Acortar camino de alguna manera, a la buena o a la mala, está en el ADN nacional. Lo hacemos literalmente comiéndonos las esquinas en parques y aceras, de manera que inevitablemente acabamos con el césped y las plantitas; lo hacemos moralmente ya desde cabros chicos, en el colegio, copiando en las pruebas; lo hacemos en los negocios con chuecuras como las de La Polar , en la política llegando al Congreso a dedo como el amigo Felipe Harbóe, Carlitos Larraín, la señora Von Baer y otros varios y hasta en cuestiones de Fe, mejor no digo como.
El esfuerzo por acortar camino pudiese estar en la base de muchas de la conductas nacionales: por lo pronto, en el delito—hurto, robo, estafa, narcotráfico, crimen—como medio para enriquecerse rápidamente sin demasiado trabajo rutinario; desde luego en el comportamiento en las calles—cruzando la calzada a media cuadra, dando vuelta en U en lugares prohibidos, superando los límites de velocidad—como una manera de ahorrar tiempo y distancia; y también en el estudio y la academia—recurriendo a textos sintetizados, plagiando trabajos antiguos, haciendo copy/paste, robando ideas y haciendo zancadillas a los colegas. No sería nada que acortáramos camino con alguna pillería—al fin en todas partes del mundo se hace—pero en Chile nos vanagloriamos de ello. “Nunca he pagado en una micro” decía orgulloso unos de mis cuñados; “no le he trabajado un día a nadie” se jactaba cierto político radical ya fallecido; “no me den, pónganme donde “haiga”, decía otro.
Acortar camino a como de lugar está en todo: mire el rodeo y note que los huasos van por adentro y los pobres vacunos por fuera; mire la Plaza de la Ciudadanía en el Barrio Cívico, donde el último diseño arquitectónico llegó a institucionalizar las cortadas con esos senderos chuecos. Hay que decir, hablando de arquitectura, que uno de los atractivos de las galerías comerciales céntricas, es que sirven para acortar camino. Es que somos expertos en tomar atajos para ahorrar esfuerzo.
Y me surge la pregunta ¿Si es así, por qué no hemos podido acortar el camino al desarrollo, a la erradicación de la pobreza, la eliminación de las desigualdades y a la reducción del delito? Un viejo profesor de economía, que fue Presidente de Bolivia un par de veces, me decía hablando sobre el tema de acortar plazos hacia logros sociales, que el problema estaba en que las derechas, sabiendo el camino, lo transitaban con extrema parsimonia, en tanto las izquierdas, enceguecidas por la ideología, no podrían encontrarlo.
El camino al desarrollo no tiene atajos. Los alemanes, japoneses, y norteamericanos siguieron el camino largo. Los griegos, portugueses y españoles el corto. En Sudamérica solo existe el corto, ya lo hemos tomado varias veces.
ResponderEliminarLargo o corto, no funcionan
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