martes, 17 de julio de 2012

LLENAR LA VACIEDAD:

¿Qué  hace que el discurso de ciertos comunicadores  parezca tan atractivo y logre   convocar a tantos seguidores incondicionales y en oportunidades ciegos? ¿Dónde reside el atractor, la fuerza que concitan? ¿Está en el emisor, que con  su carisma conquista, enamora u obnubila? ¿ Está en mensaje, la palabra o el razonamiento,  por lo que esta   informa,  revela o clarifica? ¿O se trata de una vaciedad de que adolece el receptor, que ansía experimentar la plenitud y se bebe el discurso para aplacarla?

En nuestro mundo nos encontramos con cada una de estas situaciones en conjunto y por separado, como lo hemos podido comprobar, para no retroceder más, en los últimos 20 siglos. Cristo reúne todas las potencias: la del carisma, la del contenido y la del hambre del mensaje. Sus seguidores lo esperaban anhelosos y por eso, cuando lo vieron venir lo siguieron y lo siguen aún.  Decenas de líderes han sido capaces de atraer con su personalidad, han podido convencer con su mensaje  o han sabido aprovechar la necesidad de plenitud ya comentada, aunque rara vez han conseguido la integralidad del Mesías. En los tiempos que corren, muchos se juegan por imitarlo en su potencia. En los casos más extremos los líderes y caudillos; en el día a día los políticos; eventualmente los intelectuales. 

Hace mucho que en Chile no corremos tras caudillos. Tal vez desde la época de la Independencia. No lo fueron Allende ni Pinochet, por más que ellos mismos o sus seguidores lo pretendieran; tampoco lo fue Lagos por más que se moría de ganas ni la Sra. Bachelet, que si bien no tuvo mensaje, gozó de encanto y capitalizó su género, aunque  la vaciedad se quedó insatisfecha y acrecida. Una enorme vaciedad que por su culpa ha terminado por expresarse en insurgencia y disconformidad.  Para que decir Piñera, que no ha dejado huasca por pisarse pero que no ha conseguido ni siquiera entender el sentido de la vaciedad pendiente.

Pero el vacío esta ahí, latiendo en medio de la convulsionada y cambiante sociedad chilena, presente en la heterogeneidad de clase media, palpitando en la pobreza, amenazando en la desigualdad y desbordándose en la juventud. El vacío está gritando por la necesidad de ser colmado de razones y esperanzas, de promesas y expectativas.  Mezcla de querer entender lo que se quiere entender,  de querer oir lo que se quiere oir  y  de poder creer lo que se quiere creer.

En ese sentido fue interesante la segunda parte del Programa Toleracia Cero del domingo 15, panel televisivo que tiene baja sintonía pero significativo impacto y en el que se reúnen los entrevistados con   cuatro comentadores de gravitación dispar y credibilidad parejamente discutible.  Los comentarios relativos al entrevistado Alberto Mayol en Twister —“Sociólogo Universidad de Chile, Licenciado en Estética Universidad Católica de Chile, Magíster en Ciencia Política Universidad de Chile, DEA Teoría Sociológica Universidad Complutense de Madrid, Dr. © Sociología Universidad Complutense de Madrid. Profesor Asistente Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile, carrera de Antropología y sociología. Investigador Centro de Investigación en Estructura Social. Orientación Investigativa: sociología de la cultura, sociología política” según dice el encabezamiento de su página en Internet—, revelan algo de la vaciedad social comentada. Los comentadores lo pusieron por los cuernos de la luna no tanto por su personalidad—que la tiene—ni por la novedad del discurso, que no pasó de ser lo que habitualmente se argumenta—sino principalmente porque vino a decir lo que esa gente ansiosa de plenitud quería oir en relación con el derrumbe del modelo, que es el título de su reciente libro. Porque aunque la gente no entienda qué es el modelo, quiere que se derrumbe, de la misma manera que quiere  se derogue la ley de la oferta y la demanda. Al fin y al cabo los derrumbes dan oportunidades, como se vio en los días de pillaje tras el 27 F.

Una cosa  interesante: Mayol habla muy rápido, como una pequeña ametralladora, casi sin pausas, casi sin dejar lugar al ajuste de la memoria de corto plazo. Habla a borbotones, como Meo y posiblemente, por las mismas razones.

1 comentario:

  1. Te encuentro razón. Hoy escribí en mi blog del mismo tema, pero de los "hermanitos" Parisi.

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