¿Se ha detenido a pensar que en todo este conflicto estudiantil, nadie, ni los estudiantes, ni los políticos, ni el Gobierno, parecen haberse abierto a reflexionar sobre el problema de fondo de la educación? Sólo han estado discutiendo sobre las formas: el lucro, la gratuidad, el carácter público de la educación. Pero dígame: ¿Alguien se ha puesto a pensar en cuántos periodistas, cuántos abogados, cuántos arquitectos, en fin cuántos profesionales, se van a necesitar en el futuro? ¿Cuántos técnicos y trabajadores especializados? ¿Alguien se ha detenido a pensar que cualquier decisión sobre las formas tendría que subordinarse a unos objetivos “país” de más largo plazo? Y más importante todavía: ¿Qué diseño tiene ese “país” futuro?¿Cómo es el porvenir en el que se puede pensar, dados unos recursos posibles y probables, unas circunstancias internas y externas, los cambios demográficos y mentales y el mismo progreso que podamos hacer?
Parecería racional pensar en ello o por lo menos, hacer de esa incógnita uno de los elementos sobre los que centrar el esfuerzo de las inteligencias. No parece razonable que sigamos funcionando, como hasta ahora, sin un proyecto de futuro claro y definido, más o menos enfocado, objetivo, para que los esfuerzos, los fracasos y los éxitos puedan aportar a una meta, a un propósito. Ya no bastan las políticas genéricas—reducir la pobreza, reducir la desigualdad, eliminar los campamentos, alcanzar el desarrollo en cierto plazo, etc.—, tareas que son medios pero no metas verdaderas.
Por lo menos los ultra tiene ese proyecto y esa visión. Lo tienen, aunque sea sólo en el ámbito de la ideología: quieren el Estado total, la sociedad controlada, las libertades que sean funcionales, una democracia propicia y en ese sentido, también están enfocados sólo en los objetivos intermedios. El primero, hacer fracasar al Gobierno de derecha (si se le derriba, mejor todavía); segundo, debilitar a la alternativa—la Concertación —haciéndola aparecer inoperante, oportunista y zigzagueante; tercero, debilitar la democracia formal para reemplazarla por el asambleismo controlable políticamente, sea en la fórmula multitudinaria, sea en el plebiscito abierto. Tampoco tienen un proyecto claro de futuro y no lo necesitan, porque sólo buscan el poder. Una vez con el poder—piensan—todo se podrá hacer. Como en China…
El problema es que no somos China sino un país chico y del mismo modo que tal vez un dinosaurio de 80 toneladas no necesitaba preocuparse mucho de los rivales ni de los obstáculos normales, sí lo tenía que hacer con sumo cuidado uno pequeño del porte de una gallina. En todo caso, resulta muy interesante y aleccionador pensar que los grandes monstruos de jurásico se extinguieron y los dinosaurios chicos evolucionaron en los pájaros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario