Durante la presidencia de don Salvador Allende, a principio de los movidos años 70, el vocero del gobierno era el entonces Subsecretario de Ministerio del Interior, señor Daniel Vergara, personaje cuyo parecido con el protagonista de una serie de terror de la época, le valió el apodo de Barnabás Collins, así como un odio generalizado de tirios y troyanos, tal vez por su apariencia impertérrita, su gesto de asco y su talante indiferente respecto de lo anunciado. Sin embargo, con la perspectiva del tiempo y la comparación con voceros pasados y presentes, me parece que la vocería de don Daniel Vergara cobra un significativo valor y merece un análisis más detenido.
Cada uno en su estilo, voceros como Francisco Javier Cuadra, Enrique Correa y Francisco Vidal, le han hecho el peso a Vergara, pero sin conseguir igualarlo totalmente: Cuadra era igual de impertérrito y definitivo, pero con su apariencia de niño aplicado no podía competir con aquella cara de asco y ese aspecto terrorífico; Correa tenía una cara tan mefistofélica, que parecía en broma; Vidal, demasiado jacarandoso y pagado de sí mismo, no resultaba suficientemente creíble y habría podido anunciar la llegada de los marcianos sin que nadie lo tomara en serio.
Los voceros de actual gobierno de ninguna manera han dado la medida. No lo digo en materia de peso o muñeca política—Chadwick los tiene de sobra—sino en términos de la forma de comunicar. El peso y la muñeca política son dimensiones que el hombre de la calle o la señora de la población no perciben muy bien, porque requieren de cierta sofisticación y cultura política, pero la forma de comunicar—esa que tenía Daniel Vergara que daba a cada anuncio el peso de una sentencia definitiva—sí la tiene. La Sra. Von Baer resultaba poco creíble porque le faltaba precisamente eso: tanto su metal de voz como su lenguaje corporal la perjudicaban en el momento de comunicar.
El vocero Chadwick tiene otro problema que quiero ejemplificar con un ejemplo, sin ningún afán de ofender. ¿Ha escuchado Ud. las declaraciones que formulan al pasar los flaites detenidos por carabineros? No aludo a lo que dicen ni me refiero a los términos empleados, sino al tono, a las inflexiones de la voz, al ritmo del discurso. Es difícil ponerlo por escrito pero lo intentaré : “Noooo, si yoo taba con uno amigo. Soy inoceeente, de too”. La cadencia, el alargamiento de las palabras, el tono de disculpa, la búsqueda del énfasis particular de quien busca convencer, tan típico de la gente corriente. Lo vemos, también, en las declaraciones de algunos futbolistas.
A Chadwich le falta la medida, la neutralidad en el tono, el desapego respecto del contenido del mensaje de que era capaz Daniel Vergara y casi consiguió Francisco Javier Cuadra. ¿No hay alguien que se lo diga?
Me acuerdo del Barnabás de la tele pero no del otro. En cuanto a Chadwick, él representa a los actuales políticos de la “nueva derecha”, que viven pidiendo perdón por ser de derecha, por pensar como se supone que realmente piensan e incluso piden perdón por existir. Tratan de caer bien, de no molestar a nadie, de no decir nada. Viven con miedo.
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