Me parece que los chilenos hemos desarrollado una especie de conciencia en este asunto de los minutos de gloria. Es posible que sea porque nos los enseñaban en la escuela, porque desde mucho ha forman parte del mito popular o porque la ilusión de dar un batacazo está en la naturaleza humana. Algo así como acertarle al Kino o el Loto. El hecho es que muchos esperanzados, especialmente los que no han podido o no han sabido labrarse un futuro, aguardan expectantes, su minuto de gloria. Tal vez eso explique algunas actitudes que vemos por estos días, especialmente en las manifestaciones en Aysén y Coyhaique y en alguna polémica entre un funcionario del Estado y un dirigente mapuche. En el caso de Aysén, el minuto ha sido de un par de dirigentes de palabra fluida y rápida; en el segundo caso el minuto fugaz terminó como un intercambio de garabatos de grueso calibre.
La búsqueda del minuto de gloria en política tiene un sentido algo diferente. Primero que nada, es parte de la pega, ya que ninguno que se precie de político, pierde de vista que un buen momento, un minuto bien aprovechado, puede conducir—el ejemplo está a la vista—a la primera magistratura y de ahí para adelante. Uno puede ver como los Aguiló, los Asencio, los Farías, los Moreira, los Silber, los Girardi, los Lagos, los Navarro y varios otros que no menciono, hacen su mejor esfuerzo.
Mis minutos de gloria han sido fugaces: una que otra respuesta ingeniosa por ahí, alguna carta al diario memorable, un par de aciertos en clase y muy poco más. Pero no pierdo las esperanzas y aquí me tiene Ud. escribiendo un blog que muy pocos leen, porque me asiste la ilusión de alcanzar montones de seguidores. ¿Quién le dice que no tenga un minuto de gloria duradero?
Me acordé de los minutos de confianza de los que disponía de vez en cuando Canitrot para hablar con Don Pío.
ResponderEliminar