De acuerdo con el diccionario del léxico popular informal, “conspiranoico” es aquel que ve conspiraciones por doquier y además, se siente perseguido por todos. Conozco a varios personajes del género y suelo escucharlos atentamente, porque de cuando en cuando, sus ideas aciertan o, por lo menos, abren derroteros en el ámbito de los posibles. Por lo demás, con tanto pillo y fresco profitando por ahí, no es raro acertar cuando uno piensa lo peor.
Uno de mis corresponsales más consultados—un viejo zorro, baqueteado por la vida, hereje practicante, escéptico persistente, separado mental, explotado por los hijos y maltratado por la señora y además informado, culto, leído y entretenido—me transmitió hace unos días dos ideas interesantes: la primera, que si se quiere la verdad respecto del accidente de Juan Fernández hay que mirar hacia donde la Fach no quiere que se mire; la segunda, que en la puesta en escena de los últimos escándalos—entre otros los falsos exonerados y el reciente problema de la Corte Suprema y la grabación de Juica hablando de no irse a las pailas, por ejemplo—hay un diseño inteligente, una estrategia cuidadosamente estructurada para generar un ambiente, un clima de opinión, que favorezca o perjudique de manera indirecta, respectivamente al Gobierno y a la oposición.
En el caso de accidente—dice mi corresponsal—hay que mirar la cosa en dos dimensiones: la de los hechos contingentes y la de los efectos derivados. En relación con los hechos, desde el punto de vista del principal involucrado—la Fach —hay que manejarlos pensando en cómo achacar la culpa a otros y en cómo salvar la imagen de la Institución ; en lo que dice relación con los efectos derivados, hay que saber utilizarlos para ajustar cuentas pendientes al interior de la Institución. Así expresado, echarle la culpa al clima y las condiciones del aeropuerto y no tocar a la Teniente Fernández , cumple con la primera condición; echarle la culpa al Teniente Mallea, cumple con la segunda. En ese prospecto ¿adónde mirar para saber la verdad? A aquello donde no se quiere se mire o se ha dado por superado, es decir, el peso efectivo del avión cargado y su combustible.
En el caso de los escándalos—agrega muy seguro—hay que mirar adónde apuntan los dardos y se verá que casi todos apuntan hacia los gobiernos de la concertación o hacia personajes que, como Mayne-Nicholls y Bielsa, ofendieron al Presidente o a su coalición, de manera que se les comienza a pasar la cuenta. Así, Navarro denunció a la Van Rysselberghe por entregar falsos certificados, Navarro está siendo puesto en evidencia por entregar información falsa en el caso de los exonerados truchos; Juica fue descortés con el Presidente electo cuando no fue a saludarlo el 2010; Juica esta siendo puesto en evidencia por sus dichos en un asunto de platas que puede ser complicado para el Poder Judicial.
Si yo tuviese una cuenta pendiente con el Gobierno o con el Presidente—concluyó mi corresponsal—trataría de que los acontecimientos me pillaran confesado. Por mi parte voy a analizar los acontecimientos para tratar de ver si lo que ocurre en adelante encaja con la teoría expuesta. ¿Quién le dice que la salida de Guillet de TVN no sea un hecho de la causa?
En lo de la Fach, estoy de acuerdo, proteger a la Teniente es vital, por que es lo "políticamente" correcto, y es que siendo la más antigua de la tripulación, su nombre no aparece, sus antecedentes no existen, etc. No es lo mismo, pero cosas parecidas sucedieron en USA, en la Marina, cuando las mujeres fueron autorizadas a volar aviones de combate, por regla general, si había un accidente, siempre eran "otros" los culpables.
ResponderEliminarSi tu amigo está en lo cierto, ¿quien será el Luca Brasi de palacio?.
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