablemente sesgados por la posibilidad que el consultado opine lo que se le ocurra, por temor a mostrar ignorancia. Si en cambio se hace una encuesta sobre un tema en que el consultado tiene mucha  información, sea por la opinión de otros, sea sobre  los resultados de encuestas anteriores o similares, existen grandes probabilidades de que las respuestas tengan un marcado sesgo hacia esas opiniones o esos resultados anteriores. Esto  porque a la gente le gusta demostrar conocimiento y ganar. Sienten  que demuestran ese conocimiento cuando se apropian de las opiniones ajenas y  se sienten ganadores cuando reafirman lo que saben es opinión general.

Me acuerdo de un huasito al que le pregunté una vez porque creía que existía el chupacabras. Me contestó que porque todos creían que existía el chupacabras. Eso me lleva a pensar que el tema resida en que tal vez las encuestas sobre el tema de la popularidad, la confianza, el respeto, en fin, por el Gobierno, el Parlamento y la Justicia, se estén realimentando, de la misma manera que, sobre todo en épocas de crisis, se realimentan las decisiones de inversión ante la situación del mercado.

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