A la vista de sus dichos y actitudes, sobre todo en relación con los últimos sucesos en
La pregunta que cabe formular entonces es ¿Qué desequilibrio cívico, qué sucio y obscuro designio o mutación explica que hayamos llegado a esta situación. ¿Es una consecuencia atávica de la evolución republicana desviada por la carga social de una ciudadanía inmadura? ¿Es culpa del Gobierno Militar? ¿Es un resultado de los años de gobierno de la Concertación tras la “recuperación” de la democracia, así entre comillas? ¿Estuvo mal pelado el chancho en algún momento? ¿O siempre ha estado mal parida la criatura social?
En algún momento se pudo pensar que la ciudadanía detectaba bien los excesos, cuando algunos diputados y senadores quedaron fuera del Congreso en la última elección, castigados por el voto. Pero viendo los exabruptos y absurdas decisiones de parlamentarios y autoridades en ejercicio en los dos últimos días, se tiene que concluir que la tarea de aseo sigue pendiente y que hay mucho por limpiar todavía. ¿Habrá voluntad y lucidez para esa tarea?
Sin duda tenemos lo que nos merecemos como sociedad y no hay mucho de que asombrarse, sobre todo cuando se toma nota de los saqueos, asonadas y disturbios que por cualquier motivo se desbordan, que hablan de una escasa cultura cívica, de poca cultura moral y de muchos apetitos descontrolados en la sociedad civil. Lo malo es que las mismas personas que se manifiestan reclamando todos los derechos son las que dan sustento, con su participación y manifestaciones, a los desbordados.
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