martes, 25 de octubre de 2011

¿CÓMO ES QUE LLEGAMOS A ESTO?

Cuando estaba en la Universidad, hace muchos años, hubo en mi Escuela un paro estudiantil que duró casi medio año. Comenzó por un problema académico, pero rápidamente fue capitalizado por los intereses políticos más extremos y terminó en una toma violenta del edificio que produjo una división curiosa: la minoría exaltada y politizada se quedó con él y la mayoría, tranquila y neutral se trasladó una vez solucionado el problema de origen a otro inmueble universitario, continuando con las clases normalmente, a pesar de los intentos por quebrar el orden de eventuales  grupos provocadores. El movimiento se consumió a si mismo y  al final, los rebeldes se vieron obligados a deponer su movimiento, porque eran cada vez menos los que tomaban el riesgo de perder el año. En diciembre, finalmente todos volvimos al edificio de la Carrera ya desocupado y continuamos las actividades sin ningún problema: estaba limpio y ordenado.
Por estos días, casi cincuenta años después, en varias universidades estamos intentando comenzar  de nuevo las clases,  pero nos encontramos con que las instalaciones tomadas por meses y devueltas a medias están en la más triste condición, desordenadas, sucias y mal olientes, con puertas forzadas, con bienes institucionales y privados rotos o sustraídos y con sectores importantes en ruinas. Y hemos visto que un interés no menor de quienes protagonizan la toma y pretenden prolongarla, es el ahorro en gastos en pensiones que están haciendo.
La pregunta es ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿Qué es lo que resulta ser tan diferente entre aquella Universidad y esta? Tal vez sea  que los alumnos de antaño guardaban, aún en medio de los conflictos,  cierta compostura en tanto  los de hoy se comportan como lumpen. Entonces uno se cuestiona pensando ¿Cómo es que llegamos a esto?
La respuesta fácil es, seguramente, que todo cambió: cambió la gente que llega a la universidad, cambió la educación, cambió la sociedad, cambiaron  la moral y las costumbres, cambiaron los límites…Pero fundamentalmente, lo que cambió perdiéndose en estos años, ha sido la templanza, la mesura, la medida, el auto control a nivel de las personas, con  la consiguiente inclinación a la exaltación colectiva.
Portales decía por allá por 1836, que en Chile el orden se mantenía por el peso de la noche, tal vez porque en su época casi no existía un sistema de iluminación pública y la población era escasa. En mi juventud, cuando ya éramos muchos más y las luces eléctricas hacían de  la obscuridad una amenaza lejana, el orden se mantenía porque éramos ciudadanos  temerosos de la Ley y del peso de la Justicia—los jueces—y  respetuosos de la autoridad—la policía—que  ejercían el control. Es cierto, claro es,  que la autoridad se hacía respetar mucho más que ahora, en que incluso el Presidente del Senado puede ser considerado un transgresor.

1 comentario:

  1. Jagarcia. Son los “derechos”, el recibir sin dar, el tener sin trabajar. También es, tal como tú lo deslizas, que las universidades hoy son masivas, por lo tanto tienen que tener obligatoriamente un bajo nivel. No puede ser de otra forma. Son personas que no son capaces de convivir con la libertad que de la noche a la mañana han conseguido.

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