jueves, 5 de julio de 2012

EL BOSÓN DE HIGGS:

Dado el revuelo levantado por el anuncio del casi seguro descubrimiento y prueba de la existencia del Bosón de Higgs, me dediqué a leer una serie de doctos artículos escritos sobre la materia por científicos, divulgadores serios y físicos comprometidos en el tema. Confieso que me costó entender el asunto y que todavía no lo comprendo bien del todo Confieso, también, que comprendo menos todavía  cómo el asunto del bosón de Higgs vaya a redundar en beneficios para la humanidad, aunque si se considera en perspectiva,   tiendo a confiar en que efectivamente va a ser así.

Al mismo tiempo me dediqué a   leer en la prensa y a escuchar y ver en los medios radiales y televisivos, los comentarios y opiniones que  sobre la materia emitían periodistas y entrevistados, que en general me parecieron poco precisos, poco informados y—con la excepción de un par de entrevistas a científicos serios—más cargados al impacto noticioso y al tema de “la partícula de Dios”—frase  que parecía elevar a los comunicadores al nirvana—que a la verdad. No se si Ud. lo sabrá, pero Higgs en un primer ensayo publicado sobre su teoría  hablaba de “the damn God particle” y sus editores le sugirieron, por la conveniencia del impacto mediático, quitar el “damn”. El asunto se parece al origen del concepto de “platillo volador” que surgió cuando hacia 1947 un piloto civil que volaba sobre el medio oeste norteamericano vio nueve objetos con forma de bumerang que volaban en formación  a enorme velocidad. Al aterrizar fue a un diario y le contó lo observado al periodista de turno, diciéndole que los  nueve bumerangs parecían hacer un movimiento de saltitos (patitos decimos nosotros) “como  platillos lanzados de refilón al agua”. Por el mismo mecanismo que a los medios les impacta más lo de la partícula de Dios que el mismísimo bosón de Higgs, ese periodista prefirió decir que los objetos desconocidos eran “flying dishes” y de ahí para adelante, los paltillos voladores comenzaron a ser avistado por doquier. Usted podrá comprender, seguramente,  que por eso podemos saber que quien dice que  ha visto un platillo volador, necesariamente miente.

El tema que subyace es la propensión de nuestra cultura a manejar información superficial, incompleta, inexacta, imprecisa, muchas veces falsa y casi siempre inútil, con entera naturalidad. Es una costumbre que se funda a una mala educación general, en la dificultad para leer comprehensivamente, en el desconocimiento de la gramática, la limitación extrema del vocabulario y en general, en cierta dificultad para manejar conceptos complejos o abstractos, como lo puede atestiguar cualquiera que con más de cincuenta y cinco años (excluido Gajardo), todavía haga docencia (las malas lenguas dicen que los docentes con menos de esa edad no lo notan). En algún blog comenté los horrores gramaticales de los noteros de la TV, que caen en el “dequeismo” y el “lacualismo” a cada paso y repiten mil veces la misma frase hecha.  Los dirigentes  estudiantiles, incluso los con buena labia, también caen en el empleo reiterado de muletillas tales como “problemática”, palabra que sirve para todo y se dan vuelta en las ideas y frases hechas. De cuando en cuando les llegan términos salvadores—lucro es la última adquisición—que manejan con generosidad y pronuncian con gozo.

¿Qué le parece lo del  “Bolsón de Higgs” me preguntó un conductor de colectivo? Ante mi sorpresa me explicó que se trataba de un bolsón que contenía montones de partículas infinitesimales que eran la base de la materia, de manera que cuando entraban en contacto unas con otras, adquirían masa, peso y luego otras características. “¿Se da cuenta—me dijo—que si no fuera por la partícula de Dios, seríamos como una sopa de sémola?”… Nada mal como conclusión…

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