domingo, 4 de diciembre de 2011

DESEQUILIBRIOS Y TORCIMIENTOS SENSIBLES:

La realidad nacional está llena de desequilibrios. Casi todo está torcido por eso. Las circunstancias y las personas están desenfocadas, deformadas y dañadas.  Las opiniones se sesgan, las relaciones se enturbian y el odio, que es la resultante de los desequilibrios y los torcimientos, se enseñorea en el ambiente.

(Confieso aquí,  que odio a ciertos personajes: a tres o cuatro senadores, a una docena de diputados, a los presidentes de casi todos los partidos, a cincuenta políticos, a cuatro o cinco integrantes estables  de foros y paneles, tres o cuatro opinólogos, un par  de animadores de canales de televisión y a casi todos los de Tolerancia Cero. Quisiera no verlos ni escucharlos más . De hecho lo hago cuanto puedo y cuando aparecen en pantalla cambio de canal, si los oigo en la radio corto el programa, me salto la mención en los diarios y hasta evito pensar en ellos, aún a riesgo de quedar desinformado.)

Comento un par de esos desequilibrios…

Hay un desequilibrio histórico esencial difícil de remediar entre la izquierda y el gobierno militar. Estrictamente los militares le hicieron un favor enorme a las izquierdas y se auto infligieron un daño terrible al intervenir como lo hicieron: derrocaron al gobierno de Allende antes de que se hubiese completado  su programa y antes de que las consecuencias de sus políticas extremas hubiesen llevado las cosas a un punto de no retorno—las cosas habrían podido ser muchísimo peor de lo que fueron, si no, veamos Cuba—echándose encima la tarea de arreglar el entuerto a la vez que la de controlar la reacción de los perdedores. El resultado, como en todo proceso en que el tiempo juega y la perspectiva no es suficientemente larga para poner las cosas en su sitio, se generó un desequilibrio en las percepciones que ha tenido expresión en los sentimientos nacionales, siempre superficiales e inestables : nos hemos olvidado de las privaciones y sufrimientos que experimentamos por los abusos de los primeros y tenemos muy presentes las violaciones a los derechos humanos  de los segundos. Entremedio, nos olvidamos de los beneficios y ventajas del cambio desde el estatismo al modelo de mercado, hasta el extremo que muchos postulan volver a esas prácticas  largamente superadas por la historia.  Y eso tiene expresión a nivel de la orientación de la política, el juicio que se hace de la economía, la justicia de la justicia y las proyecciones del futuro.

Otro ejemplo de desequilibrio:  a nivel de los canales de televisión, algunas radioemisoras, montones de diarios y varias revistas, que se supone deben informar y comentar objetivamente, sobre todo cuando tienen financiamiento o propiedad pública (no me refiero a los medios comprometidos) se aprecia un abierto sesgo hacia una u otra  de las posturas, sin que medie alguna declaración sobre la tendencia del medio. Los rostros conocidos encubren las intenciones y las apariencias disfrazan las tendencias, de manera que solapadamente se venden las pomadas.  Desde los titulares al desarrollo de las noticias se puede percibir el sesgo interesado. El extremo está en un par de programas políticos de fin de semana en que los moderadores (este es un eufemismo) se sientan al medio entre los representantes de la Concertación y la Alianza, cuando deberían sentarse hacia la izquierda. No en vano son esposas y hermanas de destacados políticos de esa facción.

En realidad, no nos deberíamos quejar, porque la realidad es siempre desequilibrada: hay muchos más pobres que ricos, en materia de haberes y espíritus; hay muchos más feos que lindos, de alma y de cuerpo y hay muchos más tontos que listos. Y los buenos no abundan tanto como los malos. Al fin, es lo que hay…

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