Un experimentado observador me aconsejó que cada vez que se suscitase un hecho notable o significativo en la realidad nacional, hiciese el ejercicio de cruzarlo con otras noticias, porque de seguro detectaría relaciones sorprendentes. Intrigado, se me ocurrió cruzar la buena nueva que dio a conocer la Ministra del Trabajo cuando informó que últimamente se había reducido el número de licencias médicas, que desde el año 2004, durante el gobierno de don Ricardo, había venido aumentando sostenidamente y que había anotado algunos records durante el gobierno de la Presidenta Bachelet. La reducción de un 4 % significaba, pese a lo marginal del porcentaje de licencias, un ahorro considerable de recursos para el Estado, porque seguramente se concentraba en licencias caras.
La evidencia consultada no dejó en claro que hubiese una relación entre la rebaja del número de licencias y un eventual mejoramiento de los índices de salud, que de hecho no se ha producido. Tampoco detecté correlación alguna entre la comentada reducción de licencias médicas y una disminución brusca de los embarazos, de las apendicitis y ni siquiera de los índices de mortalidad, que bien pudiesen haber explicado el cambio. Ni siquiera fue posible establecer una conexión entre la baja del número de licencias y una hipotética disminución en el número de médicos inclinados e extender licencias, porque de hecho, cada vez hay más médicos dispuestos, pero no más licencias.
El misterio me obligó a ampliar el ámbito de mi búsqueda de explicaciones a diversos escenarios, razón por la cual exploré numerosos diarios del último tiempo y muchas páginas de Internet. Incluso consulté a mis gurus personales y a algunos corresponsales generalmente bien informados… ¡Pero nada!... Y de repente, en letras de molde, ahí estaba la posible explicación en boca del Presidente de la ANEF Raúl de la Puente que denunciaba, a principios de diciembre de 2011, “más de 1500 despidos de funcionarios de la administración pública, justo cuando el sector exige estabilidad laboral y mayores salarios”.
Ud. se preguntará cuál es la relación. Pues bien: imagínese que los despedidos fueran en su mayor parte de esos contratados fantasmas agregados a las plantas de diversos organismos, que recibían sueldo regularmente sin desempeñar función alguna ni asistir al trabajo, como parte de pagos políticos en gobiernos pasados. Imagínese que esos falsos funcionarios, a los que nadie ubicaba y nadie controlaba ni conocía pero que tenían su documentación laboral en regla, quisieran incrementar sus ingresos ¿Cómo lo podrían hacer sin despertar sospechas? ¡Claro, Ud. lo ha adivinado, pidiendo licencias médicas, muchas licencias médicas, licencia médicas caras por sus buenos sueldos! ¿Quién lo notaría? ¿Quién lo sabría?
Y de repente llega este Gobierno—que nadie esperaba que ganara—que escarba en las plantas heredadas, descubre el enjuague y comienza a echar calladamente a los frescos. ¿Quién va a protestar fuera de la ANEF ? ¿A oído de algún reclamo personalizado? Y luego de los despidos, como carambola rocambolesca, naturalmente cae el número de licencias médicas para felicidad de la Ministra Matthei.
Sea la farsa del calentamiento global, las protestas contra HidroAysén, o lo que ha encontrado con las licencias, la regla es la misma.... seguir el dinero.
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