El profesor Daniel Simons, de la Universidad de Illinois, U.S.A., desarrolló a fines de los años 90 del siglo pasado, un notable experimento orientado a demostrar el escaso valor del testimonio de testigos presenciales de ciertos eventos impactantes como crímenes y accidentes. Lo que pretendía destacar era que un elemento esencial en el proceso de Justicia norteamericano, como es la declaración de testigos, podía llevar a los jurados a errores terribles. La demostración de la inocencia de varios procesados declarados culpables y condenados hecha con ayuda de las pruebas de ADN, había puesto el asunto en discusión.
El experimento consistía en hacer que unos observadores miraran un video y trataran de llevar la cuenta de los pases que se hacían los integrantes de uno de dos equipos de jugadores dispuestos en un círculo pequeño, en que los vestidos de blanco se pasaban una pelota y los vestidos de negro otra, mientras todos los jugadores cambiaban permanentemente de lugar.
El proceso duraba unos 25 segundos y una vez terminado, los testigos anotaban los pases contados. Entonces el director del experimento declaraba cuál había sido el número real de pases efectuados para que los observadores comprobaran su resultado y preguntaba por el gorila. Generalmente se producía un enorme desconcierto, porque nadie había visto a un gorila. Entonces se repetía el video indicando a los observadores que no pusieran su atención en el juego, sino en lo que ocurría más allá de este. Sorprendidos los testigos veían entonces a una persona disfrazada de gorila que entraba en escena desde la derecha, más o menos a los diez segundos de iniciado el juego, pasaba entre los jugadores hasta el centro del círculo, miraba a la cámara, se golpeaba el pecho y se iba por la izquierda tranquilamente mientra el juego seguía.
Simons probó que los observadores directos no eran tan fiables como lo son las pruebas indirectas, que de paso son el material con que trabaja la ciencia. Demostratum est, habría dicho mi profesor de matemáticas.
Traigo el cuento del experimento de Simons a colación, porque tengo la sospecha que en todo este conjunto de sucesos que hemos vivido en estos últimos meses—paros estudiantiles y pérdida de clases, tomas de liceos y universidades, marchas y demostraciones sociales, asonadas de encapuchados, declaraciones de los actores de la política y contradeclaraciones del Gobierno—se nos han estado pasando desapercibidos montones de gorilas, concentrados como estábamos en los hechos aparentes y no en el panorama general. Le nombro un gorila como muestra: lo que está pasando en Perú.
¿Los árboles no dejan ver el bosque? Recuerdo otros estudios, sobre unos casos en que niños acusaban a sus padres de toda clase de depravaciones, al final se comprobó la falsedad de esas declaraciones, lo que puso en tela de juicio el valor de los niños como testigos, no fue menor el que se recordaran los juicios por brujería en Salem, en el siglo XVII
ResponderEliminarPor otro lado, si bien no es un gorila, solo hoy, con respecto a las marchas y el “masivo” movimiento estudiantil, el impresentable bulnes hizo mención a que en el momento más álgido, menos del 10% de colegios estaban en toma.
Y tiene razón, muchos lo dijimos en su momento, pero es más fácil negarse a ver la evidencia, humala por fin, esta siendo humala.