domingo, 22 de enero de 2012

¿QUÉ PASARIA CON LEYES “SOPA” Y “PIPA” NACIONALES?

La discusión en el congreso norteamericano de la ley SOPA (Stop Online Piracy  Act), orientada a proteger los derechos de autor—por ejemplo en contenidos relacionados a música, libros y películas—generó un alud de protestas en la red y en los medios, por las implicaciones que eventualmente esta ley y la PIPA (Ley de protección de la propiedad intelectual), podrían tener para la libertad de expresión.  El revuelo hizo que se postergara el debate por unos días, pero lo más probable es que finalmente ambas leyes se aprueben. No olvidemos que el pueblo norteamericano cree firmemente en la libertad, pero su gobierno no.

Qué terrible sería que el ejemplo fuese seguido en Chile por iniciativa de aquellos legisladores aficionados a controlar, regular y restringir derechos (no los identificaré mejor,  pero sé que  les deben estar picando las manos) de manera que en el Congreso se llegasen a discutir  nuestra propia sopa y nuestra propia pipa. ¿Qué haría el gobierno? ¿Negociaría? ¿Buscaría acuerdos? ¿Aportaría votos en un afán de conseguir simpatías y mejorar en las encuestas? ¿Habría acuerdo entre Renovación Nacional y la Democracia Cristiana en este tema también?

Imagínese que todos los sectores pudiesen presionar para que la ley defendiese sus intereses  y prerrogativas…¿Cuáles serían las aspiraciones en juego sobre las que se desarrollaría el lobby? y ¿cuáles las disposiciones de las leyes correspondientes que se podrían aprobar? Se me ocurren algunas posibilidades:

Los libreros querrían maximizar sus ventas, ergo, postularían una  ley que  prohibiera prestar los libros a segundas  y terceras personas, de manera de aumentar las ganancias. Cada lector con su libro y fin a los préstamos sin retorno (con lo que yo podría, por fin, tener una biblioteca en mi casa).
Cada ciudadano tendría que leer sus propios diarios y revistas  y nunca los del vecino. (y habría que botarlos a la basura en bolsas selladas).
Ergo, no podría haber diarios ni revistas en las consultas médicas (a lo más calendarios).
Los cineastas conseguirían que la ley  prohibiera copiar, reproducir y contar las películas (porque conozco a varios que cuentan  películas mucho mejor de lo que son).
Los editores de DVD conseguirían que éstos no pudiesen ser vistos en grupo (lo más, en familia y nunca por más de cuatro coma dos personas, que es el tamaño promedio de la familia chilena).
Los aficionados graciosos no podrían contar los chistes de los humoristas profesionales ni en las fiestas ni en los asados sin pagar royalties.
Se acabaría el karahoke.
También las citas de pie de página
Posiblemente las entrevistas habría que pagarlas chin chin y con boleta.
La radio,  tendría que ser escuchada por separado (posiblemente con fonos como los MP3 y celulares, que por lo demás tendrían prohibidas casi todas las aplicaciones).
Los discos compactos vendrían con clave y podrían ser escuchados un número limitado de veces   (y también con fonos).
Nadie podría hablar del clima, por ser prerrogativa del Servicio de Meteorología.
Todo el que tuviese una idea original tendría que certificarla en una notaría e inscribirla después en el Conservador.
Las donaciones de órganos deberían ser redefinidas como renuncias a los derechos de autor y sujetas al trámite correspondiente.

¿Se le ocurre algo más estúpido? Pues, además de estúpido es peligroso, dado el nivel de la política que tenemos…

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