Una de las razones por las que soy escéptico respecto de la racionalidad de las pretensiones intervencionistas de las izquierdas y algo más inclinado a la lógica del liberalismo de las derechas, es que soy un darwinista convencido. Y conste que pienso que el sistema de mercado no debe ser asociado con una tendencia porque no es una creación humana ni una postura doctrinaria, sino simplemente un resultado natural que se produce entre entidades distintas cuando la relación que sostienen las beneficia a ambas. En ese sentido, el mecanismo del mercado es un elemento de la evolución natural.
No me va a decir Ud. que no hay una relación de mutuo beneficio—una especie de mercado—entre entidades simbióticas que practican un mutualismo armónico, como ocurre en una multiplicidad de casos en la naturaleza, partiendo por nuestra propias células, donde interactúan los mecanismos propios y los de las mitocondrias que, incluso, tienen un ADN exclusivo. Claro que habrá problemas si en la relación se da un comensalismo o un parasitismo excesivo que pueda llegar a perjudicar a uno o a los dos organismos simbiontes, pero si la cosa no se sale de la idea del mutuo beneficio, el mecanismo operará. Lo hemos visto en la economía y lo vemos también en la política. El comunismo podría ser comparado con un parasitismo que termina por matar al huésped y el capitalismo con un comensalismo que lo estrangula y en todos los casos la evolución opera seleccionando por la aptitud para prevalecer.
Es por eso que si pensamos que los sistemas políticos son parte de la evolución natural—que como sabemos es un proceso muy lento pero sostenido, mediante el cual van prevaleciendo los organismos más aptos para sobrevivir en el medio cambiante y dinámico—tanto la caída de los socialismos reales como las crisis cíclicas del capitalismo revelan que se trata de entidades que carecen de la suficiente flexibilidad como para adaptarse, corriendo el peligro de extinguirse como un dinosaurio cualesquiera.
Si en la naturaleza, las adaptaciones graduales al cambio permiten la prevalencia de las especies y la falta de ellas determinan su extinción, en la política y en los sistemas económicos, ocurre lo mismo. Claro, ya se ha dicho, que se trata de procesos muy lentos y graduales que posiblemente superen la expectativa de vida de un observador, razón por la cual, siendo cortoplacistas, nos cuesta visualizarlos. Eso explica que todavía encontremos radicales y democratacristianos deambulando por nuestra política y que subsistan los partidos de extrema izquierda y los de extrema derecha. Lo interesante— como ocurrió con los dinosaurios hace 65 millones de años—es que en el momento en que ellos dominaban el mundo, ya corrían entre sus enormes patas los mamíferos que iban a heredar la tierra.
Creo que en el funcionamiento del mercado—la mano invisible de Adam Smith—hay más de la lógica natural de la evolución que en cualquier idea o ideología política o económica. El mercado no fue creado sino que fue entendido por los economistas del siglo XVIII y va estar aquí cuando todo lo que conocemos haya cambiado o se haya desvanecido. No importa lo que digan los líderes de la izquierda, los dirigentes estudiantes extremistas o los gurues y opinólogos. El mercado va a prevalecer incluso si se lo suprime y se lo restringe.
Lo verdaderamente importante es anticipar lúcidamente cómo van a ser y cuáles van a ser las nuevas especies económicas y políticas que prevalecerán, especies que seguramente ya corren entre las patas de los líderes políticos actuales.
El Mercado fue entendido antes de Adam Smith por los Escolásticos Tardíos de la Escuela de Salamanca, durante el siglo de oro español. Lamentablemente para España y para toda Latinoamérica, luego fue olvidado, hasta que ese pensamiento fue rescatado por los economistas de la denominada escuela austriaca.
ResponderEliminarY aún antes, por Fibonacci y otros italianos del siglo XIV y XV, seguramente por el contacto con la cultura arábica y el comercio. Lo importante es que la gente común reconozca que es un mecanismo espontáneo que marca tendencia y no una invención reciente.
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