sábado, 31 de marzo de 2012

LAS TRES D DE LA NUEVA CULTURA

Como el terremoto destruyó mi casa (mi único bien, fuera de mi mujer y mis hijos), tuve que reconstruirla con enorme sacrificio y molestias. El proceso reveló que la construcción es una artesanía que apenas supera las usanzas medievales; que los proveedores son ávidas pirañas ansiosas de morder y que la mano de obra disponible reúne, pese a la tecnología,  todos los vicios y muy pocas de las virtudes del mundo moderno.

El proceso de la construcción  fue terriblemente desorganizado pero, sobre todo, fue un ejercicio de dilapidación de recursos: clavos, tornillos, brocas, discos de corte, brochas, bisagras, perfiles, maderas caras, pisos flotantes y revestimientos fueron consumidos como si los regalaran y los sobrantes botados a la basura sin asco como si no tuviesen valor. Recuerdo de mi niñez, que todo servía, que nada debía desperdiciarse. Recuerdo a  la gente recogiendo clavos, herraduras, huesos, latas y un sin fin de cosas para darles o encontrarles uso. Y ahora veo a los hijos de esas personas, dilapidando sin medida.

Como mi nueva casa se edificó en el terreno de la demolida, se conservó el jardín, con árboles de casi 20 años, rosales, filodendros, helechos, arbustos ornamentales. Poquitos, pero queridos. Y llegaron los maestros y pese a mi solicitud de cuidarlos les pasaron por encima, sin necesidad, sin cuidado, sin respeto, sin consideración, como encapuchados de cara descubierta, con supremo descuido.

Mi hija, que  tuvo que operarse ambos ojos, procedimiento que se hizo para los dos en un solo acto quirúrgico. Entonces en la clínica le dijeron que había que presentar la cosa a la Isapre como si se tratara  de dos operaciones separadas efectuadas en días diferentes, porque así se evitaba que el copago por el segundo ojo se aumentara significativamente. Pareciéndole raro el asunto hizo  algunas averiguaciones discretas,  descubriendo  que en el caso de operación  simultánea  los gastos médicos de la clínica y  los honorarios médicos eran a su vez castigados. Al separar artificiosamente los procedimientos, ella ahorraba un tanto  en el copago, pero la clínica, recibía dos hospitalizaciones y los médicos, dos honorarios. Una clara deshonestidad, por decir lo menos.

Y es que las tres D de la nueva cultura son, precisamente, DILAPIDACIÓN, DESCUIDO y DESHONESTIDAD. Es lo que hemos construido en estos años  de la recuperación de la democracia y lo que estamos trasmitiendo hacia el futuro.

jueves, 29 de marzo de 2012

DISCRIMINAOS LOS UNOS A LOS OTROS


Analizando las circunstancias de mi vida hacia atrás, advierto que fui discriminado en casi todos los ambientes en que  desarrollé alguna actividad y sobreviví a todos los acosos: por usar anteojos, por ser menor, por no ser católico ni semita, por ser medianamente bien hablado, por no querer fumar, por no beber, por entregar mis trabajos a tiempo y hasta por gustarme los gatos.  Sobreviví casi ileso, tal vez porque no se trataba de peculiaridades de las que me sintiese obligado a hacer alarde, formar tribu o definir postura. Nunca anduve con un felino a cuestas, jamás ofendí a algún cristiano ni a ningún judío, árabe o sirio y  en verdad, a  nadie en particular.  Reconozco, sin embargo, algunas concesiones a la discriminación:  en oportunidades esperé hasta el último instante antes de cumplir, más no fuera por no poner a los  irresponsables en evidencia y hasta me emborraché alguna vez por no desteñir.

La cuestión es que en ese entonces la discriminación se trataba de un problema entre pares, propio de la cultura y las costumbres y se solucionaba solo con un poco de educación, sin necesidad de leyes ni del hermano mayor. Hay que reconocer que el concepto de cultura a que me refiero era aplicable a un estrato reducido de personas, en un universo acotado y bastante cerrado como era la clase media de mi niñez y juventud.
Hoy por hoy las cosas han cambiado. Primero que nada, el cuerpo social abarca toda la variada gama de manifestaciones y comportamientos, desde los estratos  más empingorotados al estado llano menos favorecido; desde los que por generaciones han cultivado costumbres altamente socializadoras , hasta los que comienzan a necesitarlas con urgencia, so pena de tragedias como la del joven Zamudio. Y posiblemente en eso estribe el problema.

Una duda es si la solución al problema pasa por la dictación de leyes reguladoras o punitivas o es más bien materia de diseñar inteligentemente un proceso de sanación social. Recuerdo cuando el profesor de gimnasia determinó que era necesario que me pusiera los guantes con mi compañero Miguel ,  que me tenía amenazado. Enceguecido por su primer puñete le di con desesperación y lo dejé sentado en el suelo, tras lo cual conseguí todo su respeto consideración.

Otra duda tiene relación con el papel de la prensa y los medios, que más que informar contagian, por su tendencia a enfocarse en la noticia como mercancía más que en la información como formadora. Mi padre fue dueño de un periódico de provincia (literal, porque aparecía los martes), en el que de cuando en cuando aparecía entre las columnas un espacio vacío. “Es la noticia que es indispensable omitir al público, pero que algún culpable sabe se pudo publicar”. Nada original, pero efectivo.

lunes, 26 de marzo de 2012

EL TEMOR A EQUIVOCARSE

Son pocos los que no temen equivocarse. Me imagino que Steve Jobs y posiblemente Bill Gates hayan integrado alguna vez esa minoría selecta, pero por poco tiempo. Posiblemente hayan estado vacunados contra el error personajes como Mao Tse Tung, Ho Chi Minh y  Fidel Castro. Pero han sido pocos. Ni siquiera el Papa, que tiene certificado de infalibilidad en materias de definición pontificia,  puede gozar de ese privilegio en términos personales. Por mi parte, tengo algún pariente político y uno que otro colega que gozan de  la gracia de no errar, aunque sea en propia opinión. Los demás, Ud. yo, nos equivocamos tupido y vivimos en el temor de volver a hacerlo. Finalmente, esa zozobra termina por regular nuestros actos.

Bien mirado el asunto, parece que sólo los héroes se libraran de ese miedo, por lo menos en el instante del sacrificio, cuando comandan la carga suicida o cuando saltan al abordaje imposible. Los mortales corrientes, en cambio, vivimos para sufrir las consecuencias de nuestras equivocaciones. Millones de parejas de casados, legiones de condenados, multitudes de pecadores lo certifican. Por eso el temor.

Se explica, entonces, que ante el temblorazo del domingo se hayan equivocado tantos temerosos de equivocarse. Porque el temor a errar es el error mismo anticipado. Que hay posibilidad de Tsunami; que no la hay; que el Shoa dijo; que la ONEMI  hizo. Después de la comedia de errores y la feria de las incompetencias del 27 F, nadie quiere correr el mismo riesgo. Nadie tiene un blindaje como el de la ex Presidenta…¿Se imagina una salida de mar  y media docena de muertos como consecuencia de no haber ordenado una evacuación?  ¿Resistiría el Gobierno el festín opositor?

Por eso, lo mejor ha sido equivocarse. Bien mirada, la precaución innecesaria es una equivocación tolerable, en tanto la falta de preocupación por temor al error, resulta imperdonable.

Bachelet y sus boys temieron equivocarse el 27F y quedó un tendal de muertos. Mejor se hubiesen atrevido a errar.

sábado, 24 de marzo de 2012

AGUA PASADA NO MUEVE MOLINO

Con la sabiduría del proverbio antiguo, el dirigente de Aysén Iván Fuentes recordó que “agua pasada no mueve molino”. Inteligente actitud de la que innumerables personajes de la política, la iglesia, la judicatura y la academia, han preferido sustraerse para insistir en aludir al pasado—a las aguas pasadas ya—para sacar beneficios muchas veces viles. Dejar tranquilas las aguas pasadas siempre parece prudente: en los matrimonios evita los  rencores recurrentes; en los negocios reduce las tensiones perjudiciales; en la política facilita negociar. “Si perdonas podrás olvidar” canta el folklorista argentino Eduardo Falú en una memorable canción. Pero es difícil perdonar, sobre todo cuando no hacerlo rinde beneficios.

Que las heridas abiertas siempre corren en peligro de infectarse y que rascar la cicatriz siempre agrava la llaga, es una cuestión de sentido común. Lamentablemente como dice la frase hecha, el sentido común no es el más común de los sentidos. Los chilenos hemos demostrado no tenerlo muy desarrollado, razón por la cual vivimos echándonos en cara faltas y defectos. Y quien camina mirando mucho para atrás, tropieza.

Si el Gobierno tiene sabiduría seguirá adelante con el acuerdo y desestimará las querellas en contra de los ayseninos y cualquier otra acción que pueda dar pie a  reacciones. Si los habitantes de Aysén tienen inteligencia, controlarán a quienes están más interesados en escalar el conflicto que en dar soluciones a los problemas de la gente y negociarán por el bien de todos. Si esto se consigue, los aventureros y aventureras no tendrán  por donde pasar para clavar su lanza  disociadora. Labbé debiera hacer algo parecido en Providencia por las mismas razones. Si al fin, los que tengan que morir en la rueda, si es su destino, morirán en la rueda un día u otro día por venir.

jueves, 22 de marzo de 2012

EL TIEMPO DE LOS MONTRUOS

Evidentemente estamos viviendo en un interregno extraño, una encrucijada cívica complicada: un intervalo o articulación entre dos períodos diferentes que no terminan de definirse. Todo está revuelto y enredado por donde se lo mire. Como decía lúcidamente Antonio Gramsci,  "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos".

Explicar el viejo mundo es hablar de la vieja democracia perdida en el golpe de estado; es relatar las circunstancias de gobierno militar y las violaciones a los derechos de la personas ocurridas en el proceso por la acción de lado y lado; es hablar de las transformaciones económicas y la adopción del modelo neo liberal y sus consecuencias sociales; es referirse al plebiscito, al triunfo del no, a la alegría por llegar y a los años del ascenso y caída de la Concertación.

Hablar del mundo nuevo por venir es hipotetizar sobre los cambios que pueda experimentar   la sociedad chilena en materia de cultura, costumbres, ingreso y educación y su proyección  en los años por delante; es comentar los efectos del posible advenimiento de una democracia ciudadana que impulse un cambio estructural en la organización del Estado; es anticipar los problemas económicos, políticos y medio ambientales que enfrentaremos interna y externamente, en la medida que demandemos más y mejor; es adivinar lo qué ocurrirá con los conflictos externos, en materia de límites y territorios.

El viejo mundo que se muere es mantenido aún con vida en una especie de UTI ideológica, porque todavía podría entregar beneficios políticos; el mundo nuevo que aún no nace plenamente, se enreda en las dudas y los temores de siempre ante las posibilidades del cambio. Entremedio, en la confusa circunstancia, disimuladamente, están surgiendo los monstruos de que hablaba Gramsci, sin que atinemos a contenerlos, sin que sepamos como identificarlos claramente.  Ya conocemos  a algunos de los monstruos menores—encapuchados,  agitadores, oportunistas,  audaces que integran  la nueva especie, del mismo modo que narcotraficantes y  estafadores—pero se nos escapan los grandes monstruos que aun se incuban en el desconcierto, en las dirigencias incipientes, en los caudillismos potenciales.

El riesgo será no reconocerlos ni contenerlos sino hasta que sean demasiado poderosos para hacerlo y puedan adueñarse de nuestros destinos.

martes, 20 de marzo de 2012

CADENA DE VIDA

¿Ha pensado en que todos sus ascendientes—padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y así hacia atrás—existieron e hicieron sus vidas para que Ud. llegara a vivir? ¿Ha pensado que toda una cadena de diversas especies animales que antecedieron y dieron origen  al género humano, que se extiende  hasta el más remoto pasado, inimaginables millones de años atrás, hizo lo mismo? ¿Ha pensado que toda la vida primigenia, todas las estirpes animales y vegetales que han existido constituyen milagrosamente el fundamento de toda la vida que existe? Por último ¿Se ha dado cuenta que cada individuo, de cualquier especie que se trate que es concebido, es único, irrepetible, única oportunidad de ser  en que se proyecta este largo proceso?

A cada instante y en cada especie miles de seres en proceso de gestación mueren naturalmente  antes de nacer por las más diversas causas. No llegan a asomarse a la vida, sino que se quedan en la semilla estéril, en la crisálida fallida, en el feto inviable. Por aquellos que pierden su oportunidad, incontables miles viven y cumplen su ciclo en el árbol crecido, la mariposa colorida o el cachorro que promete hacerse adulto. Es la ley de la vida, que permanentemente ensaya, en todo instante selecciona,  sostenidamente discrimina, siempre busca las mejores proyecciones de continuidad. 
Es la fuerza de la naturaleza que sigue el curso de la evolución.

Mirado así, dígame, ¿Qué piensa ahora del aborto?

domingo, 18 de marzo de 2012

NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS…

Los chilenos somos izquierdistas, tenemos mentalidad socializante, somos dependientes y queremos recibir las cosas más que luchar por ellas. Eso es cierto y lo prueban las encuestas o cualquier entrevista a los protagonistas de una huelga, una toma o una protesta. En síntesis, somos cívicamente  inmaduros, moralmente livianitos y dados a hacer funas y malones con cualquier excusa.  Pero a la postre, terminamos deseando el orden y el control que nos resguarde de los costos de nuestras propias debilidades. Cualquier desorden, caos, revuelta, conmoción o conflicto que se prolongue demasiado nos inquieta y pedimos a gritos al que sea, que venga  poner las cosas en su sitio.

Es lo que pasó en los mil días de la unidad popular—Allende no supo entenderlo cegado por su pretensión mesiánica—y lo que condujo a que el pueblo terminara tirándole triguito a los militares y aclamando mayoritariamente el golpe de Estado. Es lo que pasó en los años 80, cuando los militares cegados de manera parecida, no pudieron evitar que el aburrimiento cívico terminara—plebiscito de por medio—por sacarlos del poder. Porque no fue tanto la habilidad política de la oposición al régimen militar ni la falta de habilidad de sus sostenedores lo que resultó determinante en el cambio: fue el hastío de la población bien manejado por hábiles operadores.

Si Allende hubiese matizado su aventura socializante o si Pinochet hubiese manejado mejor la suya, otra habría sido la historia. ¡Pero no pudo dejar de decir que en Chile no se movía un hoja….!

Los dirigentes de la oposición extremista que viene actuando desde el conflicto de los pingüinos aprendieron mucho en los conflictos estudiantiles del 2011. Aprendieron que, como dice el refrán,  “no puede haber mal que dure cien años ni tonto que lo aguante”, porque hacia el final del proceso la gente inevitablemente comenzó a pedir la vuelta al orden y la seguridad y a darse vuelta en contra de los manifestantes.

El aprendizaje extremista se ha manifestado, en parte,  evitando cargar la mano a los santiaguinos con nuevas manifestaciones que  pudiesen despertar mayores rechazos más rápidamente—como quedó en evidencia en esta última marcha de secundarios—trasladando los conflictos a otras zonas del país donde la capacidad de aguante está todavía  intacta. Por eso ha sido Aysén y seguramente por eso será Calama.

Con todo, así como las reacciones a las infecciones son más rápidas y eficaces en los organismos preparados por la vacuna, en materia de conflictos sociales que implican rupturas de las rutinas y afectación de los negocios, las reacciones  populares que buscan terminar con el desorden y el caos para recuperar el orden, se producen más rápidamente.

Esta circunstancia obligará a los organizadores extremistas a una planificación más cuidadosa y a una coordinación más fina, lo que implicará mayor desgaste y  riesgo. Y encerrará el peligro de perder el control en el caos. Porque aunque parezca paradójico, toda revolución necesita que tener una fórmula de control si es que quiere sacar efectivo provecho político. No hay que olvidar que una revolución sin manejo político ni control puede consumir  simultáneamente al poder que  busca derribar y a los que la promueven. Lo hemos visto recién  en África .

Y es cuando surge el peligro de los caudillos. Si miramos a Aysén, por ahí a varios candidatos a caudillos. Me imagino que en Calama habrá más. El extremismo de izquierda debe estar conciente de ello, porque ha enviado a la Camilita.