viernes, 29 de junio de 2012

¿HACIA DÓNDE CONDUCEN LAS MARCHAS?:

Recuerdo haber visto de joven, hace ya  muchísimos años, una película francesa de esas en blanco y negro que se exhibían en el antiguo cine Bandera, que sobre el fondo histórico del final del reinado de Luis XVI, el affaire del collar de la Reina y el desenlace de la tensión social en la toma de la Bastilla, mostraba el juego de las pugnas políticas y los apetitos de poder, en medio de la indecisión y confusión de la autoridad. Gatillado el proceso, mostraba el derrumbe subsiguiente de las contenciones y resguardos de la institucionalidad monárquica y el lento descascaramiento de la humanidad de los personajes en la medida en que Francia se adentraba en el terror. Concluyendo con el proceso a Robespierre el film dejaba muy en claro, incluso para el muchacho que yo era, como ciertos decursos conducen al deterioro de cualquier convivencia, al extravío de todos los valores y al afloramiento de lo peor del hombre. Las escenas de los desbordes callejeros parisinos eran, con las debidas concesiones a las vestimentas y la tecnología, como los desórdenes de ayer en la marcha estudiantil, con la diferencia que todos actuaban a cara descubierta y que los mosquetes disparaban balas del tamaño de bolitas. Y evidentemente en la violencia y en los saqueos santiaguinos, no hubo  nada comparable a la belleza y poesía del cuadro de La Libertad Guiando al Pueblo, de Delacroix, que en 1830 recuerda otros levantamientos contra otro Luis. Es que la violencia y el delito no tienen poesía ni belleza alguna.

La evocación me ha llevado a preguntarme seriamente: ¿Hacia dónde apunta este proceso en que nos hemos metido? ¿Qué pretenden los líderes visibles y las manos ocultas que se produzca? ¿Los ideólogos del asunto—Salazar, Teillier  y un par más—tratan de posicionar sus ideas, sus corrientes o buscan algo más? ¿Tienen control sobre la tropa de choque o ya se les han escapado de las manos? ¿Y qué estrategia desarrolla el gobierno? ¿Tiene alguna o actúa reactivamente? ¿Está esperando que los vándalos asesinen a algunos carabineros para jugar a volcar la opinión pública? ¿O simplemente, como la policía de Luis está en retirada?

Como no es posible pensar que un cuerpo militarizado como los carabineros no puedan  anticipar los movimientos de la turba controlando los desórdenes—movimientos de pinza, amagos por las alas, toma de la retaguardia—hay que pensar que lo que   hacen, es lo que se les ha ordenado y que el Gobierno juega a la reacción civil y no quiere problemas ni con la opinión internacional, ni con la gente, ni con la Justicia. Ha elegido aguantar y que pague Moya, total los que pagamos los daños públicos somos nosotros mismos a través de los tributos  y los perjuicios privados, nosotros mismos a través de los precios. El problema potencial que existe es que, como en la película que recordaba, insensiblemente se pierda la medida, cunda la desesperanza y finalmente optemos por seguir a algún aventurero que—como Fidel en la Cuba de Batista—nos ofrezca una quimera. Y hay un par perfilándose en el horizonte electoral…

 ¿Qué pensará Sebastian I de todo esto?

miércoles, 27 de junio de 2012

PÁJARO DE CUENTA:

Creo que hacía muchos años no habíamos tenido un desfile de personajes tan siniestros en la política como los que se han dado en los últimos años. No digo que antes no los hubiera, porque algunos de los personajes de antaño se aproximaron mucho a los extremos, sobre todo entre los viejos radicales. Pero hasta ellos se cuidaban del juicio público y decían “no me den, pero pónganme donde haiga”. Es que la conciencia de lo que eran los objetivos de  la política eran muy distintos. Mi padre contaba que cuando fue designado Intendente de Valdivia por Pedro Aguirre Cerda a comienzo de los años cuarenta, al bajarse del nocturno en la estación sureña se encontró conque el chofer de la Intendencia lo esperaba en una victoria tirada por caballos. Resultó que   el Intendente saliente se había llevado para su casa  el auto oficial y los muebles de la residencia, por lo que mi progenitor tuvo que recurrir a la justicia para convencerlo que no podía apropiárselos así nomás.  De chico recuerdo muy bien  de las frecuentes elecciones los acarreos de huasos en carretas y camiones a los locales de votación, los sobres brujos  para asegurar el voto y los billetes cortados por la mitad para pagarlo, así como las empanadas y los potrillos de vino tinto en los clandestinos de la Provincia de Colchagua. Recuerdo también a algunos insignes operadores, de lujosos ternos a rayas  y grandes sombreros, más próximos al gangsterismo que al partidismo, a los que se recurría en caso de necesidad para torcer un poco la nariz a la ley.

Siempre me pareció que el Senador era de la misma especie, tal vez por un cierto aspecto ratonil y piratezco en el que no desentonarían ni el parche en el ojo, ni el gancho, ni la pata de palo. Algo había en él que me recordaba a los personajes patibularios de mis historias de niño…Tal vez la barbita rala, la mirada levemente estrábica, las facciones un poquitín orientales (los malvados en mis historias solían ser chinos) y desde luego, la compañía de otras buenas piezas de las que el parlamento está lleno.  No me gustaba, pero me pareció prejuicio decirlo hasta que comenzaron a aflorar las historias: el feo asunto del franqueo de las cartas con cargo al Congreso, el affaire de las facturas falsas en la elección parlamentaria, el turbio asunto de la compra de zapatillas al eventual testigo del caso Spiniak, el auspicio de la toma estudiantil del antiguo edificio del Congreso en las revueltas de  2011, por recordar los episodios más vistosos.

Ahora, gracias a la confesión de algunas de sus víctimas, comienzo advertir que más que prejuicio, mis pulsiones eran puro instinto. El ex Ministro Velasco, el ex Ministro García han comenzado el desenmascaramiento acusando al Senador de practicar el clientelismo y presiones con rasgos de chantaje , con lo que se suma otro pecado a los descritos. Se trata ya, nada menos que de un prontuario político que da que pensar y que está necesitando de foto de frente y perfil. A la vista de lo que ocurre hoy por hoy en materia  de delincuencia, no  hay duda de que tenemos los representantes que nos merecemos.

Que en el fragor de las candidaturas se están comenzando a pagar cuentas, quién lo duda; que detrás de la mención de Velasco al clientelismo y las malas prácticas del Senador  hay una estrategia, quién lo niega;  y que se trata de un pájaro de cuenta y de cuidado, quién no lo sabe.

lunes, 25 de junio de 2012

EL CABALLO DE TROYA:

Los griegos  nos legaron, con la leyenda del caballo de Troya, una tremenda metáfora.  Una metáfora que encuentra aplicación una y otra vez, cada vez  que en algún contexto se filtra disimuladamente una noción, una tendencia,  o una actitud que pueda colonizar dominando desde adentro a un organismo, a una sociedad o a una nación. Especialmente en el campo de las costumbres, las  ideas y las creencias, vemos una y otra vez  como la penetración inadvertida y a veces subliminal de contenidos disimulados, termina por transformar y reorientar las conductas. Se han mencionado diversos procedimientos disfrazados que consiguen el efecto, desde las imágenes intercaladas en libros y películas orientadas a la percepción subliminal, al uso de intermediadores emocionales que articulan con  los contenidos de fondo que se quieren  instalar. El proceso se comprueba a cada paso en el campo del marketing, en el tema del ambientalismo, en el ámbito de las creencias religiosas y también, como es lógico suponer,  en la esfera de la política. Las imágenes conceptuales que mencionaba en mi último blog—la idea de la letra chica, el agotamiento del modelo, la explotación empresarial, etc.—y la dedicación de 30 minutos a crímenes y asaltos en los noticiarios de la televisión, son caballos de Troya buscando ciertos efectos.

En Chile tenemos instalado en medio de la sociedad un tremendo caballo de Troya lleno de guerreros perfectamente armados. Un caballo estacionado en medio del conjunto social, alimentado por la institucionalidad vigente y totalmente ajeno a cualquier forma de control. Un caballo de Troya que fue construido hace muchos años, en tiempos de la vieja democracia que murió el 73 y que tras un interregno breve en el que se le sacó para afuera, volvió a ser instalado en el  centro social durante la vigencia del mismísimo gobierno militar. Fue la acción de los ocupantes de ese caballo la que explica la mayor parte de los fenómenos políticos ocurridos en los últimos 25 o más años. Fueron sus guerreros los que prepararon a los pingüinos del año 2006 y los que adoctrinaron a los estudiantes revolucionados el 2011.

El caballo de Troya a que me refiero está instalado en cada colegio y en cada Universidad, como puede comprobar cualquiera que se preocupe de saber qué contenidos son entregados a sus hijos. Desde los docentes que abiertamente hacen clases de marxismo—lo he visto con mis propios ojos—hasta los que más disimuladamente sesgan, informan torcidamente, adoctrinan intencionadamente haciendo proselitismo y  se aprovechan del descuido, de la inocencia y la ingenuidad de estudiantes y apoderados responsables. Y conste que lo que me molesta es el sesgo,  el oportunismo y la intención manifiesta de influir en un sentido determinado, porque atenta contra la libertad de conciencia.  Y también me molesta que todo se haga con nuestro dinero, al amparo de nuestras instituciones y a costa de nuestra libertad política.

sábado, 23 de junio de 2012

LA CREACIÓN DE CLIMAS

Los meteorólogos  coinciden en que más allá de unas horas, no se puede predecir el clima con suficiente precisión. Las variables intervinientes, aseguran, son tantas y tan variadas, que la ecuación resultante ciertamente es inmanejable, por lo menos con las actuales herramientas. Menos aún, se puede pensar en crear o controlar el clima, porque la  escala de los fenómenos que lo determinan es planetaria y excede cualquier tecnología humana. Pese a eso, los chilenos hemos comenzado a crear los climas y a  manipularlos más o menos a voluntad, aprovechando algunos recursos que la cultura nacional suministra en abundancia.

Me refiero, naturalmente, a ciertos climas  particulares como el clima de opinión y el clima político, que no por ser locales, son menos complejos que el clima meteorológico. Algunos analistas y operadores verdaderamente geniales  han  descubierto el modo de aprovechar los recursos culturales aludidos para conseguir unas reacciones determinadas. Y como ocurriera en las campañas de propaganda previas al plebiscito de 1988  que decidió la vuelta a la democracia, los más  ingeniosos creativos han sido persistentemente los representantes de las izquierdas, que con sus ocurrencias  e ingenio hicieron ganar al no, en tanto los creativos de las derechas, fracasaron entonces y han fracasado después,  siempre en toda la línea. Parece haber en eso un sino fatal de falta de ingenio, que nuestro Presidente prueba día a día equivocándose una y otra vez.

¿Que cuáles son esos recursos culturales aprovechables para crear un clima de opinión o un clima político que las izquierdas usan con tanta habilidad, se preguntará Ud.? Por lo menos dos: la tendencia nacional a seguir la corriente y la inclinación intelectual que, a falta de ideas propias, lleva a las personas a repetir cualquier idea ajena que parezca estar bien establecida. Un ejemplo de lo primero se dio en los saqueos que se produjeron por la falta de control luego del 27 F (gentileza de quien Ud. sabe), cuando muchos ciudadanos asaltaron los comercios sin una verdadera justificación, llevados por la turba. Una muestra de lo segundo se advierte en la rápida difusión de una serie de consignas, que van desde la idea de la letra chica, pasando por  los conflictos de intereses  de los políticos de gobierno, para llegar a la declinación del modelo neoliberal y a la noción  del  lucro como una cuestión negativa, primero en la gestión de la educación,  y seguramente después, en la empresa,  en las finanzas y todo lo demás.   

Y uno ve a ciudadanos que no llegan a entender lo que leen en la etiqueta de un envase de leche en polvo, opinando doctamente sobre la batería de temas con los que se ha creado el clima  político y social artificioso en el que vivimos. Es la vieja demagogia transformada en saber por las  bocas de ganso.

jueves, 21 de junio de 2012

LA EDUCACIÓN Y EL NUEVO ADOCTRINAMIENTO:

En mi lejana juventud, mi colegio estaba encargado de instruirme mientras mi familia se encargaba de educarme. El resultado fue que en el colegio aprendí una serie de cosas sobre el mundo y la realidad, algunas de las cuales  me fueron bastante útiles después en la Universidad, que en su momento  se dedicó a prepararme profesionalmente con bastante eficiencia. En mi casa aprendí de sentimientos, encarné valores y desarrollé una postura respeto del mundo con la cual mirar y pensar. Ni mi colegio ni la familia trataron de   adoctrinarme ni influyeron mis creencias, tal vez porque tanto  en la vida familiar como  en el Liceo campeaba un laicismo racional respetuoso de la religión pero inclinado a las explicaciones de la ciencia. Tanto mis padres como los profesores de mi colegio fueron cuidadosos con las ideas que podían confundirme o desviarme del buen camino.  Puede ser que hayan sido conservadores, pero en cualquier caso, prefirieron darme explicaciones razonadas antes que  adoctrinarme con dogmatismo. Se los agradezco ahora.

En la Universidad encontré un mundo diferente. No sólo los estudiantes formábamos un universo bastante heterogéneo y variopinto, sino que los profesores—profesionales docentes y no pedagogos—estaban claramente comprometidos políticamente con diversas posturas, muchas veces  absolutamente contrapuestas. Solían discutir de política a grito pelado y más de alguna vez desarrollaron cómicos pugilatos. La cosa llegó al extremo un año en que mi facultad de escindió en dos escuelas—una de extrema izquierda y otra ahí nomás—que funcionaron varios meses en paralelo hasta que a la primera—que se había quedado con el edificio—se  le acabó la plata.  Se formaron grupos que trataron de influir políticamente a los neutrales y finalmente las cosas volvieron a la normalidad.  Sobre todo,  hacia comienzos de  los años sesenta, las Universidades fueron abiertamente combativas y proselitistas, pero nunca, que yo recuerde, hicieron adoctrinamiento en las aulas. Las clases y los profesores de marxismo vinieron poco después, hacia los finales de esa década. Y durante los años del gobierno militar, los adoctrinadores se mantuvieron en silencio, pero en latencia.

Ahora, por lo que se he podido comprobar, han vuelto los adoctrinadores. No hay otra explicación para la súbita explosión de extremismo político y de posturas radicalizadas, porque ambas actitudes se enseñan. Fuera de la ignorancia de base de los adoctrinados, es claro, que es el caldo de cultivo para cualquier  ideología ciega. Y ahora  el adoctrinamiento se hace en los colegios y se continúa en las universidades, como puede comprobar cualquiera que  quiera asistir a clases, por lo que  los extremistas van a constituir legiones. Y la verdad es que no sería tan malo que aprendieran algo si sus convicciones no se fundaran, como casi toda ideología,  en  equivocaciones monstruosas y en entelequias delirantes. Sin embargo, aún hay esperanzas ciudadanos: como decía Churchill, la evolución y el tiempo se encargan de los engendros, incluso en el campo de la política.

martes, 19 de junio de 2012

LAS ALEGORÍAS Y LA HISTORIA:

La figura alegórica de la Justicia que estamos acostumbrados a ver en grabados y esculturas, es una dama agraciada y de buen ver, que sostiene una balanza en una mano   y una espada en la otra. La primera representa el equilibrio y equidad en los fallos y la segunda, el rigor con que procede en contra de quienes violan la Ley. A veces la balanza está en la mano derecha  y la espada en la izquierda y a veces al revés pero la venda siempre está en su lugar. No llama la atención  que la efigie tenga la vista vendada, porque es fácil entender que al estar privada de reconocer a quienes juzga, se asegura su imparcialidad. Se trata de una vieja alegoría, de más de dos mil años de antigüedad, que hemos heredado de Grecia y Roma que la denominaron con diversos nombres y de diversas maneras, pero siempre con el mismo sentido.

Desde los albores de nuestra vida republicana, el ordenamiento constitucional ha establecido que la Justicia—el Poder Judicial—sea uno de los fundamentos del Estado, uno de sus pilares, que con el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo sostienen la institucionalidad de este país. Son tres puntos que simbolizan la estabilidad de la nación  y resultan esenciales para el normal desarrollo del progreso.

Pero más allá de las alegorías, es necesario reconocer que en los días que corren, los poderes del Estado están pasando por serios problemas: ni el poder  legislativo ni el poder judicial se libran de las más  ácidas críticas y de pésimas evaluaciones en las encuestas.  El mismo poder ejecutivo ha perdido parte  significativa de su credibilidad e imperio, en manos de una serie de Presidentes que  no han dado la altura. Terrible decirlo, pero los pilares fundamentales del Estado parecieran tambalearse, sobre todo en la opinión de los jóvenes que ven en la asamblea y en la montonera, una alternativa más funcional y eficaz.

Claro, me dirá Ud.,  que aunque los poderes constitucionales se tambaleen circunstancialmente, su simbolismo, su importancia y trascendencia se mantienen incólumes, porque tenemos claro que el problema no está en los principios, sino en las personas, de manera que pasadas estas,  superados los problemas.  Puede ser, pero no  estoy tan seguro de que nuestra cultura tenga esa lucidez,  ni  que las personas que desprestigian a los poderes vayan a pasar, ni  que los problemas creados por las irracionalidades  cometidas  se vayan a superar. Es una cuestión, que en el caso de la Justicia ejemplifico con la siguiente reflexión: el cambio de un sistema judicial persecutorio a un sistema judicial garantista es una transformación mayor que toca a la esencia de lo que la nacionalidad entendió siempre por la ley y la justicia y como todo en la naturaleza—el efecto mariposa del que hablaba el proverbio chino—puede tener efectos imprevistos.

No sabemos bien qué consecuencias tendrá la percepción popular de que la Justicia se aplica ahora con mayor benevolencia, que ha dejado la espada, descuidado la balanza y que comienza  a mirar desde  debajo de la venda. Del mismo modo no podemos adivinar qué es lo que puede ocurrir con el cambio que más que  menos interesadamente  hemos hecho de la historia reciente. Se trata de un proceso dinámico que está en marcha y cuyas consecuencias pueden llegar a sorprendernos, como en el cuento de Ray Bradbury.

domingo, 17 de junio de 2012

EL MINISTERIO DE LA VERDAD:

George Orwell, a quien he citado tantas veces, inventó el concepto del Ministerio de la Verdad en su novela de anticipación 1984. No olvidemos que en ella describía una sociedad futura—el escribía en 1948—en la que el mundo estaba dividido en sólo tres potencias que guerreaban permanentemente entre ellas haciendo alianzas variables: primero Eurasia aliada con Estasia en contra de Ocenanía, luego Eurasia y Oceanía aliadas en contra de Estasia y así en adelante. El objetivo de la guerra permanente era por una parte mantener la actividad económica de cada potencia en marcha y por otro, controlar y regular a su población civil. En vista de que las alianzas se modificaban de cuando en cuando, el Ministerio de la Verdad era el encargado de cambiar la historia pasada para ajustarla a las nuevas circunstancias. Por ello, miles de funcionarios modificaban los textos de estudio, cambiaban los diarios de los archivos, reescribían los libros y  documentos depositados en las bibliotecas, de manera de ajustar la verdad histórica a los hechos presentes. Del mismo modo procedían en materia de política interna   eliminando de los archivos, de las fotografías, de los documentos y de todo vestigio documental a los personajes que caían en desgracia política. Como se comprenderá, era un trabajo monumental y sostenido que hacía de la verdad una entelequia. En consecuencia, los ciudadanos tenían el deber de reajustar sus pasados, modificar sus historias personales,  y reacomodar sus vivencias y sus recuerdos.

He traído a colación a 1984, porque en cierto modo, en este país hemos tenido y tenemos un Ministerio de la Verdad. Incluso ahora ese ministerio  tiene un edificio muy hermoso e interesante arquitectónicamente hablando, inaugurado pocos días antes del comienzo del actual gobierno, emplazado en Av. Matucana con Catedral.  Es un Ministerio que no tiene funcionarios sino Curador y está dividido en salas dedicadas al tema de los derechos humanos, al tema del 11 se septiembre de 1973, a la dictadura, a la represión, a la tortura, al dolor, a la justicia y a la verdad.

Curiosamente no tiene ninguna sala dedicada a los hechos previos, a los antecedentes del golpe de 1973, nada de la historia política y social chilena de los años anteriores al momento del quiebre. No hay allí ninguna explicación del proceso que condujo al golpe, ninguna mención a los sentimientos de la mayoría nacional, ninguna precisión respecto a las opiniones políticas de los opositores y partidarios de la Unidad Popular. Se trata de una muestra que cambia la historia y la reescribe: un Ministerio de la Verdad. Orwell habría sonreído  recorriendo sus recintos, satisfecho de haber anticipado el futuro.