lunes, 11 de junio de 2012

EL ARREPENTIMIENTO:

Jorge Luis Borges escribió sobre el arrepentimiento, ese que remuerde la conciencia. En un soneto extraordinario llamado El Remordimiento dijo: “He cometido el peor de los pecados/que un hombre puede cometer. No he sido/ feliz. Que los glaciares del olvido/me arrastren y me pierdan, despiadados.” Su poesía viene al caso, porque el remordimiento impide la felicidad y quien no es feliz, no vive realmente.

Quiero decir con esto, que entiendo al Ministro Vocero en su manifestación de arrepentimiento, porque evidentemente necesitaba de una confesión para ser feliz. Es más, la apoyo aunque no la apruebe. Supongo que debe haberla meditado durante mucho tiempo y que tiempo ha se la debe haber comunicado a su confesor recibiendo la debida penitencia. En todo caso, parece que eso no fue suficiente. Ojalá que ahora que lo ha manifestado en público, su espíritu se vea en adelante liberado de la aflicción y   su sinceridad no le acarree mayores problemas que los que ha tenido por la indefinición de la línea de su vocería.

Estamos frente a un fenómeno sociológico novedoso y bastante generalizado: el arrepentimiento como conducta política.  Se arrepintió de su cacería de elefantes el Rey de España pidiendo disculpas; se arrepintió de sus errores el Presidente Piñera pidiendo perdón en el mensaje del 21 de Mayo; pide perdón el Comandante de la Fuerza Aérea por el accidente de Juan Fernández; se arrepintió Agrosuper por los olores de sus cerdos en Freirina y ahora, se arrepiente el Vocero. Por otra parte Fidel Castro cree que Obama debería disculparse con Chile por promover el golpe de 1973 y Ollanta Humala dice que Chile le debería pedir perdón al Perú por haberle ganado una guerra. Y todo indica que se nos viene encima un ciclo de arrepentimientos y que políticos y hombres públicos se van a pelear los micrófonos y las cámaras arrepintiéndose.

Lo curioso es que aquellos a los que uno quisiera ver arrepentidos, todavía no se manifiestan y no dan señas de disculparse: ni los termocéfalos de la Unidad Popular que llevaron a este país al despeñadero entre 1970 y 1973; ni los que prepararon el terreno a la Kerensky entre 1964 y 1970; ni los que nos llevaron a la crisis económica  de 1982; ni los que se repartieron el Erario Nacional en el caso Mop-Gate, ni los que se equivocaron criminalmente con el Transantiago y tampoco los que semanalmente destruyen los bienes privados y públicos en nombre de la democracia, la igualdad, el no al lucro y el odio parido. Tampoco ella, a lo que parece, se ha arrepentido ni pedido perdón, no digo de lo sucedido la madrugada del terremoto, sino por lo que no se hizo a tiempo después.

Entiendo que cuando el sujeto de una acción que importa delito se arrepiente, de todas maneras se le juzga y se le condena, porque   la pena aplicada substituye por insuficiente a la disculpa. Se le castiga y la sociedad se siente liberada.  El que por el contrario  puede  liberarse por arrepentimiento, podría ser perdonado si su pecado es venial.  Ninguno de los dos casos es aplicable aquí, porque  a la vista del odio que se percibió el domingo, parece que no quedara más camino que la venganza, que es un peligroso cuchillo de dos filos.

sábado, 9 de junio de 2012

EL SINO DE ZAMUDIO:

El episodio trágico de Daniel Zamudio puso sobre el tapete el problema del origen o las causas de la homosexualidad. Los medios de comunicación abundaron en comentarios y opiniones y los expertos, para expertos y aficionados a perorar dijeron de todo. Salieron a relucir las definiciones, las posturas y los prejuicios, del mismo modo que se analizó concienzudamente el tratamiento dado a los homosexuales a través de la historia. Desde la Biblia a los griegos clásicos, desde los griegos a los romanos y así en adelante hasta llegar al pronunciamiento del mismísimo Obama (Barak). Incluso se ha analizado la homosexualidad en el reino animal y se han hecho intentos por vincularla a un hermafroditismo potencial. Por otra parte se ha puesto en duda la existencia de sólo dos sexos y se ha hecho mención al fenómeno presente en algunas especies que lo cambian   según la circunstancia.

Cada cultura ha dado un tratamiento particular al asunto. Los griegos aceptaban la homosexualidad juvenil pero rechazaban la adulta. Para ellos los adolescentes podían experimentar relaciones homosexuales con mayores experimentados que les transmitiera experiencia. Un caso singular es el del mítico  Aquiles, entre guerra y guerra; otro es  el de Sócrates, seguramente entre diálogo y diálogo; y uno famoso, el de Alejandro el Grande, posiblemente entre conquista y conquista. Situación parecida fue la que se dio en la antigua Roma, donde las prácticas homosexuales cruzaron clases y estamentos y fueron toleradas socialmente de Emperador a paje. Con el advenimiento del cristianismo, más bien, con la influencia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, los homosexuales tuvieron que andarse con cuidado por aquello del pecado. La hoguera tuvo trabajo y se dice que la doncella de Orleans fue quemada por algo más que por herejía. Recientemente el nazismo—y ello tiene que ver con Zamudio—llevó a muchos homosexuales a los campos de concentración donde circularon marcados de rosado.

Explicada desde trastorno psiquiátrico a condición genética, desde alteración neuronal temprana a comportamiento esquizoide, desde manifestación clara  a cuestión de grado, desde verdad biológica a constructo social y por último, desde tendencia excepcional a expresión de diversidad, la homosexualidad sigue sin encontrar una explicación científica precisa. Curiosamente, en el mundo animal donde está presente a nivel de individuos aislados, la homosexualidad no forma estirpe. Se puede suponer que es porque aunque los animales homosexuales sean sexualmente funcionales—machos que pueden procrear y hembras que pueden concebir—no lo hacen normalmente por su comportamiento y no dejan descendencia. Salvo cuando los machos heterosexuales cubren excepcionalmente a las hembras homosexuales por la fuerza. Esto es significativo, porque si la causa de la homosexualidad fuese genética, la transmisión por vía femenina podría explicar la persistencia de la homosexualidad animal.

En el género humano, en cambio,  podría ser a dos bandas. A nivel humano la homosexualidad ha tenido mucho que ver con el closet, al que durante mucho tiempo la condenó la sanción social. Hombres y mujeres homosexuales llevaron vidas normales y se reprodujeron ocultando su condición hasta el momento en que no importara (lo que explica que  tantos homosexuales  se manifestaran de viejos). Y en el caso de que la homosexualidad fuese genética, esos individuos estuvieron  transmitiendo sus genes durante sus vidas normales. Eso lleva a pensar que en la situación presente, en la que los homosexuales se han organizado, reclaman igualdad  y dejan de ocultarse, dicha transmisión podría reducirse e incluso desaparecer. Es lo que posiblemente va a ocurrir como consecuencia del fin de la discriminación. Ahora bien, si la causa de la homosexualidad es cultural, con la mayor libertad de los comportamientos y la adopción de hijos, podría crecer exponencialmente.

jueves, 7 de junio de 2012

EL PROBLEMA SON LAS CARAS

“El problema no son la ideas—me decía mi jardinero mientras hablábamos de política en una pausa de la cortada de pasto—el problema son las caras”. Profunda verdad, enorme su  lucidez, un concepto válido en todo el espectro político nacional. ¿A quién no le resultan repulsivos los diputados A, B y C y quién no detesta a los Senadores D, E y F? ¿Quién soporta a los Ministros  G, H, I, J y K? ¿ Y a los subsecretarios entre a L  a O y los Alcaldes y consejales entre la P y la S? ¿Y a los Intendentes, Directores de Repartición, Jueces, Curas y Militares hasta la Y? Y así en secreto cuénteme ¿Aguanta a Z siquiera por un momento? Mi jardinero tiene razón: el problema político está en las caras.

La explicación del atractivo de la belleza viene de ahí. Las personas bellas aluden al ideal que impide odiar a alguien por sus rasgos y la atracción que conduce al amor—por inexplicable que este sea—equivale a una epifanía a nivel de las percepciones. Yo miro a los políticos del espectro y me pregunto haciendo muy pocas excepciones en el caso de las damas y me pregunto ¿Puede amarlos alguien?

Lo anterior no quiere decir que las ideas políticas actuales sean buenas, pero posiblemente podrían ser mejoradas aunque sea en el margen. La verdad es que a cualesquiera con dos dedos de frente se le puede explicar que la economía de un país es como la personal y que no se puede gastar más de lo que se gana visitando La Polar; lo mismo se le puede demostrar de qué manera funciona la mano invisible del  mercado y cómo se enreda la situación cuando uno se mete en el delicado mecanismo; y tampoco es difícil entender la interconexión entre las cosas, que explica cómo funciona el comercio internacional. Lo que pasa es que las caras no nos explican las ideas de base, sino que procuran hacernos comulgar con ellas mediante el voto. Es un sistema que aún con la malísima educación de que gozamos, comienza a no resultar.

Mi propuesta, en consecuencia, es promover el cambio de las caras. Creo que el sistema de “sólo una vez” podría funcionar para todos, con la sola excepción de los parlamentarios y  el Presidente, que podrían repetirse el plato en períodos sucesivos pero sólo una vez y después, para su casa. Pero los ministros y  funcionarios y Alcaldes y Consejales como los militares cuando salen a retiro—y como los cisnes de cuello negro de terciopelo del poema de Winter—no vuelven más.

Se daría  tiraje a la chimenea del Estado, muchos más podrían pasar a gozar de sueldos premium y dietas de fantasía y capaz que en el proceso de prueba y error, encontrásemos un Mesías verdadero que nos sacara del subdesarrollo y sus vecindades de unas vez por todas.  Porque le aseguro que de la A a la Z, lo menos que se ve entre las caras es un conductor preclaro y lúcido, incluida ella.

martes, 5 de junio de 2012

TRES PESOS PARA LA FUNDACIÓN ESPERANZA

“¿Donaría 3 pesos a la Fundación Esperanza?”me preguntó la cajera del supermercado espetándome  una mirada calculadora. Iba a contestar que sí los donaba, agregando sarcásticamente que con la esperanza de que llegaran alguna vez a  esa Fundación, cuando la señora que estaba más atrás en la fila me interpeló diciéndome que no los donara, porque de seguro dos de esos tres pesos se iban a enredar en los gastos de administración que el supermercado hacía para manejar los dineros recaudados. La cajera levantó una ceja, como consultando si yo tenía la personalidad suficiente como  para reclamar esos tres pesos siguiendo el consejo de la eventual asesora. Su expresión levemente burlona revolvió las borras de mi personalidad tan venida a menos, de manera que valientemente le reclamé los tres pesos. Ella, con la parsimonia de una sacerdotisa oriental, hurgó en la registradora sacando una minúscula bolsita de plástico donde, además de un tornillo, un par de tuercas y unos clips, había algunos ejemplares plateados de nuestro signo monetario. Y como si le asqueara tocarlos, agitó la bolsita hasta que uno a uno tres pesos cayeron sobre la cinta transportadora negra del mesón. “Ahí están sus tres pesos”, me dijo dejando caer la boleta y desentendiéndose de mí.

Sintiéndome considerablemente satisfecho de mi valentía tomé mis paquetes e iba a salir, cuando un caballero que había asistido al entredicho me preguntó amablemente “¿Se ha puesto a pensar que nuestro signo monetario ya no es ese peso que en todo su derecho acaba de reclamar; que ni siquiera es la moneda de 5 pesos que apenas se ve, sino la de moneda de a diez y eso  por poco tiempo?” Me miró con socarronería y agregó otra pregunta “¿Y ha pensado que si es así, su sueldo es un décimo de lo que Ud. cree y el dólar sólo está a 50 pesos?”. Confieso que me ví superado por el nivel de abstracción de su planteamiento y tuve que ponerme a sacar cuentas con los dedos.

Mientras me subía a mi automóvil pude observar que el señor de la observación y la señora del consejo se retiraban con sus bolsas de compras tomados de la mano,  caminando juntos y conversando animadamente. Entonces me di cuenta que me había topado accidentalmente con un par de terroristas intelectuales, porque doy de seguro que ambos se dedican a desestabilizar a las demás personas con sus observaciones inquietantes.

Me acuerdo, de cuando era muchacho, que los viejos pesos fuertes de cobre, con O’Higgins en una cara y la corona de laureles en la otra, fueron reemplazados por otros de alguna aleación blanquecina, tal vez del mismo material de los pesos reclamados en el supermercado. Eran livianitos hasta el extremo que puestos con cuidado en el agua flotaban por la capilaridad. También se volaban si a uno se le caía alguno en día de viento. Pero por lo menos eran del mismo tamaño y diseño que los anteriores. Claro que no duraron mucho, porque muy luego fueron reemplazados por los escudos, de triste memoria. Sacando la cuenta a valor presente a través de algunos datos de su valor adquisitivo obtenidos de los avisos de viejos periódicos , me he dado cuenta que cada uno de esos viejos  pesos de cobre equivaldría a casi cincuenta de los actuales,  tan despreciados por la cajera de mi supermercado.

domingo, 3 de junio de 2012

¿DIABLO CONOCIDO O DIABLO POR CONOCER?

Nadie se explica porqué, si este país crece tan rápidamente, si la pobreza se reduce de manera sostenida, si los ingresos aumentan, si hay casi pleno empleo, si las expectativas se multiplican,  la gente se muestra tan desesperanzada, se percibe  un pesimismo tan extendido, hay tanto descontento, tanta desconfianza en las instituciones y en la política y se revela un sentimiento creciente de que si no tomamos el futuro con nuestras propias manos, nada va a cambiar. Pensando detenidamente en el asunto, he llegado a la conclusión que lo que ocurre es que la gente piensa, con buenas razones, que por más que las cosas hayan cambiado—y habría que ser ciego para no reconocerlo—los métodos son los mismos de siempre. La idea se fundamenta en que subyace la percepción que el interregno 1973-1990—nada menos—fue  sólo un paréntesis que no cambió ni a la forma de hacer política, ni a los actores de la escena política nacional.

Mirando a los actores, resulta claro que una proporción significativa de ellos son los mismos viejos tercios que por uno o por otro lado llevaron a este país al desastre y sus herederos o sucesores, parecen cortados por la misma tijera. Muchos de los antiguos políticos   de la vieja democracia revivieron con la nueva dejando su sello—los Saldivar, los Aylwin, los Silva Cimma, los Valdés, los Lagos, las Marín, y tantos más, aunque hayan comenzado a morirse de viejos—; muchos de los nuevos surgidos durante los últimos 25 años—los Frei Ruiz Tagle, los Burgos, las Alvear, los Martínez, los Gómez, los Escalona, los Allamand, los Lavín y los Piñera—mantuvieron los mismos esquemas, siguieron similares derroteros y aunque en algunos casos intentaran renovarse,  de alguna manera fueron identificados con las malas costumbres de la vieja política tradicional, contaminándose. Cooperaron al deterioro de la imagen personajes fatales tales como los Aguiló, los Asencio, los Girardi, los Silver, los Navarro, los Moreira y los Pizarro y tantos más que afean el escenario público.

El problema que se suscita, entonces, es que entre un diablo conocido y un diablo por conocer, la opinión pública, el alma nacional, el electorado, ha cambiando por fin el switch y ha comenzado a inclinarse por los recién llegados antes que por los conocidos de antes. Los vimos con Bachelet, que antes de subirse al tanque no la conocían  ni en su barrio, con Marco Enríquez y su sorpresivo 20 % y con Golborne, cuya nota en el currículum antes del episodio de los mineros era  haberse ido de vacaciones a Sud África a ver el Mundial de Futbol en el momento en que se discutía el royalty.

Comenzamos a vivir la etapa de los aparecidos en política, la de los no contaminados, los agraciados con alguna forma de frescura en su apariencia o en su discurso. El caso de la Vallejos lo prueba y muestra que la fuerza de la frescura  alcanza hasta para salvar a carcamales como Teillier y Gajardo. Por eso, personajes como Allamand, Longueira, Velasco, Orrego y varios más ya bien conocidos la tienen dura  y van a tener que parecer muy renovados si quieren competir.

viernes, 1 de junio de 2012

ENERGÍAS ALTERNATIVAS:

Paseando por el norte de Francia, por la región de Bretaña, tuve la oportunidad de ver en acción los generadores eólicos dispuestos en las cercanías de la costa para captar los vientos provenientes del Atlántico. Enormes, altísimos, estilizados, muy numerosos, los generadores producían un fuerte zumbido, pese a que sus hélices se movían con bastante lentitud y destacaban en el increíble paisaje  tanto como la fotografía  de las torres de transmisión eléctrica antepuestas a las Torres del Paine por la propaganda de Patagonia sin Represas. Imposible no verlas, muy difícil no escucharlas. Desde la carretera por la que circulábamos se veían en la cresta donde se emplazaban  los generadores a muchas personas que vestidas con buzos blancos y mascarilla se movían por el terreno bajo las torres llevando unas bolsas amarillas. “Son los que recogen cada mañana a los pájaros y los murciélagos que mueren cuando las hélices los golpean”, me explicó mi anfitrión francés, “los generadores están situados donde pasan los vientos, que es precisamente por donde vuelan los pájaros y los murciélagos…Todo tiene su costo”.

Interesado por el tema de esos costos, busqué entre la escasa información relativa al asunto, consultando algunos libros y ensayos escritos en él ámbito de la polémica sobre el calentamiento global, la contaminación ambiental  y el impacto ecológico de la actividad humana. Me encontré con una serie de sorpresas pero, sobretodo, con un nivel de manipulación de la información objetiva verdaderamente sorprendente. Esa manipulación lleva a concluir que  en el tratamiento de este importante tema juegan las pasiones al mismo nivel de lo que ocurre en la religión, la política y el futbol.

Desde luego la conclusión respecto de los sistemas alternativos de producción de energía no fue para nada sorprendente: como me decía mi amigo francés, todo tiene su costo, nada resulta gratis.  Si los generadores eólicos mataban a las aves y a los murciélagos desequilibrando los sistemas ecológicos, los generadores mareomotrices alteraban el delicado equilibrio de las costas, las pantallas solares destruían las cadenas tróficas de los terrenos por la doble acción de las sombras y las temperaturas, los generadores geotérmicos alteraban las cadenas de acuíferos y las minicentrales hidroeléctricas de paso rompían los ciclos en el flujo de las aguas y  llenaban de líneas de transmisión el paisaje.

Lo más sorprendente fue leer que la reforestación en las zonas templadas era, desde hace una cincuentena de años,  un factor sensible en la generación de gases de invernadero, esto porque una buena parte se hacía con especies caducifolias, lo que determinaba que siguiendo el ritmo de las estaciones, la putrefacción de las hojas en el suelo aportara lo suyo al problema. Se tendría que decir, nuevamente, que “Todo tiene su costo” y recordar el viejo dicho que “los cuidados del sacristán suelen matar al señor cura”, conceptos que los ecologistas y ambientalistas deberían tener muy  presentes.

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿27 F..ELIZ O 27 F..ATAL?

¿En qué irá a ir a parar el asunto del 27 F?  ¿Irá a ser feliz o fatal para el gobierno? ¿Será feliz o fatal para la ex presidenta? ¿Es importante el video famoso? ¿Producirá algún beneficio todo este embrollo? ¿Qué es lo que verdaderamente se puede sacar en claro de todo el asunto?

Yo dijera, aún antes de que haya conclusiones sobre lo obrado el 27 F, sean estas de la Comisión  Investigadora de la Cámara, sean de la Justicia, que es posible establecer algunos puntos claros para saber quién gana la carrera  de la incompetencia, a saber:

  1. Todos los actores oficiales involucrados fueron unos completos ineptos: desde luego y en primer término el Gobierno, con la ex Presidenta a la cabeza con su asesora Jupi al lado, vestida de azul, todo esto de rebote por ir a meterse a la Onemi; disputándole  la punta y corriendo por los palos el Subsecretario del Interior, autoridad que no tomó decisiones claras ni correctas,  que le tocó estar en la primera línea reemplazando al Ministro Pérez Yoma, ausente por alguna razón, que no apareció ni siquiera por teléfono; menos de una cabeza atrás la Directora de Onemi, completamente sobrepasada técnica y psicológicamente por el evento; en el pelotón los del Shoa (manga de incompetentes que ni siquiera saben inglés básico), los del Instituto Sismológico de la Universidad de Chile, que inicialmente equivocaron el epicentro del terremoto, el ex Ministro Vidal, que nadie sabe bien que monos pintaba allí y varios más en las regiones corriendo carreras propias. Un ejemplo sabroso es el del Intendente de la VIII Región  señor Tohá y el Almirante de la III Zona señor Maquiavelo, disputándose la autoría del error al declarar que no habría tsunami en Talcahuano mientras el mar se llevaba a Dichato.
  2. Queda en evidencia que la política  reinante en materia de eventos catastróficos era  minimizarlos en lo que fuese posible o no informar claramente sus alcances y efectos, dizque para evitar pánico, pero en verdad, para no correr riesgos políticos. Dios nos libre que esa política siga vigente, porque en una de esas vamos a la guerra y lo averiguamos recién por Internet.
  3. Los posteriores eventos—los saqueos, asaltos, robos, vandalismo y desorden social—fueron consecuencia de la misma incompetencia gubernamental. El primer término,  de quien Ud. sabe, que por sus trancas con el pasado  no quería ver militares en las calles, cuando se supone que si fue Ministra de Defensa debía saber que eran las fuerzas armadas las únicas que en un evento de tal naturaleza podían garantizar el orden público; el segundo término, del Ejército, que por sus pulsiones y sentimientos de culpa había modificado poco antes la plantilla de regimientos y su distribución geográfica. Ese cambio determinó que, por lo menos de Concepción al sur no hubiese personal suficiente para resguardar la calle, por lo que hubo que esperar traslados mientras el pillaje se desataba. Indudablemente el Ejército ya no es lo que era, si hasta asaltos sufre en sus dependencias.
  4. La última conclusión es que el único competente esa noche terrible fue el funcionario que grabó el video, documento fílmico que nos ha permitido darnos cuenta de la  estatura de quienes estaban a cargo de la seguridad pública. Cabe comentar, a la vista del video,  que los responsables fueron todavía más ineptos: a ninguno, ni siquiera a la Jupi que se paseaba recomendando no decir cosas terribles, se le ocurrió que era políticamente prudente hacer desaparecer ese video, la cámara, el operario y cualquier testigo inocente. Hacerlo les habría evitado montones de problemas por aquello de que “ojos que no ven, corazón que no siente”.

En cualquier caso, parece que  felicidad y fatalidad aún están por repartirse