jueves, 23 de febrero de 2012

MINUTO DE GLORIA

La leyenda nos muestra notables ejemplos de minutos de gloria, es decir, esas oportunidades de oro de entrar en la historia, que se abren permanentemente para unos pocos elegidos y sólo por breves instantes para la mayor parte de los mortales. Inés de Suárez, Manuel Rodríguez, Arturo Prat, Michelle Bachelet y Laurence Golborne, entre otros, tuvieron esa oportunidad maravillosa. Doña Inés, cuando lanzó al campo de batalla las cabezas de los caciques prisioneros para atemorizar a sus huestes que sitiaban Santiago; Rodríguez cuando abrió la puerta del Carruaje de Marcó del Pont, Prat al saltar al abordaje del Huáscar, la Sra. Bachellet al subirse a carro de guerra Mowac y Golborne por estar ahí. No son hechos estrictamente comparables, pero resultaron determinantes en sus efectos, por más que nos parezca que subirse a un tanque no sea lo mismo que saltar al abordaje de un acorazado, sobre todo si uno sobrevive.

Me parece que los chilenos hemos desarrollado una especie de conciencia en este asunto de los minutos de gloria. Es posible que sea porque nos los enseñaban en la escuela, porque desde mucho ha forman parte del mito popular o porque la ilusión de dar un batacazo está en la naturaleza humana. Algo así como acertarle al Kino o el Loto. El hecho es que muchos esperanzados, especialmente los que no han podido o no han sabido labrarse un futuro, aguardan expectantes, su minuto de gloria. Tal vez eso explique algunas  actitudes que vemos por estos días, especialmente en las manifestaciones en Aysén y Coyhaique y en alguna polémica entre un funcionario del Estado y  un dirigente mapuche. En el caso de Aysén, el minuto ha sido de un par de dirigentes de palabra fluida y rápida; en el segundo caso el minuto fugaz terminó como un intercambio de garabatos de grueso calibre.

La búsqueda del minuto de gloria en política tiene un sentido algo diferente. Primero que nada, es parte de la pega, ya que ninguno que se precie de político, pierde de vista que un buen momento, un minuto bien aprovechado, puede conducir—el ejemplo está a la vista—a la primera magistratura y de ahí para adelante. Uno puede ver como los Aguiló, los Asencio, los Farías, los Moreira, los Silber, los Girardi, los Lagos, los Navarro y varios otros que no menciono, hacen su mejor esfuerzo.

Mis minutos de gloria han sido fugaces: una que otra  respuesta ingeniosa por ahí, alguna carta al diario memorable, un par de aciertos en clase y muy poco más. Pero no pierdo las esperanzas y aquí me tiene Ud. escribiendo un blog que muy pocos leen, porque me asiste la ilusión de alcanzar montones de seguidores. ¿Quién le dice que no tenga un minuto de gloria duradero?

1 comentario:

  1. Me acordé de los minutos de confianza de los que disponía de vez en cuando Canitrot para hablar con Don Pío.

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