viernes, 6 de abril de 2012

EXCESOS Y EXAGERACIONES:

Si nos descuidamos, cualquier persona que se niegue a pololear con otra —expresión que abarca desde inocentes tomadas de mano a la antigua hasta apasionadas  cohabitaciones—porque no le gusta, el que no quiera bailar con alguien en un lugar público porque no le agrada o el que indignado profiera algún improperio que aluda a raza, condición, estado mental o desarrollo intelectual  de su interlocutor, podría eventualmente ser acusado de discriminación y condenado. Un profesor que al enseñar sobre el periodo de la conquista se refiriera poco cuidadosamente a los naturales, un predicador que hablando de la crucifixión de Cristo se dejara llevar criticando a los romanos o un estilista que comentara colores del cutis de sus clientes con poca delicadeza, también. Estas son exageraciones o reducciones al absurdo, claro, pero aunque no probables, son situaciones posibles. Cada vez más, vamos a vivir pisando huevos y hasta hablar de ellos en sentido figurado atribuyéndoles propiedades descriptivas, va a ser peligroso.

La sociedad se deja llevar fácilmente a los extremos y en estos últimos años, ya hemos alcanzado varios, que convertidos en leyes, van a tener efectos no siempre anticipados y no todas las veces positivos. Ya tenemos la ley que impide beber más de una copa de vino, media cerveza o masticar dos pastillas de licor y ahora, estamos entusiasmados con el tema de la antidiscriminación. Pronto pudiéramos estar regulando las formas de mirar—Ud. tendría prohibido mirar feo, mirar de reojo, mirar para abajo, mirar en menos—y las maneras de hacer humor—adiós a los chistes de gallegos, los de judíos, los de chinos y los de bolivianos—so pena de ser acusado de algo por alguien.

Hasta el viejo arte de garabatear, tan liberador de tensiones y tan descriptivo, podría llegar a la extinción: ya no se podría sacar la madre, ni decir pa’ tu abuela, ni referirse al origen del insultado, ni menos tratarlo de indio: tendríamos demandas de las etnias originales y de los hindúes, por lo menos.

No se si ese que se nos viene vaya a ser un mundo mejor. El puntillosismo siempre termina por potenciar el ridículo. Como en todo, seremos pasto de los abogados, víctimas de los tribunales y mercancía de los medios y la prensa.

¿No será que estamos llegando al aburrimiento social y comenzamos a rizar el rizo?

1 comentario:

  1. Puede ser. Aunque creo (y espero) no se va a dar en el extremo que ocurre en Estados Unidos. Chile no tiene un pasado de discriminación brutal como la que se ha sufrido y se sigue percibiendo en USA. Por experiencia propia, puedo contar que en mi vocabulario ya no existe "el guatón", "el negro", "la negra", "el pelao", "el chico", etc. Es más, ni en español mencionamos a los afro-americanos, ya que la acostumbrada palabra (tan normal y sin sentido discriminatorio en Chile) aca tiene una connotación gravísima. Si, es aburrido. Si, hay que tener cuidado. Y solo en espacios de extrema confianza se puede lanzar un chiste. Fome. ?Dónde va a quedar la "picardía del Chileno"?

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