sábado, 1 de octubre de 2011

LA UTOPIA DE LA IGUALDAD

Confieso que tengo problemas con el concepto de igualdad. Racionalmente puedo argumentar, seguramente influido por la idea contenida en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, que  nacemos libres e iguales en derechos, por lo menos ante la ley. Emocionalmente, sin embargo, percibo que no es estrictamente así: la influencia de la herencia genética, distinta en cada individuo; la influencia del ambiente, con sus miles de circunstancias diferentes y la suerte, que nos roza con su gesto mágico  o nos ignora, nos hacen diferentes. Pretender la igualdad  ideal parecería, más bien, un designio aventurado, resultado de algún experimento social extremo, como aquel que Aldous Huxley imaginara en su novela “Un Mundo Feliz” de 1932, terrible sátira cargada de ironía política.
Por eso me parece también una ironía, que personas como Camila Vallejos—linda e inteligente—y Giorgio Jackson—inteligente y preparado--, hablen de la igualdad a la que deberían apuntar el sistema educacional  y la sociedad. Ellos, dotados, destacados física e intelectualmente, rodeados de sus iguales, mucho menos dotados y desde luego menos bonitos. Ellos con sus destinos seguramente diseñados por la conveniencias de sus partidos; los otros enfrentados a la incertidumbre.
Quiero creer, sin embargo,  que la igualdad de la que hablan es aquella que se constituye principalmente como logro y no la que  se compromete sólo como punto de partida. Entendida así, la igualdad tiene que  ser conceptualizada más bien como la conquista producto de un supremo esfuerzo y no como el simple derecho a gozarla como resultado  de una lucha social. Así entendida, la igualdad es una difícil igualdad, como todo en la vida. La simple lucha por la vida  en la evolución que se nos presenta día a día.
Siempre ha sido así. Siempre habrá uno que gane la carrera. Siempre habrá legiones que la pierden. Estarán los que suben al podio y los que bajan al anonimato. De lo que se trata, en esencia, es que los que llegan últimos,  no tengan tiempos demasiado terribles.

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