Me veo obligado a romper mi ritmo de escribir día por medio, pero la tentación supera al orden. Con un tema tan atractivo, ¿qué más se puede hacer?
Como a Galileo la Inquisición , a Carlos Larraín la UDI. No resulta nada de extraño, si tomamos en cuenta el trasfondo doctrinario y confesional del citado partido. Como el sabio, abjurando de sus descubrimientos y teorías cosmológicas frente al tribunal de la fe, don Carlos pidió disculpas por su acuerdo con la DC frente a un equivalente del Santo Tribunal—ministros ceñudos en el Patio de los Naranjos—. Se notó la tensión: no hubo apretones de mano, no hubo sonrisas y las caras tirantes de Coloma y los demás próceres presentes, dejaron en claro que la herida ha quedado abierta. Falta por ver si como a Galileo, se le impone a Carlos Larraín alguna forma de retiro domiciliario permanente. Queda pendiente, asimismo, el “eppur si muove” de don Carlos, que no dudo, será punzante, penetrante y humorístico y que parece en los hechos, comienza a configurarse al continuar las conversaciones.
Es necesario reconocer que Larraín (don Carlos, porque todos los otros son espantosamente fomes), llegó a la política como un soplo de aire fresco. Con su lengua afilada e instantánea, su sensata lucidez y su humor campechano demostró hasta qué punto faltaba la rapidez mental en un escenario político poblado por aparecidos, fantasmas y espantos. Demostró carácter y claridad y además gracia. Se necesita ser inteligente para manejar bien el humor. Demostró, asimismo, ser firme. Ni siquiera los cargantes de Tolerancia Cero, con su “doble pensar”—como podría haber dicho Orwell—consiguieron amagarlo seriamente. Todo un personaje, todo un carácter, que uno entiende que no guste de Piñera, los acartonamientos y las triquiñuelas.
Va a ser interesante observar cómo se las van a arreglar la Alianza y la Concertación , para anular lo que el acuerdo RN/DC echó a caminar. No les puedes gustar las propuestas de cambio contenidas en el pacto, por muy generales y preliminares que sean, porque los políticos siempre prefieren en statu quo y las posiciones estacionarias, incluso en medio de las revoluciones más movidas. Va a ser simpático, también, ver cómo se las va a arreglar en gobierno para que parezca que la iniciativa nació en su seno. En cualquier caso, no le va a ser fácil poner nuevamente en rumbo el barco que se salió de curso una vez más.
Nada de raro que el impasse genere otro cambio de gabinete. Puede que sea necesario allegar nuevos ministros para reemplazar a aquellos más deslucidos. Siempre agrada a la hinchada que el DT cambie un par de jugadores cuando se va perdiendo. Le hace a la esperanza y al ánimo de equipo. Cuando sepamos sus nombres, sabremos si se tratará una mano de pintura o de un refuerzo estructural. Lo malo, siempre en la jerga futbolística, es que la derecha parece haber agotado los cambios, fuera de que ya no tiene mucha más gente en la banca.
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