viernes, 29 de junio de 2012

¿HACIA DÓNDE CONDUCEN LAS MARCHAS?:

Recuerdo haber visto de joven, hace ya  muchísimos años, una película francesa de esas en blanco y negro que se exhibían en el antiguo cine Bandera, que sobre el fondo histórico del final del reinado de Luis XVI, el affaire del collar de la Reina y el desenlace de la tensión social en la toma de la Bastilla, mostraba el juego de las pugnas políticas y los apetitos de poder, en medio de la indecisión y confusión de la autoridad. Gatillado el proceso, mostraba el derrumbe subsiguiente de las contenciones y resguardos de la institucionalidad monárquica y el lento descascaramiento de la humanidad de los personajes en la medida en que Francia se adentraba en el terror. Concluyendo con el proceso a Robespierre el film dejaba muy en claro, incluso para el muchacho que yo era, como ciertos decursos conducen al deterioro de cualquier convivencia, al extravío de todos los valores y al afloramiento de lo peor del hombre. Las escenas de los desbordes callejeros parisinos eran, con las debidas concesiones a las vestimentas y la tecnología, como los desórdenes de ayer en la marcha estudiantil, con la diferencia que todos actuaban a cara descubierta y que los mosquetes disparaban balas del tamaño de bolitas. Y evidentemente en la violencia y en los saqueos santiaguinos, no hubo  nada comparable a la belleza y poesía del cuadro de La Libertad Guiando al Pueblo, de Delacroix, que en 1830 recuerda otros levantamientos contra otro Luis. Es que la violencia y el delito no tienen poesía ni belleza alguna.

La evocación me ha llevado a preguntarme seriamente: ¿Hacia dónde apunta este proceso en que nos hemos metido? ¿Qué pretenden los líderes visibles y las manos ocultas que se produzca? ¿Los ideólogos del asunto—Salazar, Teillier  y un par más—tratan de posicionar sus ideas, sus corrientes o buscan algo más? ¿Tienen control sobre la tropa de choque o ya se les han escapado de las manos? ¿Y qué estrategia desarrolla el gobierno? ¿Tiene alguna o actúa reactivamente? ¿Está esperando que los vándalos asesinen a algunos carabineros para jugar a volcar la opinión pública? ¿O simplemente, como la policía de Luis está en retirada?

Como no es posible pensar que un cuerpo militarizado como los carabineros no puedan  anticipar los movimientos de la turba controlando los desórdenes—movimientos de pinza, amagos por las alas, toma de la retaguardia—hay que pensar que lo que   hacen, es lo que se les ha ordenado y que el Gobierno juega a la reacción civil y no quiere problemas ni con la opinión internacional, ni con la gente, ni con la Justicia. Ha elegido aguantar y que pague Moya, total los que pagamos los daños públicos somos nosotros mismos a través de los tributos  y los perjuicios privados, nosotros mismos a través de los precios. El problema potencial que existe es que, como en la película que recordaba, insensiblemente se pierda la medida, cunda la desesperanza y finalmente optemos por seguir a algún aventurero que—como Fidel en la Cuba de Batista—nos ofrezca una quimera. Y hay un par perfilándose en el horizonte electoral…

 ¿Qué pensará Sebastian I de todo esto?

miércoles, 27 de junio de 2012

PÁJARO DE CUENTA:

Creo que hacía muchos años no habíamos tenido un desfile de personajes tan siniestros en la política como los que se han dado en los últimos años. No digo que antes no los hubiera, porque algunos de los personajes de antaño se aproximaron mucho a los extremos, sobre todo entre los viejos radicales. Pero hasta ellos se cuidaban del juicio público y decían “no me den, pero pónganme donde haiga”. Es que la conciencia de lo que eran los objetivos de  la política eran muy distintos. Mi padre contaba que cuando fue designado Intendente de Valdivia por Pedro Aguirre Cerda a comienzo de los años cuarenta, al bajarse del nocturno en la estación sureña se encontró conque el chofer de la Intendencia lo esperaba en una victoria tirada por caballos. Resultó que   el Intendente saliente se había llevado para su casa  el auto oficial y los muebles de la residencia, por lo que mi progenitor tuvo que recurrir a la justicia para convencerlo que no podía apropiárselos así nomás.  De chico recuerdo muy bien  de las frecuentes elecciones los acarreos de huasos en carretas y camiones a los locales de votación, los sobres brujos  para asegurar el voto y los billetes cortados por la mitad para pagarlo, así como las empanadas y los potrillos de vino tinto en los clandestinos de la Provincia de Colchagua. Recuerdo también a algunos insignes operadores, de lujosos ternos a rayas  y grandes sombreros, más próximos al gangsterismo que al partidismo, a los que se recurría en caso de necesidad para torcer un poco la nariz a la ley.

Siempre me pareció que el Senador era de la misma especie, tal vez por un cierto aspecto ratonil y piratezco en el que no desentonarían ni el parche en el ojo, ni el gancho, ni la pata de palo. Algo había en él que me recordaba a los personajes patibularios de mis historias de niño…Tal vez la barbita rala, la mirada levemente estrábica, las facciones un poquitín orientales (los malvados en mis historias solían ser chinos) y desde luego, la compañía de otras buenas piezas de las que el parlamento está lleno.  No me gustaba, pero me pareció prejuicio decirlo hasta que comenzaron a aflorar las historias: el feo asunto del franqueo de las cartas con cargo al Congreso, el affaire de las facturas falsas en la elección parlamentaria, el turbio asunto de la compra de zapatillas al eventual testigo del caso Spiniak, el auspicio de la toma estudiantil del antiguo edificio del Congreso en las revueltas de  2011, por recordar los episodios más vistosos.

Ahora, gracias a la confesión de algunas de sus víctimas, comienzo advertir que más que prejuicio, mis pulsiones eran puro instinto. El ex Ministro Velasco, el ex Ministro García han comenzado el desenmascaramiento acusando al Senador de practicar el clientelismo y presiones con rasgos de chantaje , con lo que se suma otro pecado a los descritos. Se trata ya, nada menos que de un prontuario político que da que pensar y que está necesitando de foto de frente y perfil. A la vista de lo que ocurre hoy por hoy en materia  de delincuencia, no  hay duda de que tenemos los representantes que nos merecemos.

Que en el fragor de las candidaturas se están comenzando a pagar cuentas, quién lo duda; que detrás de la mención de Velasco al clientelismo y las malas prácticas del Senador  hay una estrategia, quién lo niega;  y que se trata de un pájaro de cuenta y de cuidado, quién no lo sabe.

lunes, 25 de junio de 2012

EL CABALLO DE TROYA:

Los griegos  nos legaron, con la leyenda del caballo de Troya, una tremenda metáfora.  Una metáfora que encuentra aplicación una y otra vez, cada vez  que en algún contexto se filtra disimuladamente una noción, una tendencia,  o una actitud que pueda colonizar dominando desde adentro a un organismo, a una sociedad o a una nación. Especialmente en el campo de las costumbres, las  ideas y las creencias, vemos una y otra vez  como la penetración inadvertida y a veces subliminal de contenidos disimulados, termina por transformar y reorientar las conductas. Se han mencionado diversos procedimientos disfrazados que consiguen el efecto, desde las imágenes intercaladas en libros y películas orientadas a la percepción subliminal, al uso de intermediadores emocionales que articulan con  los contenidos de fondo que se quieren  instalar. El proceso se comprueba a cada paso en el campo del marketing, en el tema del ambientalismo, en el ámbito de las creencias religiosas y también, como es lógico suponer,  en la esfera de la política. Las imágenes conceptuales que mencionaba en mi último blog—la idea de la letra chica, el agotamiento del modelo, la explotación empresarial, etc.—y la dedicación de 30 minutos a crímenes y asaltos en los noticiarios de la televisión, son caballos de Troya buscando ciertos efectos.

En Chile tenemos instalado en medio de la sociedad un tremendo caballo de Troya lleno de guerreros perfectamente armados. Un caballo estacionado en medio del conjunto social, alimentado por la institucionalidad vigente y totalmente ajeno a cualquier forma de control. Un caballo de Troya que fue construido hace muchos años, en tiempos de la vieja democracia que murió el 73 y que tras un interregno breve en el que se le sacó para afuera, volvió a ser instalado en el  centro social durante la vigencia del mismísimo gobierno militar. Fue la acción de los ocupantes de ese caballo la que explica la mayor parte de los fenómenos políticos ocurridos en los últimos 25 o más años. Fueron sus guerreros los que prepararon a los pingüinos del año 2006 y los que adoctrinaron a los estudiantes revolucionados el 2011.

El caballo de Troya a que me refiero está instalado en cada colegio y en cada Universidad, como puede comprobar cualquiera que se preocupe de saber qué contenidos son entregados a sus hijos. Desde los docentes que abiertamente hacen clases de marxismo—lo he visto con mis propios ojos—hasta los que más disimuladamente sesgan, informan torcidamente, adoctrinan intencionadamente haciendo proselitismo y  se aprovechan del descuido, de la inocencia y la ingenuidad de estudiantes y apoderados responsables. Y conste que lo que me molesta es el sesgo,  el oportunismo y la intención manifiesta de influir en un sentido determinado, porque atenta contra la libertad de conciencia.  Y también me molesta que todo se haga con nuestro dinero, al amparo de nuestras instituciones y a costa de nuestra libertad política.

sábado, 23 de junio de 2012

LA CREACIÓN DE CLIMAS

Los meteorólogos  coinciden en que más allá de unas horas, no se puede predecir el clima con suficiente precisión. Las variables intervinientes, aseguran, son tantas y tan variadas, que la ecuación resultante ciertamente es inmanejable, por lo menos con las actuales herramientas. Menos aún, se puede pensar en crear o controlar el clima, porque la  escala de los fenómenos que lo determinan es planetaria y excede cualquier tecnología humana. Pese a eso, los chilenos hemos comenzado a crear los climas y a  manipularlos más o menos a voluntad, aprovechando algunos recursos que la cultura nacional suministra en abundancia.

Me refiero, naturalmente, a ciertos climas  particulares como el clima de opinión y el clima político, que no por ser locales, son menos complejos que el clima meteorológico. Algunos analistas y operadores verdaderamente geniales  han  descubierto el modo de aprovechar los recursos culturales aludidos para conseguir unas reacciones determinadas. Y como ocurriera en las campañas de propaganda previas al plebiscito de 1988  que decidió la vuelta a la democracia, los más  ingeniosos creativos han sido persistentemente los representantes de las izquierdas, que con sus ocurrencias  e ingenio hicieron ganar al no, en tanto los creativos de las derechas, fracasaron entonces y han fracasado después,  siempre en toda la línea. Parece haber en eso un sino fatal de falta de ingenio, que nuestro Presidente prueba día a día equivocándose una y otra vez.

¿Que cuáles son esos recursos culturales aprovechables para crear un clima de opinión o un clima político que las izquierdas usan con tanta habilidad, se preguntará Ud.? Por lo menos dos: la tendencia nacional a seguir la corriente y la inclinación intelectual que, a falta de ideas propias, lleva a las personas a repetir cualquier idea ajena que parezca estar bien establecida. Un ejemplo de lo primero se dio en los saqueos que se produjeron por la falta de control luego del 27 F (gentileza de quien Ud. sabe), cuando muchos ciudadanos asaltaron los comercios sin una verdadera justificación, llevados por la turba. Una muestra de lo segundo se advierte en la rápida difusión de una serie de consignas, que van desde la idea de la letra chica, pasando por  los conflictos de intereses  de los políticos de gobierno, para llegar a la declinación del modelo neoliberal y a la noción  del  lucro como una cuestión negativa, primero en la gestión de la educación,  y seguramente después, en la empresa,  en las finanzas y todo lo demás.   

Y uno ve a ciudadanos que no llegan a entender lo que leen en la etiqueta de un envase de leche en polvo, opinando doctamente sobre la batería de temas con los que se ha creado el clima  político y social artificioso en el que vivimos. Es la vieja demagogia transformada en saber por las  bocas de ganso.

jueves, 21 de junio de 2012

LA EDUCACIÓN Y EL NUEVO ADOCTRINAMIENTO:

En mi lejana juventud, mi colegio estaba encargado de instruirme mientras mi familia se encargaba de educarme. El resultado fue que en el colegio aprendí una serie de cosas sobre el mundo y la realidad, algunas de las cuales  me fueron bastante útiles después en la Universidad, que en su momento  se dedicó a prepararme profesionalmente con bastante eficiencia. En mi casa aprendí de sentimientos, encarné valores y desarrollé una postura respeto del mundo con la cual mirar y pensar. Ni mi colegio ni la familia trataron de   adoctrinarme ni influyeron mis creencias, tal vez porque tanto  en la vida familiar como  en el Liceo campeaba un laicismo racional respetuoso de la religión pero inclinado a las explicaciones de la ciencia. Tanto mis padres como los profesores de mi colegio fueron cuidadosos con las ideas que podían confundirme o desviarme del buen camino.  Puede ser que hayan sido conservadores, pero en cualquier caso, prefirieron darme explicaciones razonadas antes que  adoctrinarme con dogmatismo. Se los agradezco ahora.

En la Universidad encontré un mundo diferente. No sólo los estudiantes formábamos un universo bastante heterogéneo y variopinto, sino que los profesores—profesionales docentes y no pedagogos—estaban claramente comprometidos políticamente con diversas posturas, muchas veces  absolutamente contrapuestas. Solían discutir de política a grito pelado y más de alguna vez desarrollaron cómicos pugilatos. La cosa llegó al extremo un año en que mi facultad de escindió en dos escuelas—una de extrema izquierda y otra ahí nomás—que funcionaron varios meses en paralelo hasta que a la primera—que se había quedado con el edificio—se  le acabó la plata.  Se formaron grupos que trataron de influir políticamente a los neutrales y finalmente las cosas volvieron a la normalidad.  Sobre todo,  hacia comienzos de  los años sesenta, las Universidades fueron abiertamente combativas y proselitistas, pero nunca, que yo recuerde, hicieron adoctrinamiento en las aulas. Las clases y los profesores de marxismo vinieron poco después, hacia los finales de esa década. Y durante los años del gobierno militar, los adoctrinadores se mantuvieron en silencio, pero en latencia.

Ahora, por lo que se he podido comprobar, han vuelto los adoctrinadores. No hay otra explicación para la súbita explosión de extremismo político y de posturas radicalizadas, porque ambas actitudes se enseñan. Fuera de la ignorancia de base de los adoctrinados, es claro, que es el caldo de cultivo para cualquier  ideología ciega. Y ahora  el adoctrinamiento se hace en los colegios y se continúa en las universidades, como puede comprobar cualquiera que  quiera asistir a clases, por lo que  los extremistas van a constituir legiones. Y la verdad es que no sería tan malo que aprendieran algo si sus convicciones no se fundaran, como casi toda ideología,  en  equivocaciones monstruosas y en entelequias delirantes. Sin embargo, aún hay esperanzas ciudadanos: como decía Churchill, la evolución y el tiempo se encargan de los engendros, incluso en el campo de la política.

martes, 19 de junio de 2012

LAS ALEGORÍAS Y LA HISTORIA:

La figura alegórica de la Justicia que estamos acostumbrados a ver en grabados y esculturas, es una dama agraciada y de buen ver, que sostiene una balanza en una mano   y una espada en la otra. La primera representa el equilibrio y equidad en los fallos y la segunda, el rigor con que procede en contra de quienes violan la Ley. A veces la balanza está en la mano derecha  y la espada en la izquierda y a veces al revés pero la venda siempre está en su lugar. No llama la atención  que la efigie tenga la vista vendada, porque es fácil entender que al estar privada de reconocer a quienes juzga, se asegura su imparcialidad. Se trata de una vieja alegoría, de más de dos mil años de antigüedad, que hemos heredado de Grecia y Roma que la denominaron con diversos nombres y de diversas maneras, pero siempre con el mismo sentido.

Desde los albores de nuestra vida republicana, el ordenamiento constitucional ha establecido que la Justicia—el Poder Judicial—sea uno de los fundamentos del Estado, uno de sus pilares, que con el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo sostienen la institucionalidad de este país. Son tres puntos que simbolizan la estabilidad de la nación  y resultan esenciales para el normal desarrollo del progreso.

Pero más allá de las alegorías, es necesario reconocer que en los días que corren, los poderes del Estado están pasando por serios problemas: ni el poder  legislativo ni el poder judicial se libran de las más  ácidas críticas y de pésimas evaluaciones en las encuestas.  El mismo poder ejecutivo ha perdido parte  significativa de su credibilidad e imperio, en manos de una serie de Presidentes que  no han dado la altura. Terrible decirlo, pero los pilares fundamentales del Estado parecieran tambalearse, sobre todo en la opinión de los jóvenes que ven en la asamblea y en la montonera, una alternativa más funcional y eficaz.

Claro, me dirá Ud.,  que aunque los poderes constitucionales se tambaleen circunstancialmente, su simbolismo, su importancia y trascendencia se mantienen incólumes, porque tenemos claro que el problema no está en los principios, sino en las personas, de manera que pasadas estas,  superados los problemas.  Puede ser, pero no  estoy tan seguro de que nuestra cultura tenga esa lucidez,  ni  que las personas que desprestigian a los poderes vayan a pasar, ni  que los problemas creados por las irracionalidades  cometidas  se vayan a superar. Es una cuestión, que en el caso de la Justicia ejemplifico con la siguiente reflexión: el cambio de un sistema judicial persecutorio a un sistema judicial garantista es una transformación mayor que toca a la esencia de lo que la nacionalidad entendió siempre por la ley y la justicia y como todo en la naturaleza—el efecto mariposa del que hablaba el proverbio chino—puede tener efectos imprevistos.

No sabemos bien qué consecuencias tendrá la percepción popular de que la Justicia se aplica ahora con mayor benevolencia, que ha dejado la espada, descuidado la balanza y que comienza  a mirar desde  debajo de la venda. Del mismo modo no podemos adivinar qué es lo que puede ocurrir con el cambio que más que  menos interesadamente  hemos hecho de la historia reciente. Se trata de un proceso dinámico que está en marcha y cuyas consecuencias pueden llegar a sorprendernos, como en el cuento de Ray Bradbury.

domingo, 17 de junio de 2012

EL MINISTERIO DE LA VERDAD:

George Orwell, a quien he citado tantas veces, inventó el concepto del Ministerio de la Verdad en su novela de anticipación 1984. No olvidemos que en ella describía una sociedad futura—el escribía en 1948—en la que el mundo estaba dividido en sólo tres potencias que guerreaban permanentemente entre ellas haciendo alianzas variables: primero Eurasia aliada con Estasia en contra de Ocenanía, luego Eurasia y Oceanía aliadas en contra de Estasia y así en adelante. El objetivo de la guerra permanente era por una parte mantener la actividad económica de cada potencia en marcha y por otro, controlar y regular a su población civil. En vista de que las alianzas se modificaban de cuando en cuando, el Ministerio de la Verdad era el encargado de cambiar la historia pasada para ajustarla a las nuevas circunstancias. Por ello, miles de funcionarios modificaban los textos de estudio, cambiaban los diarios de los archivos, reescribían los libros y  documentos depositados en las bibliotecas, de manera de ajustar la verdad histórica a los hechos presentes. Del mismo modo procedían en materia de política interna   eliminando de los archivos, de las fotografías, de los documentos y de todo vestigio documental a los personajes que caían en desgracia política. Como se comprenderá, era un trabajo monumental y sostenido que hacía de la verdad una entelequia. En consecuencia, los ciudadanos tenían el deber de reajustar sus pasados, modificar sus historias personales,  y reacomodar sus vivencias y sus recuerdos.

He traído a colación a 1984, porque en cierto modo, en este país hemos tenido y tenemos un Ministerio de la Verdad. Incluso ahora ese ministerio  tiene un edificio muy hermoso e interesante arquitectónicamente hablando, inaugurado pocos días antes del comienzo del actual gobierno, emplazado en Av. Matucana con Catedral.  Es un Ministerio que no tiene funcionarios sino Curador y está dividido en salas dedicadas al tema de los derechos humanos, al tema del 11 se septiembre de 1973, a la dictadura, a la represión, a la tortura, al dolor, a la justicia y a la verdad.

Curiosamente no tiene ninguna sala dedicada a los hechos previos, a los antecedentes del golpe de 1973, nada de la historia política y social chilena de los años anteriores al momento del quiebre. No hay allí ninguna explicación del proceso que condujo al golpe, ninguna mención a los sentimientos de la mayoría nacional, ninguna precisión respecto a las opiniones políticas de los opositores y partidarios de la Unidad Popular. Se trata de una muestra que cambia la historia y la reescribe: un Ministerio de la Verdad. Orwell habría sonreído  recorriendo sus recintos, satisfecho de haber anticipado el futuro.

viernes, 15 de junio de 2012

LOS ODIOS EXCLUYENTES:

Una conversación tensa y desagradable con un estudiante a propósito de mi último blog, me hace revisitar el tema del odio en nuestra sociedad  y me impulsa  hacia la búsqueda de sus fundamentos. Me  impresionó que un muchacho tan joven pudiese sentir tanto odio por tantas cosas. Y no puedo menos que pensar en lo que podría llegar a ser y significar esa enorme odiosidad, de realimentarse con los años sus pulsiones presentes. Pero me impresionó más todavía, su enorme desconocimiento de la realidad de las cosas, su completa cerrazón ante las verdades evidentes y su perfecto adoctrinamiento político de corte extremista. Me di cuenta que había sido espectacularmente bien instruido en una línea de pensamiento, adiestrado en el uso de una retórica combativa y convencido de la validez de una serie de dogmas pero, sobre todo, caí en cuenta que había sido preparado para odiar hasta el extremo del sacrificio.

Sentí su odio y aunque me di cuenta que en ese momento no estaba dirigido mí, me atemorizó por más que lo disimulara como se disimula un garrote puesto en la espalda. No pude menos que recordar a algunos de  los jóvenes de mi época universitaria, que extraviaron o perdieron sus vidas actuando como brulotes de intereses partidarios, que no vacilaron en usarlos como munición en una guerra sucia que tuvo resultados terribles. Intereses  partidarios y personajes que sobreviviendo a la crisis, han vuelto y mueven los mismos hilos en las sombras.

Que los chilenos no entendemos nuestra circunstancia, no es ninguna novedad. Los personajes por los que votamos prueban nuestra superficialidad y  las figuras y los temas que nos interesan, revelan nuestra pobre inteligencia. El problema es que no entendemos bien lo más esencial de los fenómenos que tienen consecuencia en nuestras vidas, limitándonos a  existir al margen de la corriente.  No entendemos cómo funciona la política, cómo opera el mercado, de qué manera se mueven las finanzas, cuáles son los problemas verdaderamente relevantes, cuáles son las tendencias del mundo contemporáneo, qué eventos van a influir efectivamente en nuestra vidas y de ninguna manera, qué actitud deberíamos tener ante el futuro. Por el contrario, manejamos información sesgada y tenemos ideas y convicciones basadas en encuestas de opinión (que son expresión de esa ignorancia), tenemos cierta conciencia ambiental porque es políticamente correcto, nos preocupamos por la ecología porque está de moda, del peligro del calentamiento global porque vimos el documental de Al Gore y tenemos una opinión sobre las empresas, los empresarios, el lucro, la explotación,  las centrales hidroeléctricas y un montón de tópicos más, pero de manera ciertamente liviana y superficial.  Sin embargo, estamos dispuestos a salir a la calle y romper lanzas por esas ideas y a odiar a los que no las comparten, primero con pequeños odios y luego, poco a poco, con odios excluyentes.

El que odia  por razones ideológicas, religiosas o  políticas, siente un odio excluyente. Excluyente en el sentido que piensa que  el que no comparte sus ideas es el enemigo, un enemigo que no sólo está equivocado, sino que debe ser sometido, anulado y en el extremo, aniquilado. Yo tengo la verdad—piensa el que profesa el odio excluyente—y eso me da el derecho a ir en contra tuya y someterte. Se trata de un fenómeno que cuando se agudiza se vuelve especular: tu me odias por lo que pienso y yo te odio por lo que crees. Y ambos no cabemos en el mundo. Es lo que pasó de lado y lado en 1973 y es lo que podría volver a pasar ahora.

No hay otra forma de matar ese odio, que hacer que quienes odian  comprendan la realidad objetivamente, sin sesgo, sin otro propósito que comprender mediante el libre examen, libremente.

miércoles, 13 de junio de 2012

EL ODIO:

Me impresionaron terriblemente los sucesos violentos que siguieron a la exhibición del documental sobre Pinochet en el teatro Caupolicán. En las marchas estudiantiles de 2011 se había observado ya a los encapuchados destrozar alegremente la propiedad pública y privada en actos  violentos y desquiciados que terminaban en saqueos de comercios y oficinas bancarias de las que los manifestantes se llevaban trofeos o simplemente robaban impunemente mercadería. ¡Claro que eran sucesos violentos! ¡Desde luego que en ellos se producía destrucción y descontrol! ¡Pero nunca  el odio que se percibió el domingo pasado!

Tres instantes me impactaron: en el primero se vio a un individuo de mediana edad tirado en el suelo en el borde de un prado, mientras una serie de gañanes jóvenes lo pateaban violentamente insultándolo, todo ello mientras una mujer joven les pedía que lo dejaran, que no le pegaran más. Los agresores se retiraban ya al ver la cámara grabando, pero uno embozado volvió para patear violentamente e impunemente al caído mientras le gritaba una y otra vez que le había cagado la vida. Posiblemente se trataba de alguien cuyo padre desapareció o sufrió torturas en los momentos que siguieron al golpe o cuya familia se exilió, pero con toda seguridad,  el agredido no había tenido nada que ver con esa tragedia.
El segundo instante fue el momento en que un grupo de personas enfurecidas atacaron el taxi en que trataba de retirarse del evento el ex Ministro Márquez de la Plata. No sólo abrieron las puertas del vehículo y le pegaron a él y a su hija, sino que lo escupieron. Me impresionó su temor y su indefensión, seguramente porque me recordó una agresión similar que sufrió mi madre en 1972  de parte de la dueña de una farmacia en Concepción, que en su propio local la agredió escupiéndola por su condición de momia. Sin embargo, a la hora de pensar en escupir a alguien, descubrí que personalmente escupiría a un listado de personas entre las que se cuentan 21 diputados, 17 senadores, 4 Alcaldes, tres ex Ministros, 5 ex subsecretarios, tres dirigentes sindicales,  tres candidatos y un ángel.
El último momento terrible fue el de la automotora. Debo decir que nunca había entendido bien cómo conflictos civiles internos habían podido destruir de tal manera ciudades como El Líbano, Trípoli y Damasco, pero luego de ver a los vándalos destrozando indefensos automóviles, he comenzado a comprender que más que los morteros, bombas y proyectiles, los destrozos se producen por el pillaje y el odio. Curiosamente no hubo robos en esos vehículos, sino sólo destrucción.
Existen, evidentemente,   justificaciones históricas, políticas, sociales y hasta personales para el odio a raíz del Gobierno Militar. Desde los que perdieron familiares, a los que extraviaron ilusiones, pasando por los que se quedaron sin substanciosos futuros, fueron exonerados o debieron exilarse, muchos chilenos tienen motivos para odiar. Pero ¿cuántos serán realmente? ¿Son los suficientes como para comprometer a un país completo en una escalada de odios y rencores?

lunes, 11 de junio de 2012

EL ARREPENTIMIENTO:

Jorge Luis Borges escribió sobre el arrepentimiento, ese que remuerde la conciencia. En un soneto extraordinario llamado El Remordimiento dijo: “He cometido el peor de los pecados/que un hombre puede cometer. No he sido/ feliz. Que los glaciares del olvido/me arrastren y me pierdan, despiadados.” Su poesía viene al caso, porque el remordimiento impide la felicidad y quien no es feliz, no vive realmente.

Quiero decir con esto, que entiendo al Ministro Vocero en su manifestación de arrepentimiento, porque evidentemente necesitaba de una confesión para ser feliz. Es más, la apoyo aunque no la apruebe. Supongo que debe haberla meditado durante mucho tiempo y que tiempo ha se la debe haber comunicado a su confesor recibiendo la debida penitencia. En todo caso, parece que eso no fue suficiente. Ojalá que ahora que lo ha manifestado en público, su espíritu se vea en adelante liberado de la aflicción y   su sinceridad no le acarree mayores problemas que los que ha tenido por la indefinición de la línea de su vocería.

Estamos frente a un fenómeno sociológico novedoso y bastante generalizado: el arrepentimiento como conducta política.  Se arrepintió de su cacería de elefantes el Rey de España pidiendo disculpas; se arrepintió de sus errores el Presidente Piñera pidiendo perdón en el mensaje del 21 de Mayo; pide perdón el Comandante de la Fuerza Aérea por el accidente de Juan Fernández; se arrepintió Agrosuper por los olores de sus cerdos en Freirina y ahora, se arrepiente el Vocero. Por otra parte Fidel Castro cree que Obama debería disculparse con Chile por promover el golpe de 1973 y Ollanta Humala dice que Chile le debería pedir perdón al Perú por haberle ganado una guerra. Y todo indica que se nos viene encima un ciclo de arrepentimientos y que políticos y hombres públicos se van a pelear los micrófonos y las cámaras arrepintiéndose.

Lo curioso es que aquellos a los que uno quisiera ver arrepentidos, todavía no se manifiestan y no dan señas de disculparse: ni los termocéfalos de la Unidad Popular que llevaron a este país al despeñadero entre 1970 y 1973; ni los que prepararon el terreno a la Kerensky entre 1964 y 1970; ni los que nos llevaron a la crisis económica  de 1982; ni los que se repartieron el Erario Nacional en el caso Mop-Gate, ni los que se equivocaron criminalmente con el Transantiago y tampoco los que semanalmente destruyen los bienes privados y públicos en nombre de la democracia, la igualdad, el no al lucro y el odio parido. Tampoco ella, a lo que parece, se ha arrepentido ni pedido perdón, no digo de lo sucedido la madrugada del terremoto, sino por lo que no se hizo a tiempo después.

Entiendo que cuando el sujeto de una acción que importa delito se arrepiente, de todas maneras se le juzga y se le condena, porque   la pena aplicada substituye por insuficiente a la disculpa. Se le castiga y la sociedad se siente liberada.  El que por el contrario  puede  liberarse por arrepentimiento, podría ser perdonado si su pecado es venial.  Ninguno de los dos casos es aplicable aquí, porque  a la vista del odio que se percibió el domingo, parece que no quedara más camino que la venganza, que es un peligroso cuchillo de dos filos.

sábado, 9 de junio de 2012

EL SINO DE ZAMUDIO:

El episodio trágico de Daniel Zamudio puso sobre el tapete el problema del origen o las causas de la homosexualidad. Los medios de comunicación abundaron en comentarios y opiniones y los expertos, para expertos y aficionados a perorar dijeron de todo. Salieron a relucir las definiciones, las posturas y los prejuicios, del mismo modo que se analizó concienzudamente el tratamiento dado a los homosexuales a través de la historia. Desde la Biblia a los griegos clásicos, desde los griegos a los romanos y así en adelante hasta llegar al pronunciamiento del mismísimo Obama (Barak). Incluso se ha analizado la homosexualidad en el reino animal y se han hecho intentos por vincularla a un hermafroditismo potencial. Por otra parte se ha puesto en duda la existencia de sólo dos sexos y se ha hecho mención al fenómeno presente en algunas especies que lo cambian   según la circunstancia.

Cada cultura ha dado un tratamiento particular al asunto. Los griegos aceptaban la homosexualidad juvenil pero rechazaban la adulta. Para ellos los adolescentes podían experimentar relaciones homosexuales con mayores experimentados que les transmitiera experiencia. Un caso singular es el del mítico  Aquiles, entre guerra y guerra; otro es  el de Sócrates, seguramente entre diálogo y diálogo; y uno famoso, el de Alejandro el Grande, posiblemente entre conquista y conquista. Situación parecida fue la que se dio en la antigua Roma, donde las prácticas homosexuales cruzaron clases y estamentos y fueron toleradas socialmente de Emperador a paje. Con el advenimiento del cristianismo, más bien, con la influencia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, los homosexuales tuvieron que andarse con cuidado por aquello del pecado. La hoguera tuvo trabajo y se dice que la doncella de Orleans fue quemada por algo más que por herejía. Recientemente el nazismo—y ello tiene que ver con Zamudio—llevó a muchos homosexuales a los campos de concentración donde circularon marcados de rosado.

Explicada desde trastorno psiquiátrico a condición genética, desde alteración neuronal temprana a comportamiento esquizoide, desde manifestación clara  a cuestión de grado, desde verdad biológica a constructo social y por último, desde tendencia excepcional a expresión de diversidad, la homosexualidad sigue sin encontrar una explicación científica precisa. Curiosamente, en el mundo animal donde está presente a nivel de individuos aislados, la homosexualidad no forma estirpe. Se puede suponer que es porque aunque los animales homosexuales sean sexualmente funcionales—machos que pueden procrear y hembras que pueden concebir—no lo hacen normalmente por su comportamiento y no dejan descendencia. Salvo cuando los machos heterosexuales cubren excepcionalmente a las hembras homosexuales por la fuerza. Esto es significativo, porque si la causa de la homosexualidad fuese genética, la transmisión por vía femenina podría explicar la persistencia de la homosexualidad animal.

En el género humano, en cambio,  podría ser a dos bandas. A nivel humano la homosexualidad ha tenido mucho que ver con el closet, al que durante mucho tiempo la condenó la sanción social. Hombres y mujeres homosexuales llevaron vidas normales y se reprodujeron ocultando su condición hasta el momento en que no importara (lo que explica que  tantos homosexuales  se manifestaran de viejos). Y en el caso de que la homosexualidad fuese genética, esos individuos estuvieron  transmitiendo sus genes durante sus vidas normales. Eso lleva a pensar que en la situación presente, en la que los homosexuales se han organizado, reclaman igualdad  y dejan de ocultarse, dicha transmisión podría reducirse e incluso desaparecer. Es lo que posiblemente va a ocurrir como consecuencia del fin de la discriminación. Ahora bien, si la causa de la homosexualidad es cultural, con la mayor libertad de los comportamientos y la adopción de hijos, podría crecer exponencialmente.

jueves, 7 de junio de 2012

EL PROBLEMA SON LAS CARAS

“El problema no son la ideas—me decía mi jardinero mientras hablábamos de política en una pausa de la cortada de pasto—el problema son las caras”. Profunda verdad, enorme su  lucidez, un concepto válido en todo el espectro político nacional. ¿A quién no le resultan repulsivos los diputados A, B y C y quién no detesta a los Senadores D, E y F? ¿Quién soporta a los Ministros  G, H, I, J y K? ¿ Y a los subsecretarios entre a L  a O y los Alcaldes y consejales entre la P y la S? ¿Y a los Intendentes, Directores de Repartición, Jueces, Curas y Militares hasta la Y? Y así en secreto cuénteme ¿Aguanta a Z siquiera por un momento? Mi jardinero tiene razón: el problema político está en las caras.

La explicación del atractivo de la belleza viene de ahí. Las personas bellas aluden al ideal que impide odiar a alguien por sus rasgos y la atracción que conduce al amor—por inexplicable que este sea—equivale a una epifanía a nivel de las percepciones. Yo miro a los políticos del espectro y me pregunto haciendo muy pocas excepciones en el caso de las damas y me pregunto ¿Puede amarlos alguien?

Lo anterior no quiere decir que las ideas políticas actuales sean buenas, pero posiblemente podrían ser mejoradas aunque sea en el margen. La verdad es que a cualesquiera con dos dedos de frente se le puede explicar que la economía de un país es como la personal y que no se puede gastar más de lo que se gana visitando La Polar; lo mismo se le puede demostrar de qué manera funciona la mano invisible del  mercado y cómo se enreda la situación cuando uno se mete en el delicado mecanismo; y tampoco es difícil entender la interconexión entre las cosas, que explica cómo funciona el comercio internacional. Lo que pasa es que las caras no nos explican las ideas de base, sino que procuran hacernos comulgar con ellas mediante el voto. Es un sistema que aún con la malísima educación de que gozamos, comienza a no resultar.

Mi propuesta, en consecuencia, es promover el cambio de las caras. Creo que el sistema de “sólo una vez” podría funcionar para todos, con la sola excepción de los parlamentarios y  el Presidente, que podrían repetirse el plato en períodos sucesivos pero sólo una vez y después, para su casa. Pero los ministros y  funcionarios y Alcaldes y Consejales como los militares cuando salen a retiro—y como los cisnes de cuello negro de terciopelo del poema de Winter—no vuelven más.

Se daría  tiraje a la chimenea del Estado, muchos más podrían pasar a gozar de sueldos premium y dietas de fantasía y capaz que en el proceso de prueba y error, encontrásemos un Mesías verdadero que nos sacara del subdesarrollo y sus vecindades de unas vez por todas.  Porque le aseguro que de la A a la Z, lo menos que se ve entre las caras es un conductor preclaro y lúcido, incluida ella.

martes, 5 de junio de 2012

TRES PESOS PARA LA FUNDACIÓN ESPERANZA

“¿Donaría 3 pesos a la Fundación Esperanza?”me preguntó la cajera del supermercado espetándome  una mirada calculadora. Iba a contestar que sí los donaba, agregando sarcásticamente que con la esperanza de que llegaran alguna vez a  esa Fundación, cuando la señora que estaba más atrás en la fila me interpeló diciéndome que no los donara, porque de seguro dos de esos tres pesos se iban a enredar en los gastos de administración que el supermercado hacía para manejar los dineros recaudados. La cajera levantó una ceja, como consultando si yo tenía la personalidad suficiente como  para reclamar esos tres pesos siguiendo el consejo de la eventual asesora. Su expresión levemente burlona revolvió las borras de mi personalidad tan venida a menos, de manera que valientemente le reclamé los tres pesos. Ella, con la parsimonia de una sacerdotisa oriental, hurgó en la registradora sacando una minúscula bolsita de plástico donde, además de un tornillo, un par de tuercas y unos clips, había algunos ejemplares plateados de nuestro signo monetario. Y como si le asqueara tocarlos, agitó la bolsita hasta que uno a uno tres pesos cayeron sobre la cinta transportadora negra del mesón. “Ahí están sus tres pesos”, me dijo dejando caer la boleta y desentendiéndose de mí.

Sintiéndome considerablemente satisfecho de mi valentía tomé mis paquetes e iba a salir, cuando un caballero que había asistido al entredicho me preguntó amablemente “¿Se ha puesto a pensar que nuestro signo monetario ya no es ese peso que en todo su derecho acaba de reclamar; que ni siquiera es la moneda de 5 pesos que apenas se ve, sino la de moneda de a diez y eso  por poco tiempo?” Me miró con socarronería y agregó otra pregunta “¿Y ha pensado que si es así, su sueldo es un décimo de lo que Ud. cree y el dólar sólo está a 50 pesos?”. Confieso que me ví superado por el nivel de abstracción de su planteamiento y tuve que ponerme a sacar cuentas con los dedos.

Mientras me subía a mi automóvil pude observar que el señor de la observación y la señora del consejo se retiraban con sus bolsas de compras tomados de la mano,  caminando juntos y conversando animadamente. Entonces me di cuenta que me había topado accidentalmente con un par de terroristas intelectuales, porque doy de seguro que ambos se dedican a desestabilizar a las demás personas con sus observaciones inquietantes.

Me acuerdo, de cuando era muchacho, que los viejos pesos fuertes de cobre, con O’Higgins en una cara y la corona de laureles en la otra, fueron reemplazados por otros de alguna aleación blanquecina, tal vez del mismo material de los pesos reclamados en el supermercado. Eran livianitos hasta el extremo que puestos con cuidado en el agua flotaban por la capilaridad. También se volaban si a uno se le caía alguno en día de viento. Pero por lo menos eran del mismo tamaño y diseño que los anteriores. Claro que no duraron mucho, porque muy luego fueron reemplazados por los escudos, de triste memoria. Sacando la cuenta a valor presente a través de algunos datos de su valor adquisitivo obtenidos de los avisos de viejos periódicos , me he dado cuenta que cada uno de esos viejos  pesos de cobre equivaldría a casi cincuenta de los actuales,  tan despreciados por la cajera de mi supermercado.

domingo, 3 de junio de 2012

¿DIABLO CONOCIDO O DIABLO POR CONOCER?

Nadie se explica porqué, si este país crece tan rápidamente, si la pobreza se reduce de manera sostenida, si los ingresos aumentan, si hay casi pleno empleo, si las expectativas se multiplican,  la gente se muestra tan desesperanzada, se percibe  un pesimismo tan extendido, hay tanto descontento, tanta desconfianza en las instituciones y en la política y se revela un sentimiento creciente de que si no tomamos el futuro con nuestras propias manos, nada va a cambiar. Pensando detenidamente en el asunto, he llegado a la conclusión que lo que ocurre es que la gente piensa, con buenas razones, que por más que las cosas hayan cambiado—y habría que ser ciego para no reconocerlo—los métodos son los mismos de siempre. La idea se fundamenta en que subyace la percepción que el interregno 1973-1990—nada menos—fue  sólo un paréntesis que no cambió ni a la forma de hacer política, ni a los actores de la escena política nacional.

Mirando a los actores, resulta claro que una proporción significativa de ellos son los mismos viejos tercios que por uno o por otro lado llevaron a este país al desastre y sus herederos o sucesores, parecen cortados por la misma tijera. Muchos de los antiguos políticos   de la vieja democracia revivieron con la nueva dejando su sello—los Saldivar, los Aylwin, los Silva Cimma, los Valdés, los Lagos, las Marín, y tantos más, aunque hayan comenzado a morirse de viejos—; muchos de los nuevos surgidos durante los últimos 25 años—los Frei Ruiz Tagle, los Burgos, las Alvear, los Martínez, los Gómez, los Escalona, los Allamand, los Lavín y los Piñera—mantuvieron los mismos esquemas, siguieron similares derroteros y aunque en algunos casos intentaran renovarse,  de alguna manera fueron identificados con las malas costumbres de la vieja política tradicional, contaminándose. Cooperaron al deterioro de la imagen personajes fatales tales como los Aguiló, los Asencio, los Girardi, los Silver, los Navarro, los Moreira y los Pizarro y tantos más que afean el escenario público.

El problema que se suscita, entonces, es que entre un diablo conocido y un diablo por conocer, la opinión pública, el alma nacional, el electorado, ha cambiando por fin el switch y ha comenzado a inclinarse por los recién llegados antes que por los conocidos de antes. Los vimos con Bachelet, que antes de subirse al tanque no la conocían  ni en su barrio, con Marco Enríquez y su sorpresivo 20 % y con Golborne, cuya nota en el currículum antes del episodio de los mineros era  haberse ido de vacaciones a Sud África a ver el Mundial de Futbol en el momento en que se discutía el royalty.

Comenzamos a vivir la etapa de los aparecidos en política, la de los no contaminados, los agraciados con alguna forma de frescura en su apariencia o en su discurso. El caso de la Vallejos lo prueba y muestra que la fuerza de la frescura  alcanza hasta para salvar a carcamales como Teillier y Gajardo. Por eso, personajes como Allamand, Longueira, Velasco, Orrego y varios más ya bien conocidos la tienen dura  y van a tener que parecer muy renovados si quieren competir.

viernes, 1 de junio de 2012

ENERGÍAS ALTERNATIVAS:

Paseando por el norte de Francia, por la región de Bretaña, tuve la oportunidad de ver en acción los generadores eólicos dispuestos en las cercanías de la costa para captar los vientos provenientes del Atlántico. Enormes, altísimos, estilizados, muy numerosos, los generadores producían un fuerte zumbido, pese a que sus hélices se movían con bastante lentitud y destacaban en el increíble paisaje  tanto como la fotografía  de las torres de transmisión eléctrica antepuestas a las Torres del Paine por la propaganda de Patagonia sin Represas. Imposible no verlas, muy difícil no escucharlas. Desde la carretera por la que circulábamos se veían en la cresta donde se emplazaban  los generadores a muchas personas que vestidas con buzos blancos y mascarilla se movían por el terreno bajo las torres llevando unas bolsas amarillas. “Son los que recogen cada mañana a los pájaros y los murciélagos que mueren cuando las hélices los golpean”, me explicó mi anfitrión francés, “los generadores están situados donde pasan los vientos, que es precisamente por donde vuelan los pájaros y los murciélagos…Todo tiene su costo”.

Interesado por el tema de esos costos, busqué entre la escasa información relativa al asunto, consultando algunos libros y ensayos escritos en él ámbito de la polémica sobre el calentamiento global, la contaminación ambiental  y el impacto ecológico de la actividad humana. Me encontré con una serie de sorpresas pero, sobretodo, con un nivel de manipulación de la información objetiva verdaderamente sorprendente. Esa manipulación lleva a concluir que  en el tratamiento de este importante tema juegan las pasiones al mismo nivel de lo que ocurre en la religión, la política y el futbol.

Desde luego la conclusión respecto de los sistemas alternativos de producción de energía no fue para nada sorprendente: como me decía mi amigo francés, todo tiene su costo, nada resulta gratis.  Si los generadores eólicos mataban a las aves y a los murciélagos desequilibrando los sistemas ecológicos, los generadores mareomotrices alteraban el delicado equilibrio de las costas, las pantallas solares destruían las cadenas tróficas de los terrenos por la doble acción de las sombras y las temperaturas, los generadores geotérmicos alteraban las cadenas de acuíferos y las minicentrales hidroeléctricas de paso rompían los ciclos en el flujo de las aguas y  llenaban de líneas de transmisión el paisaje.

Lo más sorprendente fue leer que la reforestación en las zonas templadas era, desde hace una cincuentena de años,  un factor sensible en la generación de gases de invernadero, esto porque una buena parte se hacía con especies caducifolias, lo que determinaba que siguiendo el ritmo de las estaciones, la putrefacción de las hojas en el suelo aportara lo suyo al problema. Se tendría que decir, nuevamente, que “Todo tiene su costo” y recordar el viejo dicho que “los cuidados del sacristán suelen matar al señor cura”, conceptos que los ecologistas y ambientalistas deberían tener muy  presentes.