martes, 10 de abril de 2012

EL PENSAMIENTO VISCERAL:

Un periodista le formuló a Karl Seagan—el  famoso astrónomo, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico norteamericano ya fallecido—una consulta imposible de responder con la información que la ciencia tenía sobre el universo en ese momento. Seagan le aclaró al entrevistador que no estaba en posición de contestar sobre ese tema. Entonces el periodista lo urgió a pronunciarse pidiéndole que diera una respuesta visceral. Seagan  cerró el tema con una frase inolvidable: “Procuro—le dijo—no pensar con mis vísceras”.

Se suele decir “pensó con el corazón más que con la cabeza” o “estás pensando con el …. si te metes con esa fulana”. Parece que pensar con algún órgano no está totalmente fuera de la cuestión. Por eso, me imagino que pensar visceralmente puede ser como tener una tincada, algo así como sentir en la guata que va a salir cierta combinación de números en el Kino. Por lo tanto puede equivaler a  emitir opinión desde el estómago, aunque bien pudiera ser que fuera desde el intestino, las gónadas o alguna otra parte innombrable del organismo. Cabe suponer, entonces, que pensar visceralmente equivale a by pasear el cerebro, es decir, a evitar pensar racionalmente.  No parece muy inteligente, ya que habiendo un cerebro responsable histórico del progreso, creador de la cultura y sede de la imaginación creadora,  lo natural sería utilizarlo y dejar a las vísceras hacer su cometido normal.

Pero, a  lo que parece, efectivamente  los chilenos hemos comenzado a pensar con las vísceras, como lo revelan las respuestas en las entrevistas, en las  encuestas de opinión y en las consultas formuladas en  programas y noticieros de televisión. Como el domingo pasado en Tolerancia Cero, cuando una parte mayoritaria de los consultados por Twister se pronunciaron por dar a los mapuches alguna forma de autonomía, evidentemente sin pensar muy profundamente con el cerebro en el asunto. Me imagino que con la preparación comunicacional adecuada,  la opinión  de los chilenos  sobre devolverles territorio a los peruanos o cederles salida al mar a los bolivianos, podría ser favorable a sus intereses en la medida en que contestáramos visceralmente. Lo mismo respecto del matrimonio homosexual, el aborto, la pena de muerte y montones de temas más sobre los que nuestros órganos internos pudiesen interesarse.

A lo que parece, orientar el discurso a lo afectivo y emocional facilita, por difusa que sea la conexión, el desarrollo del pensamiento visceral, razón por la cual encuestadores, políticos y noteros recurren a ese mecanismo en búsqueda de novedad. Evidentemente la apelación a lo visceral constituye  un atajo o recurso comunicacional atractivo para ciertos intereses. En cualquier caso, no deja de ser atemorizante pensar que podamos terminar decidiendo el futuro con decisiones democrático-viscerales.

2 comentarios:

  1. En Chile se piensa, o tal vez se actúa sin pensar, con las viseras, y lo que es peor, con el bolsillo de otro.

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  2. Estoy en desacuerdo con que el pensamiento inteligente sea con el cerebro, también asumir que todo lo construído es un pensamiento desde la voz de la conciencia, ya que generalmente ese pensamiento, aunque racional en ocasiones, es muy inmaduro y limitado. El pensamiento visceral es un pensamiento mucho más sabio, milenario, infinito, dificil de utilizar. No confundir con decir tonteras, porque ellas también salen del cerebro o mejor aún, de la conciencia (que si lo pensamos o intentamos ubicarla dentro del cuerpo no está exactamente en el cerebro)

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