jueves, 29 de septiembre de 2011

LA DESCONFIANZA NACIONAL

Es curioso como con el paso de los años  han ido cambiando los íconos de la desconfianza nacional. Desde que yo era niño hemos pasado de desconfiar de personajes pobres pobremente  vestidos a desconfiar de personas ricas  perfectamente bien  trajeadas: desde el hombre del saco a los empresarios exitosos, no es poco el cambio.  Sin embargo en el fondo, el fundamento de la desconfianza sigue siendo el mismo: dudamos de las intenciones de los demás, pensamos que los otros nos quieren engañar para sacar algún provecho a costa nuestra, en fin, desconfiamos.
Lo que sí ha cambiado mucho es el objeto de la desconfianza: antes los ricos desconfiaban de los pobres y los pobres de los ricos, casi como un problema de clases. Estaba muy presente en ello el mundo de la ruralidad, el modelo del fundo, el derecho a pernada y tantas otras cosas más; ahora la desconfianza es más bien urbana, campea en las ciudades y es mucho más democrática que la de antes, porque un poco antibíblicamente  desconfiamos los unos de los otros, de todos los demás, como si el engaño potencial fuese la norma.
¿En dónde se origina tan enorme desconfianza? ¿Cuándo se inicia? Indudablemente es atávica y se remonta a nuestros ancestros europeos e indoamericanos por igual, cosa que se podría explicar sociológicamente. Modernamente, sin embargo, se origina en el hecho que somos constantemente defraudados por las personas en las que tenemos que confiar y por las instituciones que han sido diseñadas para asegurarnos determinados resultados que en la práctica, no se dan.
Casi todo en el mundo real está organizado en base a la confianza, mejor dicho, en base a la buena fe. No podría ser de otra manera, porque no habría personal, sistemas de control  ni financiamiento suficiente en el mundo para asegurar el control de todo lo que se tendría que controlar. Entonces tenemos la necesidad de confiar y de hecho lo hacemos en un montón de situaciones. Confiamos en que los servicios de utilidad nos entregarán agua, luz y gas sin cortarse, en que el metro nos transportará sin inmovilizarse dentro de un túnel, que el médico nos curará sin equivocar el tratamiento, que la justicia nos compensará sin hacer girar alguna puerta, que los políticos nos representarán sin esquilmar el erario, que los sacerdotes nos mostrarán en camino de la salvación sin amenazar a nuestro hijos y nada de eso en realidad ocurre.
En fenómeno explica, en un extremo el fenómeno Bachelet (cómo no confiar en ella, tan amorosa) y de otra el fenómeno Piñera (cómo confiar en él, tan rico). Entremedio  los Karadima, las multitiendas, los Bancos, los partidos políticos.
Va a tener que crearse un nuevo paradigma para recuperar las confianzas y no me doy cuenta bien de cómo puede ser el mecanismo para conformarlo, si bien intuyo que será de tipo evolutivo, esto es, sin diseño.  Por lo pronto ya se de seguro  que  cada vez que haya una marcha estudiantil, aparecerán encapuchados destructores; que cada vez que haya un apagón, habrá saqueos; que cada vez que haya una desgracia del alcance nacional, aparecerá un ministro heroico. Es algo para comenzar…

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿MEDIOS COMPROMETIDOS?


Escucho un par de radios por la mañana  y veo varios canales de televisión, sobre todo en horarios de noticias y  programas de opinión. Ya no me llaman la atención  las posturas de la mayor parte de sus comunicadores o comentaristas estrellas, porque he descubierto sus apegos y tendencias y puedo descubrir las verdaderas intenciones que subyacen  en sus aparentes objetividades. Desde luego, todavía  me sorprende un par de ellos, que parecen profesar una verdadera neutralidad objetiva e informada. Pero son la excepción.
Tengo suficiente edad como para recordar, de la época de oro de la radiotelefonía, a periodistas verdaderamente equilibrados, cuyos comentarios eran garantía de información sin sesgo y de opiniones realmente informativas. Curiosamente, no eran periodistas formales, es decir, titulados en Escuelas de Periodismo, sino reconocidos por su colegio, en virtud de su experiencia y peso profesional. Los comparo con la mayor parte de los jovencitos y jovencitas que leen noticias, reportean o hacen notas y no puedo menos que lamentar el escaso profesionalismo que se exhibe hoy.
En general, en los medios  se informa y se comenta sin mucha medida, sin el menor cuidado por evitar sesgar la noticia, incluso sin precisión ni exactitud  en las citas. No es lícito citar trastrocando términos y substituyendo palabras, ni menos forzar alcances o crear implicaciones. Revela un desconocimiento total del alcance moral que tiene la actividad informativa y del carácter del juego político, cuestiones que, uno supone, les tendrían que haber enseñado en sus escuelas. 
Nuestra sociedad no toma opciones  en función de convicciones o verdades sino sólo por  percepciones más o menos viscerales y tincadas. ¡Nada menos democrático! Por eso es que es tan importante el rol de los medios de información.
Con el poder que estos tienen, con la penetración que consiguen hacer  las caras de la noticia y con el crecimiento exponencial que confieren al rumor  los medios electrónicos, nuestra sociedad está en peligro de sufrir la manipulación que experimentaban los personajes de Orwell en 1984. El Ministerio de la Verdad podría estarse configurando entre nosotros.

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿ESTADO DE DERECHO?

A uno puede gustarle o no el Alcalde Labbé o parecerle bien o no lo que hizo el viernes 23 con sus anuncios tras la retoma del Liceo Lastarria. Cada uno con su opinión. Pero lo que no se  puede obviar es su argumento relativo a la mantención del estado de derecho.
El estado de derecho es, dicho en simple, aquella circunstancia política en que los poderes públicos garantizan con su organización y sus herramientas constitucionales los derechos ciudadanos, de manera que no se alteren o limiten las garantías democráticas, las libertades o las oportunidades. A contrario censo, la ruptura del estado de derecho se produce cuando dichas garantías, libertades u oportunidades se vulneran por la acción discrecional de actores políticos, sociales o económicos, sin que el Estado y el Gobierno apliquen medidas correctivas.
Lo que Labbé ha planteado explícita e implícitamente, es que en todos estos trastornos generados por los paros estudiantiles se ha afectado el estado de derecho, sin que el Estado, representado por el Gobierno, haya actuado suficientemente para garantizar su recuperación. Las tomas de colegios y universidades, los desórdenes callejeros infiltrados en las marchas y los saqueos serían, según insinuaron sus palabras, vulneraciones del estado de derecho que  estarían siendo toleradas por no haberse tomado oportunamente las medidas correctivas del caso. Se estaría generando una situación de desorden tal, que bastaría un apagón eléctrico para que se produjeran fenómenos incontrolables de disociación social, como ocurrió en el caso del supermercado de Quilicura. Ha ocurrido antes en el caso del terremoto de 2010 y más recientemente con la demora de buses del Transantiago. Podría volver a ocurrir con cualquier causal suficiente
El fenómeno tiene que ver, sin duda, con la sensación generalizada que tenemos de vivir en una realidad cuya seguridad es precaria, cuestión que lleva a percibir que el Gobierno, la Justicia, las policías, etc. no cumplen adecuadamente su rol.  La gente tiene el temor de ser asaltada, de ser defraudada, de ser engañada, de ser explotada, sea por delincuentes callejeros, por los sistemas financieros, por las instituciones públicas y privadas y por el modelo en su conjunto. La gente se siente en la indefensión, de manera que cuando tiene la oportunidad reacciona en lo que se ha denominado eufemísticamente “movimiento sociales”.
El problema es, que cuando el Estado y el Gobierno no controlan tales reacciones, estamos en revolución. Y a propósito, no olvidemos que la revolución de 1891 se produjo  porque el parlamento rechazó la Ley de Presupuesto propuesta por Balmaceda, es decir, lo que el Presidente del Senado señor Girardi amenazó con hacer, hace sólo unos días atrás.

sábado, 24 de septiembre de 2011

LA CAMILA TIENE MAL FUTURO

Una de las consecuencias de la prosperidad,  que desde hace unos dos o tres mil  años viene afectando a una parte del género humano como consecuencia de la eficiente división del trabajo y la vida en ciudades,  es la gordura. Consecuencia directa de la posibilidad de intercambiar bienes y servicios, mecanismo económico  que por una parte  permite la especialización funcional  y por otra, el aumento de la eficiencia productiva, la demanda de menor esfuerzo físico y la generación de tiempo de ocio,  ahorran unas pícaras calorías que al menor descuido, se van a zonas indeseadas de la anatomía causando estragos. Es un fenómeno que no sólo afecta la salud  de las personas, sino su apariencia estética.
Los brazos flácidos, los pantalones de montar, las papadas, las panzas, los pechos desmesurados y los  traseros y caderas gigantescos, llegan con la prosperidad o lo que se le parezca, ante el menor aumento del ingreso. Ha ocurrido en diversas épocas y circunstancias, como lo muestra ciertos cuadros de Rubens o lo prueba en Chile cualquier paseo por una feria libre.  Los obesos y las obesas hacen multitud, no sólo en las edades maduras, sino en la tierna  juventud  y desde hace poco, en los infantes, como lo dicen los sistemas de salud y quedó en evidencia en las marchas estudiantiles.
Los personajes más acomodados luchan contra el proceso haciendo dietas y concurriendo a gimnasios, pero inevitablemente  acusan los efectos del superavit calórico que, en el caso de las mujeres bien, suele comenzar por los brazos, que engruesan, tomando rápidamente volumen y obligan a usar blusas con mangas que ocultan el mal, por lo menos en sus primeras fases. Como botón de muestra, vemos a diario en los noticieros de la tele, a  figuritas inicialmente  estilizadas, que sufren lentamente el engordamiento de sus brazos, como muestra de decandencia. 
El fenómeno aludido llevó a un filósofo anónimo  a afirmar sabiamente que “las mujeres mueren por lo brazos”, sentencia admirablemente precisa y descriptiva que incluye, desgraciadamente, a féminas que me interesan.
Cabe observar, que tal vez  por la mejoría del tiempo metereológico con la llegada de la primavera, la Camila ha comenzado a lucir  sus brazos en medio de las reuniones y entrevistas, dejando ver que su futuro no es nada auspicioso. ¡Una pena!

jueves, 22 de septiembre de 2011

CAMPO DE BATALLA


Los términos táctica y estrategia son originalmente de uso militar, pero se aplican en muy diversos ámbitos de acción ajenos a la milicia. Una táctica es, en términos generales, una fórmula de acción   empleada con el fin de conseguir un objetivo favorable en el campo de batalla. La estrategia, en cambio,  es un concepto más inclusivo y equivale al   conjunto de las  acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se desarrollan para lograr un determinado resultado en la guerra.
En términos contingentes,  presionar al gobierno con paros, tomas y marchas estudiantiles semanales, sin una voluntad expresa de sentarse a dialogar es una estrategia en tanto el empleo de slogans pegadizos del tipo de “no al lucro” y “si a la educación pública gratuita” constituyen tácticas, lo mismo que representarse por una cara bonita. Por el otro lado, esperar que el desgaste o el quiebre del movimiento estudiantil decidan la cuestión es una estrategia, en tanto presionar con los plazos legales, es una táctica.
Siempre pueden diseñarse buenas estrategias y desarrollarse tácticas inteligentes y sin embargo,  perderse las batallas y las guerras. El quid del asunto está, dicen los entendidos, en los generales y en la lucidez del mando. “El problema está en la cabeza, estúpido”, podríamos decir parafraseando el dicho relativo a la economía. Los generales ansiosos y los mandos poco cohesionados, siempre han perdido las guerras. Porque las guerras se pierden más que se ganan. Terminan por triunfar los que se equivocan menos.
¡Vamos a ver qué resulta de este campo de batalla en que estamos transitando!

martes, 20 de septiembre de 2011

PECULIARIDADES PRESIDENCIALES:


Alwyn fue un Presidente levemente untuoso. Era algo relamido y resbaloso. Frei fue decididamente aburrido, fome diríamos, sin gusto a nada, pasajero, olvidable. Lagos pareció excesivamente presuntuoso, carne de  prócer, demasiado denso, amenazando con su dedo virtual y con su cara de decir puras frases para el bronce. En contraste, la señora Bachelet fue como una amable tía solterona, tierna pero de cuidado, un poco como perdida, como se vio en la madrugada del terremoto… Peculiares todos, pero en conjunto y   cada uno en su estilo, inofensivos.
El actual Presidente, en cambio,   tiene una característica mucho más complicada de sobrellevar: es tincado, llevado de ideas súbitas, inclinado al riesgo, jugado a las intuiciones…Mire Ud.: El papelito de los mineros en Londres, Barrancones por teléfono, la cita en La Moneda con los estudiantes, el súbito viaje a Juan Fernández, por mencionar sólo las tincadas más vistosas y no hablar de sus ministerios y sus discursos. Se adivina  el temor perceptible de su equipo de que salga con otra…¡Si es hasta motivo de comentarios por parte de los especialistas!
Debe ser terrible la responsabilidad de ser  Ministro de un Presidente así…Como caminar en arenas movedizas o jugar a la ruleta rusa. ¡Pobre Ministro de Educación! Cómo estará esperando la próxima inspiración, con qué ánimo, con cuáles prevenciones.
Yo tenía un tío por el estilo, un tío de esos postizos, más bien amigos que parientes. Era sumamente impredecible y lleno de inspiraciones, tincado decía de sí mismo. Murió atravesando la Alameda arrollado por un camión porque le tincó que alcanzaba a cruzar. Una vez que salimos a pasear a caballo por unos cerros, tuvo la tincada de explorar caminos nuevos y nos perdimos. Pasamos una noche a la intemperie y estuvimos día y medio sin comer. Como esa vez, no puedo dejar de  sentir la misma zozobra, porque como entonces, no he tomado suficientes precauciones.

domingo, 18 de septiembre de 2011

EL GRAN CAMBIO:


De vez en cuando me pregunto sobre qué es lo que nos une hoy por hoy  como chilenos. Memoria colectiva, dirán los aficionados a la sociología; cultura e historia común, opinarán los humanistas; el imperio de una lengua, aducirán los filólogos; el mandato de la Constitución y la ley, afirmarán los legistas; un territorio y un paisaje postularán geógrafos y poetas; un modelo mental dirán los psicólogos; la explotación de las trasnacionales y el capital dirán los estudiantes en paro….En fin.
Humildemente pienso  que lo que nos constituye como nación es un conjunto más o menos variado y compartido de pequeñas nociones, partículas de entendimiento, recuerdos difusos de experiencias vividas y no vividas, mitos compartidos a medias, iconografías aprendidas desde muy niños, olores, sabores, sonidos e imágenes. Diríamos con Dawkins, “memes”  relativos a la chilenidad,  siempre cambiantes, siempre en evolución, con un poder sorprendente de fijar cursos hereditarios parecidos a los del ADN y tan frágiles pero tan resistentes como él.
Lo que nos hace chilenos hoy no es lo mismo que nos hacía chilenos hace cincuenta años, pero funciona de la misma manera. Ya no es O’Higgins, ya no es Prat ni los heroicos araucanos, como era en mi niñez, pero tiene parecido poder unificador. No son los contenidos, son los mecanismos.
Todo está cambiando, porque tal vez la Patria todavía sea la bandera (aunque ahora hagan servilletas de coctel con sus colores, como me tocó el otro día); tal vez sea  la solidaridad que se despierta en la adversidad; o el sentimiento de ser especiales que nos han estado construyendo en 200 años de republicanismo. La verdad es que no importa mucho, siempre que  sigan siendo nociones compartidas por el colectivo y funcionen.  El problema, el peligro que encierra el gran cambio en que vivimos, es que el sentimiento de pertenecer o ser parte funcional de algo se nos extinga o mute. Algo de eso se ha visto en los dos o tres últimos años y sobre todo recientemente, sobre todo pensando en lo que alimenta  los desbordes en el comportamiento social.

viernes, 16 de septiembre de 2011

PELIGROSA CONFUSIÓN DE CONCEPTOS


Es curioso como prácticamente ningún político se ha detenido a poner en evidencia las confusiones esenciales que el movimiento estudiantil ha venido haciendo con los conceptos, prácticamente desde hace tres meses. Tal vez es porque una facción ha estado tratando de subirse sobre corriendo al movimiento y la otra ha estado tratando de contenerlo y desvirtuarlo. De partida hay que decir que los estudiantes están confundiendo el concepto de calidad de la educación con el concepto de carácter de la educación y luego, que confunden la idea de lucro en la educación con la idea de costo de la educación.
Uno debe aceptar que todas las universidades tienen problemas de calidad, independientemente de que sean públicas, privadas de acción pública o privadas privadas . Y tiene que convenir que todas tienen problema de altos costos en sus aranceles, independientemente de que sean públicas, privadas de acción pública o privadas privadas.
Yo trabajo en una buena Universidad que tiene serios problemas de calidad en algunos rubros y que es bastante cara. Si yo le doy a Ud. las cifras y le señalo las debilidades, con ese sólo dato Ud. no va a poder saber de qué tipo de universidad se trata. Si yo le indico las rentas que algunos académicos alcanzan sumando sueldos, participaciones en proyectos de investigación y ganancias en sociedades prestadoras de servicios en rubros relacionados, Ud. no podría saber, dados los montos, si se trata de profesores o  de gerentes de mineras.
Las posturas ideológicas se aprovechan de las fallas del modelo para tratar de echarlo abajo y los útiles de siempre les avivan la cueca. El romanticismo del movimiento estudiantil, lo sorpresivo de su proceso, la belleza y fluida labia de la dirigenta superan muchas racionalidades. 

martes, 13 de septiembre de 2011

PACTOS CON EL DIABLO



El otro día utilicé mi tarjeta de crédito para hacer una compra en el extranjero y oportunamente me llegó el cobro expresado en pesos, indicando el total adeudado y la suma mínima a pagar, al mismo tiempo que el detalle de la tasa de interés del período siguiente y la comisión por uso mensual. Como debía casi $100.000, el pago mínimo era menos de $ 5.000, la tasa  2.01 % y la comisión mensual $ 1.975, hice algunos cálculos, a saber: (100.000-5000)x1.0201= casi 97.000+1975=$ 98.975, lo que me asegura pagar casi eternamente si me limito a esa suma mínima permitida… y eso, si no vuelvo a comprar, cosa difícil, porque se me abrió el apetito ante la seguridad del proceso y la rapidez conque llegó mi pedido, incluso antes de pagar. Es decir, fui transformado en un deudor potencial infinito (DPI) en favor de los dueños de mi tarjeta de crédito.
Me parece que ahí reside el problema de la torpe aplicación del modelo y ahí también, se enmascara el problema del lucro que tanto nos ha confundido desde que los estudiantes en paro instalaron la idea como consigna fundamental—el meme esencial—de su movimiento. El mismo mecanismo DPI subyace en el caso de La Polar, acecha en las ofertas facilistas del retail y está enredado en el asunto de los créditos para financiar la educación: el verdadero negocio no es vender ni intermediar, sino crear deudores, miles de deudores, llevándolos ojalá,  a cancela sus cuotas mínimas para asegurarlos como deudores para siempre. No puedo evitar pensar que la cosa equivale casi a uno de esos pactos con el diablo en que el maldito entregaba un beneficio y uno le endosaba el alma sin leer la letra chica.