El revuelo noticioso que generó el accidente del Metro, en la mañana de este miércoles, tuvo a los canales de noticias y a los otros canales comentando el asunto hasta la nausea casi toda la mañana. No solo vimos mil veces las grabaciones de las cámaras de seguridad que captaron el accidente, sino que escuchamos interminables repeticiones y variaciones con las que las locutoras intentaban llenar el tiempo. Evidentemente una noticia así en febrero cae como lluvia en tiempo de sequía…
Además de calificar de descarrilamiento lo que evidentemente fue un sobrepasar el final de la vía y de que los comentarios no insistieron mucho en el detalle que el convoy iba vacío—que un convoy vacío se salga de la línea es noticia, pero no tanto—entrevistaron a una señora embarazada dueña del automóvil que quedó debajo del tren preguntándole con tono ominoso—a menos de una hora y media del sucedido el hecho—si Metro había tomado contacto con ella.
Todo lo anterior me parece un exceso que, por conveniencia de los medios que comunican, se transforma en noticia: el exceso como noticia me parece socialmente peligroso y bastante equívoco. Mi imagen al escuchar que se había descarrilado el metro, fue la de vagones llenos de gente lesionada y en un primer momento me llamó fuertemente la atención no ver montones de ambulancias rodeando el tren.
No digo que no haya que mostrar y comentar los hechos, porque la comunidad merece estar bien informada. Me refiero al hecho que al pecar por exceso, desde la noticia se generan toda clase de derivaciones y percepciones indeseables que conducen a malas interpretaciones e incentivan reacciones equivocadas.
Como siempre, aparecieron, como callampas luego de una lluvia, los especialistas y entendidos, que fueron entrevistados profusamente: especialistas en accidentes de trenes—es obvio, el metro es un tren--; especialistas en estructuras sujetas a sobrecargas—los coches del metro quedaron sobre la losa de un estacionamiento ubicado bajo tierra—; especialistas en urbanismo—por las connotaciones de una estación de mantenimiento del tren subterráneo como vecina inmediata a condominios llenos de gente, etc. etc. Y sus derivaciones: ¿Qué fue primero, la estación de mantenimiento o los edificios habitacionales? Es de imaginar que algunos diputados estarán pidiendo ya que se tramite una Ley que impida que las estaciones de mantenimiento del Metro estén dentro de las ciudades.
Es evidente que el exceso en el tratamiento de la noticia, sea por los noteros sobre los que comenté el otro día, sea debido al enfoque de los noticieros y la línea editorial de los canales, causa perjuicio social.
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