viernes, 13 de julio de 2012

EL ENGAÑO EMOCIONAL:

Un  ciudadano de larga melena y cola de caballo—sin duda impresionado por el  terrible desenlace del caso de la niña Gelfenstein—postulaba en la fila del supermercado que en este país la donación de órganos debería ser una obligación constitucional y no una decisión personal. Abundó en consideraciones sobre las ventajas que habría tenido para Trinidad poder elegir oportunamente entre órganos de varios donantes y no tener que esperar una muerte eventual para conseguirlos en dudoso estado, dijo. Argumentó que se podría haber operado a tiempo, que no habría sido necesario tomar los órganos de un accidentado y le faltó poco para hablar de la necesidad de voluntarios. Relacionó el asunto con el tema de los derechos humanos, con los males  del capitalismo y con el problema de las centrales térmicas, haciendo un hábil entrecruzamiento de argumentos y aprovechando la pasividad de los colistas y concluyó su argumentación opinando sobre cómo serían las cosas  con un gobierno del pueblo.   Tuve la tentación de explicarle lo que podría llegar a ocurrir de ser así (en ambas eventualidades), pero un poco por el fatalismo de haber vivido mucho y otro poco por la sabiduría de haber vivido mucho, me quedé callado. Cuando pagué, el ciudadano mencionado ya había conseguido el acuerdo de un par de jóvenes premunidos de packs de cerveza que lo escuchaban impresionados  y de una  señora madurona de pelo teñido y muchos anillos, seguramente  disconforme con su vida.

Me fui con mis paquetes reflexionando sobre   la forma  en que se construyen las percepciones y se estructuran las opiniones y lo sencillo que resulta impresionar a los demás con un discurso bien hablado y aparentemente lógico, sobre todo si no hay contradictores serios  y si la argumentación se articula en un hecho impactante. Como ocurrió con la   Ley Antidiscriminación, tantos años dormida en el Congreso, gatillada de improviso  por el impacto del caso Zamudio.   Y lo peor, pensaba, es que  la mayor parte de las  percepciones que construyen opinión  ni siquiera son  resultado de un  conocimiento objetivo, de una información verdadera o de un razonamiento lógico. Las más de las veces, están fundadas en la emoción. No sería nada de raro que nuestros beneméritos representantes propusieran la idea del hombre de la cola y así como se nos inscribe automáticamente en los registros electorales, terminásemos de donantes involuntarios.

Manipular con las emociones es una actividad universal que practicamos todos con mayor o menor éxito. Me manipula esa alumna que me cuenta de sus desgracias y privaciones económicas  sosteniendo en la mano un Ifone  y me manipula mi gato que se restriega contra mis pantalones esperando su desayuno. Nos manipulan los políticos, los vendedores, nuestras parejas y nuestros hijos, que aprenden rápidamente como jugar con nuestros sentimientos. Sobrevivimos porque aprendemos y sabemos de qué se trata, pero en la medida en que la vida nos confunde, caemos en engaños extremos que nos parecen increíbles.

Y no se trata sólo del cuento del tío en que caen asesoras del hogar y jovencitos de buena familia desapercibidos, sino de  engaños históricos que incluso han llevado a personas incompetentes a desempeñar roles decisivos. Mire Ud. en las Instituciones Públicas, en el Congreso, en las Comunas y hasta en La Moneda.

Lo malo es que nos quedamos callados y dejamos pasar, como yo en el supermercado. Y por dejar pasar, nos endilgan mentiras y nos cambian la historia.

miércoles, 11 de julio de 2012

VIAJAR EN EL TIEMPO:

Tema de montones de novelas y  películas, la posibilidad de viajar al pasado ha sido explorada por la física—la física cuántica especialmente—con resultados dispares. La experimentación ha avanzado hasta el extremo que pareciera que a nivel de las partículas, sería posible que un estímulo fuese detectado aún  antes de haber sido generado siquiera, lo que equivaldría  ir hacia atrás en el tiempo.  En cualquier caso, por aquello de la paradoja del abuelo (ese que es asesinado por su nieto proveniente del futuro, nieto que al causar su muerte ya no puede ser y por tanto, no puede viajar en el tiempo para asesinarlo), los físicos piensan que si se llegara a viajar retrocediendo en el tiempo, no sería posible modificar los hechos ni cambiar el futuro, por lo menos dentro de un mismo universo. Podría ser más fácil modelar el pasado digitalmente y habitarlo de modo virtual, explorando futuros alternativos sin peligro de perderse en alguna dimensión desconocida.

En síntesis, un tema conceptualmente complicado que apasiona a la ciencia y que seguramente dará que hablar más adelante. En cualquier caso un problema que los chilenos hemos logrado solucionar sin mayores problemas con un simple museo y con una cohorte de nuevos  profesores desde el nivel básico al superior. Un  museo que como todo museo mira hacia atrás y unos profesores que como todos los maestros  siembran ideas e inculcan actitudes. Pero un  museo y unos profesores que  cambian la historia y se concentran en reacondicionar el futuro para beneficio político de un sector  de la sociedad y con los recursos del resto de los ciudadanos. Una cuestión que roza con la inmoralidad y que alcanza  dimensiones  históricas y sociológicas complicadas por aquello que no basta con que el barco  avance, sino que conviene vaya hacia donde mejor conviene y no adonde una minoria ideologizada quiere.

Recuerdo la ilusión de muchos de mis compañeros de Universidad en los meses que siguieron a la caída de Batista y el triunfo de la Revolución Cubana en 1960 y tengo presente el belicoso entusiasmo de muchos conocidos en 1970 con el triunfo de Allende. Varios desaparecieron en la vorágine, pero los más maduraron asentando el seso. Unos pocos analizaron el futuro de la Unidad Popular y anticiparon sus resultados. Tuve la suerte de estar por esos días fuera de Chile en un curso de post grado y de escuchar en 1971 el vaticinio de uno de mis profesores—don Víctor Paz Estenssoro que fuera Presidente de Bolivia en cuatro oportunidades—sobre lo que pasaría en Chile. Acertó plenamente en lo económico y en lo político anticipando un golpe por el inevitable descalabro del proyecto de la izquierda, equivocándose solamente en la suposición de que un gobierno militar iba a ser breve y no determinante. Supuso, sin equivocarse, cuál  sería la orientación económica por venir y cuáles las etapas que Chile seguiría. El análisis de don Víctor—profesor de Historia de la Economía—era  muy simple. “Ud. tiene—decía—unas circunstancias, un contexto y unas tendencias naturales del ser humano. El contexto y las circunstancias podrán variar, pero la esencia del ser humano, que es tener cada vez más y cada vez con menor esfuerzo y costo, siempre será la misma. Por eso, las derechas se esfuerzan por tener contextos y circunstancias claras y las izquierdas por cambiar al hombre. Y cambiar a un hombre que tiene 250.000 años a sus espaldas es imposible.”

Tal vez debiéramos esforzarnos más por anticipar el futuro en esa lógica de tendencia que por revisar hacia atrás y tratar de cambiar las verdades históricas. Parece más lógico, sobre  todo porque sobre el porvenir tenemos una ingerencia potencial de la que carecemos al acomodar la historia.  Más que un museo de la memoria—que nos retrata en nuestra medianía intelectual y creativa—deberíamos tener el pabellón de todos los futuros posibles.

lunes, 9 de julio de 2012

MEDIDAS EN POLÍTICA:

La introducción de sistemas de medición —pesos y medidas, grados, intensidades, etc.—significó un gran avance en el desarrollo de la civilización, sobre todo cuando dichos sistemas fueron generalizados constituyendo una especie de lenguaje común. Los franceses, tan razonables  y sistemáticos ellos, influyeron determinantemente en los sistemas de medidas hasta el extremo que hasta en los países de habla inglesa han comenzado a usarse su sistema métrico decimal de pesos y medidas—lógico y simple en extremo—en vez del enrevesado sistema sexagesimal. La excepción, como era de esperarse,  son los británicos, que por su gusto por la tradición son  distintos en todo. La misma generalización se ha dado   con otros sistemas de medición, como es el caso  de las intensidades en el caso de los temblores, los ruidos, los huracanes y un  montón de otras cosas medibles tanto en el campo de la biología, como de la química y la física.

Para nosotros los chilenos, los sistemas de medición han pasado a ser cuestiones centrales en materia de economía y  política, donde el IPC, el IVA, el reajuste del sueldo mínimo, la popularidad en las encuestas, el puntaje en la PSU, los grados Richter y Mercalli en los temblores han llegado a ser capitales. Imagínese que hemos llegado al extremo en que los grados alcohólicos en el torrente sanguíneo nos están  cambiando la vida (la vida nocturna por lo menos).

Pensando en ello y en las contingencias de la política local, se me ha ocurrido que podría ser conveniente y oportuno crear un sistema auxiliar de pesos y medidas para calificar a los actores políticos en materia de simpatía, rectitud, honorabilidad, preparación  y capacidad intelectual. Y tal como en el caso de la ciencia, donde los nombres de las unidades utilizadas para medir son los de grandes investigadores—Volta, Watt, Ampere, Faraday, Newton, Pascal, etc.—en este en comento podrían ser los nombres de políticos representativos de los fenómenos a describir. El único problema con el que me he encontrado es que algunos nombres son adecuados para describir más de una característica lo que suscita, como se verá,  algún conflicto. Pero a la vista de la utilidad del sistema, eso es lo de menos. Paso a dar algunos ejemplos a manera de propuesta:

El Andrade podría ser la unidad de medida en cuanto a pesadez y podría funcionar por comparación: más pesado, menos pesadlo o igual de pesado que Andrade. El Frei, la medida en materia de kilómetros viajados: por ejemplo, un Frei =10.000 km. El Girardi, la unidad en asuntos de turbiedad: más turbio, menos turbio o tan turbio como iniciativa de Girardi.  El Pizarro, como medida de acaballamiento; el Longueira para el poder de muñeca; el Gómez para medir la fomedad; el  Zaldivar medida de macuquería; el Novoa de momiería (o momiez?) y así en adelante. Podría haber la unidad Silver (medida de desparramo con ventilador), el Gutiérrez (medida simpatía), el Navarro (medida de vueltas en el aire), etc. El problema, como se dijo, es que podría haber conflicto entre las denominaciones: dos  nombres apropiados para el mismo fenómeno como sería el caso de Aguiló y Ascencio disputándole la denomkinación  a Silver, o Cardemil peleándosela a Novoa, o Moreira a Pizarro, o Gutiérrez y Andrade disputando cuál es más cargante. Pero, en cualquier caso, serían problemas menores que podrían solucionarse con nombres compuestos. ¿A alguien no le quedaría claro a qué alude la unidad Andrade/Gutiérrez?

sábado, 7 de julio de 2012

EL VÉRTIGO DEL FUTURO:

En unas pocas generaciones  pasamos de la veneración del pasado al vértigo del futuro. Es un fenómeno que lo ha trastrocado todo y que está generando una brecha en todas las expresiones de la cultura: desde las ideas y creencias  a las instituciones  y desde éstas a los productos materiales. Nos hemos dividido insensiblemente en dos mundos que coexisten pero que se separan cada vez más: el mundo de los que  por formación todavía tienden a conservar y piensan que las organizaciones, las ideologías y las doctrinas así como las propiedades y los artefactos son importantes  y los que por formación tienen la propensión a desechar, a pensar que todo es pasajero y a creer que nada prevalecerá, razón por la cual no es necesario soportar la carga del pasado o de las cosas . En pocos años pasamos de celebrar el abrazo de Maipú, la marcha del roto chileno en Yungay y el abordaje de Prat, a celebrar la aparición del I fone 5, la visita de Madonna o la muerte de Michael Jackson.

Los jóvenes estudiantes no valoran lo que las generaciones anteriores respetaban y se concentran adquirir habilidades de aplicación inmediata, en aplicar recetas facilitadoras, en caminar por atajos y usar el conocimiento acumulado haciendo copy paste, sin ninguna intención de dominarlo. Seguramente tienen razón en su postura y sin duda podría lucirles en el futuro probable, si no fuera que el diablo mete su cola en la circunstancia, porque sabe más por viejo y no por diablo.

Ese saber por viejo explica que la iglesia católica y las derechas procuren anclar la conciencias juveniles en medio de la debacle que se adivina, hablando de valores, discutiendo sobre el sentido de la educación, destacando  la importancia de la familia como institución social fundante y, en general, tirando ganchos hacia atrás. Explica, asimismo, que las izquierdas tiren ganchos parecidos procurando alienar  con el viejo discurso de los derechos conculcados,  las inequidades flagrantes y  los fallos del sistema y del modelo, procurando situar las conciencias juveniles  en la deriva de las aguas más revueltas donde los pescadores de almas obtienen las mejores inteligencias para la causa. Pero ni una ni otra postura entienden ni proyectan el vértigo del futuro del que la juventud que percibe como se abre imparable,  necesita alimentarse.

Y todo esto transcurre apresuradamente sin que se adivine una circunstancia propicia,  un remanso de calma, un interregno que permita una reflexión que muy pocos hacen. Uno llega a pensar, recordando a don Arturo y su salto heroico, que estaríamos  necesitando un evento capaz de unificarnos, lo suficientemente potente y dramático como para ordenar la confusión y lo bastante prolongado y cruento como para elevar al podio de los héroes a los que debieran sacrificarse. Muchos creyeron que la toma armada del poder que no pudo ser o  el golpe militar que sí se materializó,  cumplirían esa función, sin recordar que las revoluciones internas, a diferencia de las guerras contra enemigos externos, no alcanzan para redefinir el metabolismo de la cultura ni para despejar el campo . En cualquier caso, el futuro siempre nos reservará sorpresas y oportunidades, sea por el norte, sea por el sur, como habría dicho Borges…

jueves, 5 de julio de 2012

EL BOSÓN DE HIGGS:

Dado el revuelo levantado por el anuncio del casi seguro descubrimiento y prueba de la existencia del Bosón de Higgs, me dediqué a leer una serie de doctos artículos escritos sobre la materia por científicos, divulgadores serios y físicos comprometidos en el tema. Confieso que me costó entender el asunto y que todavía no lo comprendo bien del todo Confieso, también, que comprendo menos todavía  cómo el asunto del bosón de Higgs vaya a redundar en beneficios para la humanidad, aunque si se considera en perspectiva,   tiendo a confiar en que efectivamente va a ser así.

Al mismo tiempo me dediqué a   leer en la prensa y a escuchar y ver en los medios radiales y televisivos, los comentarios y opiniones que  sobre la materia emitían periodistas y entrevistados, que en general me parecieron poco precisos, poco informados y—con la excepción de un par de entrevistas a científicos serios—más cargados al impacto noticioso y al tema de “la partícula de Dios”—frase  que parecía elevar a los comunicadores al nirvana—que a la verdad. No se si Ud. lo sabrá, pero Higgs en un primer ensayo publicado sobre su teoría  hablaba de “the damn God particle” y sus editores le sugirieron, por la conveniencia del impacto mediático, quitar el “damn”. El asunto se parece al origen del concepto de “platillo volador” que surgió cuando hacia 1947 un piloto civil que volaba sobre el medio oeste norteamericano vio nueve objetos con forma de bumerang que volaban en formación  a enorme velocidad. Al aterrizar fue a un diario y le contó lo observado al periodista de turno, diciéndole que los  nueve bumerangs parecían hacer un movimiento de saltitos (patitos decimos nosotros) “como  platillos lanzados de refilón al agua”. Por el mismo mecanismo que a los medios les impacta más lo de la partícula de Dios que el mismísimo bosón de Higgs, ese periodista prefirió decir que los objetos desconocidos eran “flying dishes” y de ahí para adelante, los paltillos voladores comenzaron a ser avistado por doquier. Usted podrá comprender, seguramente,  que por eso podemos saber que quien dice que  ha visto un platillo volador, necesariamente miente.

El tema que subyace es la propensión de nuestra cultura a manejar información superficial, incompleta, inexacta, imprecisa, muchas veces falsa y casi siempre inútil, con entera naturalidad. Es una costumbre que se funda a una mala educación general, en la dificultad para leer comprehensivamente, en el desconocimiento de la gramática, la limitación extrema del vocabulario y en general, en cierta dificultad para manejar conceptos complejos o abstractos, como lo puede atestiguar cualquiera que con más de cincuenta y cinco años (excluido Gajardo), todavía haga docencia (las malas lenguas dicen que los docentes con menos de esa edad no lo notan). En algún blog comenté los horrores gramaticales de los noteros de la TV, que caen en el “dequeismo” y el “lacualismo” a cada paso y repiten mil veces la misma frase hecha.  Los dirigentes  estudiantiles, incluso los con buena labia, también caen en el empleo reiterado de muletillas tales como “problemática”, palabra que sirve para todo y se dan vuelta en las ideas y frases hechas. De cuando en cuando les llegan términos salvadores—lucro es la última adquisición—que manejan con generosidad y pronuncian con gozo.

¿Qué le parece lo del  “Bolsón de Higgs” me preguntó un conductor de colectivo? Ante mi sorpresa me explicó que se trataba de un bolsón que contenía montones de partículas infinitesimales que eran la base de la materia, de manera que cuando entraban en contacto unas con otras, adquirían masa, peso y luego otras características. “¿Se da cuenta—me dijo—que si no fuera por la partícula de Dios, seríamos como una sopa de sémola?”… Nada mal como conclusión…

martes, 3 de julio de 2012

VIRTUDES PÚBLICAS, PECADOS PRIVADOS:

Uno de los riesgos que las personas comenzamos a enfrentar, en la medida en que por una parte la tecnología y por otra la necesidad de transparencia van borrando la antigua delimitación entre lo público y lo privado, es que las virtudes y los pecados comienzan a mostrarse por igual. Ya no hay closets seguros donde ocultar los esqueletos o las preferencias sexuales y tampoco el tiempo transcurrido, que hasta hace poco bastaba para  ocultarlo todo, puede resguardar los secretos, las debilidades o los crímenes cometidos. No poco ha tenido que ver en esta realidad el esfuerzo de la izquierda por evitar el olvido y sacar a la luz todos los viejos pecados del régimen militar que, como era de esperar, ha generado acciones en respuesta. El hecho es que ya sea por conveniencias políticas—a la vista están los dichos de Velasco sobre Girardi—o por indignaciones personales—a la vista están las denuncias sobre las conductas de Karadima—los pecados privados  han comenzado a salir a la luz   empatando con las virtudes públicas.

Pocos casos de conflicto entre las virtudes públicas y los pecados privados podrían tener más impacto que el del proceso por  denuncias de abusos sexuales  en contra del sacerdote Cristian Precht Bañados.  Secretario de la Comisión Pro Paz  creada en 1974 por el Cardenal Silva Henríquez  para la defensa y promoción de los derechos humanos y luego encargado de la Vicaría de la Solidaridad creada en 1976 por el Papa a pedido del mismo Cardenal  para prestar asistencia a las víctimas de Pinochet, Precht Bañados se erigió en el símbolo del valor personal—no era así no más enfrentarse al régimen—y  en el defensor de los mejores  valores humanitarios orientados a la defensa de los derechos de las personas. Puso en el lenguaje de cada día el concepto de los derechos humanos, que hasta entonces tenía un sentido relativamente vago y lejano e hizo por la derrota del General mucho más que de lo que hicieron muchos políticos que luego se llevaron el premio del poder.

La acción de  Precht Bañados fue todo un símbolo que la izquierda enarboló como lábaro de la actitud ética y epítome del triunfo moral sobre la dictadura. Por eso los motivos de la investigación canónica en su contra—un abuso sexual cometido precisamente en los años en que la Vicaría de la Solidaridad desarrollaba su acción—tienen un efecto tan devastador.

Desde luego que el caso es un episodio más de una seguidilla de escándalos que han agobiado a la iglesia, a las instituciones y a las empresas, seguidilla que con toda seguridad tiene muchos capítulos pendientes por una doble presión que crece día a día: la presión de los que buscan justicia en su más amplio sentido y la presión de los que buscan la noticia en su más impactante expresión.

Los virtuosos pueden sentirse seguros, pero los pecadores, deberían temblar.

domingo, 1 de julio de 2012

EVOLUCIÓN Y MERCADO:

Una de las razones por las que soy escéptico respecto de la racionalidad de las pretensiones intervencionistas de las  izquierdas y algo más inclinado a la lógica del liberalismo de las derechas, es que soy un darwinista convencido. Y conste que pienso que el sistema de mercado no debe ser asociado con una tendencia porque no es una creación humana ni una postura doctrinaria, sino simplemente un resultado natural que se produce entre entidades distintas cuando la relación que sostienen las beneficia  a ambas. En ese sentido, el mecanismo del mercado es un elemento de la evolución natural.

No me va a decir Ud. que no hay una relación de mutuo beneficio—una especie de mercado—entre entidades simbióticas que practican un mutualismo armónico, como ocurre en una multiplicidad de casos en la naturaleza, partiendo por nuestra propias células, donde interactúan los mecanismos propios y los de las mitocondrias que, incluso, tienen un ADN  exclusivo. Claro que habrá problemas si en la relación  se da un comensalismo o un parasitismo excesivo que pueda llegar a perjudicar a uno o a los dos organismos simbiontes, pero si la cosa no se sale de la idea del mutuo beneficio, el mecanismo operará. Lo hemos visto en la economía y lo vemos también en la política. El comunismo podría ser comparado con un parasitismo que termina por matar al huésped y el capitalismo con un comensalismo que lo estrangula y en todos los casos la evolución opera seleccionando por la aptitud para prevalecer.

Es por eso que si pensamos que los sistemas políticos son parte de la evolución natural—que como sabemos es un proceso muy lento pero sostenido, mediante el cual van prevaleciendo los organismos más aptos para sobrevivir en el medio cambiante y dinámico—tanto la caída de los socialismos reales como las crisis cíclicas del capitalismo  revelan  que se trata de entidades que carecen de  la suficiente flexibilidad como para adaptarse, corriendo el peligro de extinguirse como un dinosaurio cualesquiera.

Si en la naturaleza, las adaptaciones graduales al cambio permiten la prevalencia de las especies y la falta de ellas  determinan su extinción, en la política y en los sistemas económicos, ocurre lo mismo. Claro, ya se ha dicho, que se trata de procesos muy lentos y graduales que posiblemente superen la expectativa de vida de un observador, razón por la cual, siendo cortoplacistas, nos cuesta visualizarlos. Eso explica que todavía encontremos radicales y democratacristianos deambulando por nuestra política y que subsistan los partidos de extrema izquierda y los de extrema derecha.  Lo interesante— como ocurrió con los dinosaurios hace 65 millones de años—es que en el momento en que ellos dominaban el mundo, ya corrían entre sus enormes patas los mamíferos que iban a heredar la tierra.

Creo que en el funcionamiento del mercado—la mano invisible de Adam Smith—hay más de la lógica natural  de la evolución que en cualquier idea o ideología política o económica. El mercado no fue creado sino que fue entendido por los economistas del siglo XVIII  y va estar aquí cuando todo lo que conocemos haya cambiado o se haya desvanecido. No importa lo que digan los líderes de la izquierda, los dirigentes estudiantes extremistas o los gurues y opinólogos. El mercado va a prevalecer incluso  si se lo suprime y se lo restringe.

Lo verdaderamente importante es anticipar lúcidamente cómo van a ser  y cuáles van a ser las nuevas especies económicas y políticas que prevalecerán, especies que seguramente ya corren entre las patas de los líderes políticos actuales.