martes, 3 de julio de 2012

VIRTUDES PÚBLICAS, PECADOS PRIVADOS:

Uno de los riesgos que las personas comenzamos a enfrentar, en la medida en que por una parte la tecnología y por otra la necesidad de transparencia van borrando la antigua delimitación entre lo público y lo privado, es que las virtudes y los pecados comienzan a mostrarse por igual. Ya no hay closets seguros donde ocultar los esqueletos o las preferencias sexuales y tampoco el tiempo transcurrido, que hasta hace poco bastaba para  ocultarlo todo, puede resguardar los secretos, las debilidades o los crímenes cometidos. No poco ha tenido que ver en esta realidad el esfuerzo de la izquierda por evitar el olvido y sacar a la luz todos los viejos pecados del régimen militar que, como era de esperar, ha generado acciones en respuesta. El hecho es que ya sea por conveniencias políticas—a la vista están los dichos de Velasco sobre Girardi—o por indignaciones personales—a la vista están las denuncias sobre las conductas de Karadima—los pecados privados  han comenzado a salir a la luz   empatando con las virtudes públicas.

Pocos casos de conflicto entre las virtudes públicas y los pecados privados podrían tener más impacto que el del proceso por  denuncias de abusos sexuales  en contra del sacerdote Cristian Precht Bañados.  Secretario de la Comisión Pro Paz  creada en 1974 por el Cardenal Silva Henríquez  para la defensa y promoción de los derechos humanos y luego encargado de la Vicaría de la Solidaridad creada en 1976 por el Papa a pedido del mismo Cardenal  para prestar asistencia a las víctimas de Pinochet, Precht Bañados se erigió en el símbolo del valor personal—no era así no más enfrentarse al régimen—y  en el defensor de los mejores  valores humanitarios orientados a la defensa de los derechos de las personas. Puso en el lenguaje de cada día el concepto de los derechos humanos, que hasta entonces tenía un sentido relativamente vago y lejano e hizo por la derrota del General mucho más que de lo que hicieron muchos políticos que luego se llevaron el premio del poder.

La acción de  Precht Bañados fue todo un símbolo que la izquierda enarboló como lábaro de la actitud ética y epítome del triunfo moral sobre la dictadura. Por eso los motivos de la investigación canónica en su contra—un abuso sexual cometido precisamente en los años en que la Vicaría de la Solidaridad desarrollaba su acción—tienen un efecto tan devastador.

Desde luego que el caso es un episodio más de una seguidilla de escándalos que han agobiado a la iglesia, a las instituciones y a las empresas, seguidilla que con toda seguridad tiene muchos capítulos pendientes por una doble presión que crece día a día: la presión de los que buscan justicia en su más amplio sentido y la presión de los que buscan la noticia en su más impactante expresión.

Los virtuosos pueden sentirse seguros, pero los pecadores, deberían temblar.

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