jueves, 26 de julio de 2012

¿INFORMADOS O CONECTADOS?:

¿Será bueno o será malo estar tan comunicados? ¿Estamos realmente comunicados o estamos simplemente conectados? Porque la comunicación no vale nada si por el canal no circula un mensaje inteligible: sería como estar al teléfono sin decir ni escuchar nada… Y tampoco vale mucho la comunicación si el mensaje no es claro, es equivocado o está falseado. Me podrían estar desinformando quizás con qué intenciones.

La lógica me inclina a pensar que es deseable y conveniente un nivel de comunicación que permita al ciudadano interesado hacer una comprensión cabal  de su circunstancia y otorgue al desapercibido la oportunidad de llegar a saber qué es lo que pasa, aunque no sea de inmediato. A la vista está lo ocurrido en el terremoto, cuando no saber significó desmanes y pillaje que acentuaron la tragedia. Del sismo supimos todos de inmediato sin necesidad de comunicación alguna (en remezón fue un canal de comunicación clarísimo), pero de la autoridad no supimos casi nada durante un lapso prolongado e hizo falta. El problema reside en determinar acertadamente qué es lo que  debería saberse de su parte en cada momento, en otras palabras, cuál debería ser el nivel de información pública conveniente, de manera de evitar el pánico, el aprovechamiento o las reacciones desproporcionadas. Ahí es donde entran a tallar, por una parte las autoridades públicas y políticas y por otra, los medios de comunicación. Lo malo es que ahí, también, es donde entran a taller los intereses que terminan por complicar el proceso.

Es lo que ha ocurrido en el asunto de la Araucanía, asunto en que la opinión pública no llega a tener la claridad debida en parte por cuestiones de estrategia y en parte por interferencia de los mencionados intereses. Eso sin contar con la dificultad de informar objetiva y simplemente un asunto complejo sin la debida perspectiva.

¿Qué pasaría en el mismo plano de la comunicación, si por desgracia entráramos en conflictos serios con alguno de nuestros vecinos? ¿Qué nos informaría  el Gobierno, qué las facciones políticas y qué los medios? ¿Nos diría el primero que estamos llamando al Embajador para consultas? ¿Nos diría la oposición que se está procediendo torpemente en contra de los intereses patrios? ¿Nos revelarían los medios que estamos siendo invadidos militarmente y que se desarrollan combates?

Naturalmente el conflicto mapuche no es una guerra entre naciones—ya lo quisieran algunos—, pero  tampoco es un suceso sin importancia y sin proyección. Y lo que no debe ser, de ninguna manera, es llegar a ser un problema  respecto del cual se corra el riesgo de desarrollar una opinión pública desinformada, como ocurrió  con los conflictos estudiantiles, que sacaron a las calles a decenas de miles de personas que no tenían claridad sobre el problema y a cientos de encapuchados que se aprovechaban de eso. Ese es el peligro que corre el gobierno  al no informar bien, oportuna  y claramente, cosa que no ha hecho y que todavía tiene tiempo de hacer. Y conste que la información no es el comentario de los hechos recientes, sino una relación explicada de los hechos presentes y pasados en una perspectiva que los chilenos podamos comprender para formar, si fuese posible, un juicio objetivo sobre el asunto.

miércoles, 25 de julio de 2012

BENEFICIOS PRIVADOS, MALES PÚBLICOS:

BENEFICIOS PRIVADOS, MALES PÚBLICOS:  
 
Me llega un chiste por la red: “ Soy libre…Puedo elegir el banco que me exprima; la cadena de televisión que me embrutezca; la petrolera que me esquilme; la comida que me envenene; la red de telefonía que me time; el informador que me desinforme y la opción política que me desilusione…Insisto, soy libre”…Y un diálogo entre dos personajes: “Yo te guardo las gallinas para que no te las roben…Mientras tanto todos los huevos que pongan son míos y a lo máximo te regalaré uno…Ah, eso sí, tu tienes que traer el maíz para alimentarlas—dice uno y el otro pregunta--¿Y cómo se llama eso?...Se llama Banco”… Y uno más: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan”…

Son comentarios entre amargos y divertidos que ilustran la circunstancia a que alude el título. No puedo menos que sonreírme con ellos, mientras todo se estremece a mi alrededor porque al otro lado de la calle un enorme martinete hidráulico hinca gruesos pilotes para fundar en la ribera inestable de un estero un enorme edificio de 15 pisos, que no puedo explicarme cómo pudo ser autorizado en un terreno minúsculo como ese. Un volumen desmesurado y bastante feo, con algo de pirámide Maya por la necesidad de los recortes a que lo obligan  las rasantes. Unas rasantes que dizque la normativa protegen al  entorno de su cono de sombra pero que, a la vista de hasta donde llega la  de la máquina que entierra los pilotes,  tapará el sol para siempre a  una docena de las casas de lo que ha sido un barrio encantador. Un edificio con poco menos de sesenta departamentos, que hará que la tranquila calle donde aún dormitan los perros y juegan los chiquillos, se transforme en un estacionamiento permanente y concurrido. Otros dos espantosos edificios cercanos ya les han arruinado la vida a una cincuentena de propietarios que comienzan a vender sus casas a precio vil, dejando un   espacio que luego se llenará con otros edificios similares.

¿Y los arquitectos, me dirá Ud., que son tan entendidos en las relaciones y la armonía del crecimiento urbano, no dicen nada? No, no dicen nada  porque son mercenarios en una guerra sorda, no declarada oficialmente, que se libra entre los agentes inmobiliarios y sus financistas en contra de los ciudadanos libres a que alude el chiste. Guerra que se desarrolla al amparo de una legislación mal pensada que se acomoda a los intereses de un puñado de aventureros del dinero y perjudica los derechos adquiridos y el patrimonio de los habitantes de  los sectores amagados por el negocio  inmobiliario.

En este mismo momento una comisión de expertos nombrada por el Presidente Piñera e integrada por una variopinta colección de “entendidos”, está abocada a definir los lineamientos de una nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano. Nada mejor que una nueva política urbana que nos proteja a los simples ciudadanos de esta forma encubierta de expropiación de beneficio privado que es la indiscriminada proliferación de enormes edificios en barrios de vivienda consolidados que desarrollamos en nombre del progreso, la concentración  urbana que reduzca el número y  tiempo de viajes y el mejor uso del suelo aumentando la densidad. Lo creería si no pensara—como en el Gatopardo—que si queremos que todo siga igual, debemos hacer parecer que todo cambia.

lunes, 23 de julio de 2012

LUCRO Y CORRUPCIÓN:

Anoche, con frío y semi dormido pensaba en el lucro—esa mala palabra que la izquierda ideologizada ha elevado a la categoría de anatema—cuando me saltó a la mente  como un chispazo, la palabra corrupción, tan  terrible como la anterior pero por mucho mejores razones. Y en un momento fugaz, como una epifanía, me estremeció un toque de lucidez que me sacudió fuertemente y me llevó a flotar hacia mi escritorio para escribir en sueños esta revelación que Ud. lee: lucro y corrupción son las dos caras de una misma moneda.

La cara lucro, por lógica, correspondería a las derechas, dueñas del capital, que con su inversiones malévolas viven enriqueciéndose a costa de los desvalidos estudiantes, los desapercibidos clientes de super tiendas, los pobres afiliados de las  AFP e ISAPRES, los cándidos tenedores de tarjetas de crédito, los ingenuos dueños de vehículos, los inocentes que van al cine, los necesitados de alimentarse que compran en los supermercados, los consumidores que pagan servicios, los adelantados que  navegan por la red, los enfermos que van a la farmacia y en fin, los desvalidos ciudadanos que  respiran y sueñan con vivir mejor sin saber que una cáfila de malvados y explotadores los están expoliando en todo momento.

Terrible que en el juego de la vida, al tirar la moneda, a uno le salga lucro. El sistema de mercado—el modelo como se le llama—lo ha determinado así para nuestro mal. Por eso es que es necesario informar a la población de la enormidad que se le comete en nombre de la necesidad de desarrollo, el engaño en que se la tiene, la ignorancia a la que se la condena, haciendo  abrir los ojos a los conformistas para que protesten, sacando a las masas a las calles para manifestarse, haciendo de la sociedad un caos renovador y obligando a la suerte política—elecciones de por medio—a  dar vuelta a la moneda dejando a la vista la otra cara.

Entonces, por pura lógica, la cara de la corrupción correspondería a las izquierdas, representante de las necesidades verdaderas y los derechos legítimos, lábaro de las aspiraciones y los apetitos, preclara sostenedora de la verdad doctrinaria, dueña del manantial ideológico y vestal de la Justicia. Toda virtudes,  pero sin el dinero necesario para satisfacer los justos ideales del pueblo. Las izquierdas, que por esa carencia deberán cumplir su destino   procediendo en  nombre de la sociedad a repartir  ordenadamente los dones del Estado—cargos, estipendios, subvenciones, indemnizaciones, donaciones, aportes y retribuciones—pero  con orden y cuidado: primero los primeros y los demás después, en su momento y a su tiempo.

Las izquierdas que nacionalizarán las riquezas inconmensurables del futuro esplendoroso de que habla la teoría, que  elevarán los tributos sólo a  los más adinerados, que enderezarán la marcha de la sociedad hacia un futuro igualitario donde todos seamos iguales y felices, eliminadas las diferencias y acogida la diversidad. Un futuro sin cajas de pensiones, con un sólo sistema de salud, sin tarjetas bancarias (solo con las de racionamiento), con tiendas estatales rebosantes de productos variados, con autos clásicos circulando por las calles libres de atochamientos y tacos, con cines exhibiendo cintas apropiadas, con Internet oficial  libre,  con servicios gratuitos y  con medicamentos genéricos, para que los felices ciudadanos realicen  libremente sus sueños de vivir mejor.

Comprenderá Ud. que aclarado el asunto, borré de mi sueño toda zozobra y volví a dormirme acunado por tan extraordinaria revelación.

sábado, 21 de julio de 2012

LA VEREMOS VERDE EN LA HAYA:

Creo que nos va ir muy mal en La Haya. Me fundamento en que Perú tiene con nosotros los chilenos una relación parecida a la de los detenidos desaparecidos con el Gobierno Militar y sus responsables. Por eso,  lo más probable es que los jueces de la Corte Internacional procedan tal como nuestros jueces, dándole en la cabeza al supuesto agresor (el ganador de la guerra cuyas conversaciones de paz dieron lugar a los tratados que  se reclaman y a los convenios siguientes que se discuten), en este caso Chile. Ya se asemejan conceptualmente los alegatos de  los defensores en un caso y de los reclamantes en otro, en tanto reescriben la historia y en cuanto aprovechan el contexto político en que los tribunales tienen que moverse en uno y otro asunto.

¿Qué tienen que ganar los jueces de La Haya si nos dan la razón? ¿ Y qué podrían perder si no nos la dan? “That is the question”, habría dicho el Príncipe de Dinamarca: a los Jueces Internacionales les sale más barato perjudicar a un país poco popular (porque los chilenos no somos populares) regido por un gobierno de  derecha (sobre todo si un fallo adverso le puede complicar el panorama electoral el 2013), que hacerlo con Perú, donde un presidente de izquierda está aproblemado y necesita un empujoncito en su popularidad.

Y conste que ni siquiera estoy pensando en que la cosa   vaya a ser juzgada en derecho, no sólo porque   desde hace muchos años tengo la peor idea posible de la justicia, de sus mecanismos y de sus hombres, sino porque en materia  de relaciones internacionales lo que manda es el contexto y no la verdad. Con el antecedente de nuestro silencio en el caso de Laguna del Desierto, los Jueces de la Haya necesariamente van a pensar que si fallan en nuestra contra volveremos a quedarnos callados. Y pensarán, también, que estando Humala con serios problemas políticos internos,  si el Perú pierde, él y la izquierda peruana  podrían tener problemas. Eso sin contar con que pensarían que de  perder, alguien en Perú podría tener  la tentación de aprovechar la situación para promover alguna aventura que  asegurara una ganancia de los ultra nacionalistas. Y los jueces internacionales valoran la paz más que nada en el mundo, ya que viven de ella. Usted comprenderá que en una situación de conflicto, el  tribunal de La Haya no se asomaría siquiera. Si la justicia internacional funcionara realmente, habríamos tenido tribunales de Nuremberg en 1935.

Incluso en derecho, me parece, tendríamos problemas, por más que nuestros argumentos sean verdaderos. Eso porque las cosas no son lo que son, sino como se ven y mirando el mapa y el famoso paralelo, la opción de una solución equilibrada resulta sumamente atractiva. El punto complicado para nosotros porque en casi todas las alternativas, Chile sale perdiendo y la única en que no—que  La Haya nos de la razón en todo—se ve difícil por todo lo dicho previamente. Que perdamos  tiene consecuencias en las relaciones internacionales futuras con todos nuestros vecinos, incluso con el mismo Perú, por aquello de que si te gané en esta, puedo ganarte en esta otra. Ya se han anticipado los bolivianos al hablar de recurrir a La Haya por su acceso al mar  y  Argentina presionará en el asunto de los Campos de Hielo. Y repito, el asunto  tiene no pocos alcances internos por la inminencia de la elección de 2013, donde el fracaso  se le cobraría a la derecha por cincuenta años y donde no sería nada de raro que se pretendiese juzgar a los responsables y es seguro, habría montones de jueces dispuestos.

Va a ser muy interesante analizar   la actitud de la oposición, que tendrá que ponderar  el interés nacional y  el interés político. Vamos a ver, muy seguramente, una prudente toma de distancia y un cuidadoso y medido esfuerzo por apartarse de los compromisos y las responsabilidades. Si Chile pierde, va a hacerlo todo por responsabilizar al gobierno y si gana, va a esforzarse por participar del triunfo. Me muero de curiosidad por saber qué diría  el diputado Andrade en uno u otro caso.

jueves, 19 de julio de 2012

BRUJOS Y PERROS CHICOS:

“No creo en los brujos, Garay, pero de haberlos, los hay” dice el proverbio popular. Por mi parte, no creo una serie de cosas que sin embargo se dan a cada rato. Por ejemplo, no creo que los Diputados y Senadores de la República sean unos corruptos, unos inútiles y unos aprovechados, pero que entre ellos hay corruptos, inútiles y aprovechadores, no tengo la menor duda que los hay. Con el mismo criterio, si bien no creo que las Universidades públicas o privadas tengan como objetivo oculto el lucro, no me cabe duda que en todas ellas hay personas que lucran desenfadamente por una u otra vía y tengo la sospecha que en algunas de esas casas de estudio efectivamente se triangulan los  ingresos, se tienen sociedades espejo y sus propietarios lucran.

Lo cierto es que nadie—salvo ella—es perfecto está libre del pecado. Por eso no se puede andar por ahí tirando primeras piedras,  escupiendo para arriba y organizando Comisiones Investigadoras para el aprovechamiento político. Si escarbamos, encontraremos que todos tienen alguna yaya y desde su Santidad para abajo, acumularemos faltas, pecados y delitos. Bien lo ha mostrado la historia reciente, desde Lavanderos—tan perseguidor de irregularidades que era—hasta Monseñor Precht—perseguidor insigne de violadores de derechos humanos—pasando  por toda  una colección de personajes  puestos en evidencia por los medios o por la Justicia. Si esperamos un poco, como en otro proverbio conocido, sin duda veremos pasar a los que tienen pendiente su desenmascaramiento delante de la puerta de nuestras casas.

Como habitante temporal de pueblo chico, recuerdo de mi juventud a personajes de la sociedad colchagüina, que por un lado gozaban de fama de intachables y por otro, acumulaban todo tipo de pecados de público conocimiento. Los había de todos los pelajes y se movían en los medios más extremos,  compartiendo esa doble imagen que, si las circunstancias lo ameritaban, salía a la luz oficialmente. Recuerdo a un terrateniente de apellido vinoso, que cuando pretendió llegar al Congreso fue boleado por las mil y una historias de faldas y negocios raros que sus opositores tenían dispuestas a la mano.  Otro caso, en que dos  hidalgos campesinos disputaban un cargo de designación, no faltaron los corresponsales que llevaron la noticia de sus faltas a la autoridad santiaguina, que prontamente retiró la oferta, pese a que ambos eran—como el Presidente que designaba—Radicales. Un tercer caso, de un prohombre profesional prestigioso, hasta yo sabía que era marica y llevaba una doble vida. Claro que eran unos tiempos en que los chilenos éramos menos de 6 millones y   en la cúspide de la pirámide habría cuando más 20 mil, todos con domicilio  conocido y debidamente prontuariados.

Hoy por hoy, con casi tres veces esa cifra en habitantes,  las faltas y los pecados pasan colados y poco sabemos de la vida y negocios de las personas, salvo que con la mayor certeza, en sus historiales debe haber de todo. Por eso ahora es necesario investigar y por eso se arman contubernios,  porque  sacar los trapitos al sol rinde beneficios políticos y con las elecciones ad portas el 2013, cualquier trigo es limosna. En todo caso, así como en las orillas de los ríos las corrientes parecen seleccionar a las piedras por tamaño dejando al centro a los peñascos y arremansando las gravillas, en la sociedad nacional los embates de la política sin duda seleccionan a los intervinientes por tonelaje. Así en el Congreso, vemos a los pesos pesados en el centro de la corriente de los acontecimientos políticos y en la orillas del acontecer a los quiltros chicos tratando de resaltar. Porque, dígame, ¿No se ha fijado que en las  comisiones investigadoras de la Cámara hay puros quiltros?

martes, 17 de julio de 2012

LLENAR LA VACIEDAD:

¿Qué  hace que el discurso de ciertos comunicadores  parezca tan atractivo y logre   convocar a tantos seguidores incondicionales y en oportunidades ciegos? ¿Dónde reside el atractor, la fuerza que concitan? ¿Está en el emisor, que con  su carisma conquista, enamora u obnubila? ¿ Está en mensaje, la palabra o el razonamiento,  por lo que esta   informa,  revela o clarifica? ¿O se trata de una vaciedad de que adolece el receptor, que ansía experimentar la plenitud y se bebe el discurso para aplacarla?

En nuestro mundo nos encontramos con cada una de estas situaciones en conjunto y por separado, como lo hemos podido comprobar, para no retroceder más, en los últimos 20 siglos. Cristo reúne todas las potencias: la del carisma, la del contenido y la del hambre del mensaje. Sus seguidores lo esperaban anhelosos y por eso, cuando lo vieron venir lo siguieron y lo siguen aún.  Decenas de líderes han sido capaces de atraer con su personalidad, han podido convencer con su mensaje  o han sabido aprovechar la necesidad de plenitud ya comentada, aunque rara vez han conseguido la integralidad del Mesías. En los tiempos que corren, muchos se juegan por imitarlo en su potencia. En los casos más extremos los líderes y caudillos; en el día a día los políticos; eventualmente los intelectuales. 

Hace mucho que en Chile no corremos tras caudillos. Tal vez desde la época de la Independencia. No lo fueron Allende ni Pinochet, por más que ellos mismos o sus seguidores lo pretendieran; tampoco lo fue Lagos por más que se moría de ganas ni la Sra. Bachelet, que si bien no tuvo mensaje, gozó de encanto y capitalizó su género, aunque  la vaciedad se quedó insatisfecha y acrecida. Una enorme vaciedad que por su culpa ha terminado por expresarse en insurgencia y disconformidad.  Para que decir Piñera, que no ha dejado huasca por pisarse pero que no ha conseguido ni siquiera entender el sentido de la vaciedad pendiente.

Pero el vacío esta ahí, latiendo en medio de la convulsionada y cambiante sociedad chilena, presente en la heterogeneidad de clase media, palpitando en la pobreza, amenazando en la desigualdad y desbordándose en la juventud. El vacío está gritando por la necesidad de ser colmado de razones y esperanzas, de promesas y expectativas.  Mezcla de querer entender lo que se quiere entender,  de querer oir lo que se quiere oir  y  de poder creer lo que se quiere creer.

En ese sentido fue interesante la segunda parte del Programa Toleracia Cero del domingo 15, panel televisivo que tiene baja sintonía pero significativo impacto y en el que se reúnen los entrevistados con   cuatro comentadores de gravitación dispar y credibilidad parejamente discutible.  Los comentarios relativos al entrevistado Alberto Mayol en Twister —“Sociólogo Universidad de Chile, Licenciado en Estética Universidad Católica de Chile, Magíster en Ciencia Política Universidad de Chile, DEA Teoría Sociológica Universidad Complutense de Madrid, Dr. © Sociología Universidad Complutense de Madrid. Profesor Asistente Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile, carrera de Antropología y sociología. Investigador Centro de Investigación en Estructura Social. Orientación Investigativa: sociología de la cultura, sociología política” según dice el encabezamiento de su página en Internet—, revelan algo de la vaciedad social comentada. Los comentadores lo pusieron por los cuernos de la luna no tanto por su personalidad—que la tiene—ni por la novedad del discurso, que no pasó de ser lo que habitualmente se argumenta—sino principalmente porque vino a decir lo que esa gente ansiosa de plenitud quería oir en relación con el derrumbe del modelo, que es el título de su reciente libro. Porque aunque la gente no entienda qué es el modelo, quiere que se derrumbe, de la misma manera que quiere  se derogue la ley de la oferta y la demanda. Al fin y al cabo los derrumbes dan oportunidades, como se vio en los días de pillaje tras el 27 F.

Una cosa  interesante: Mayol habla muy rápido, como una pequeña ametralladora, casi sin pausas, casi sin dejar lugar al ajuste de la memoria de corto plazo. Habla a borbotones, como Meo y posiblemente, por las mismas razones.

domingo, 15 de julio de 2012

EL MUNDO DE LA HISTORIETA:

Mientras miraba las fotografías de los  diputados de la República en las páginas de la red buscando la cara del  personaje cuya presencia en una reunión sacó de sus casillas al senador Larraín , me llamó la atención la  serie de asociaciones mentales fugaces que involuntariamente hacía  con personajes de la historieta y el cine según pasaban los rostros: Jabba de Hutt , Fuman Chu, el Huasón, Madame Mim, Rumpelstilkin, la bruja de Hansel y Gretel, el ogro Shreck y hasta Tribilín, todos retratados sonrientes y con suculentas dietas. Además encontré un montón de honorables parecidos a actores de   la comedia: uno de los Tres Chiflados,  Abbot y Costello,  Jacques Tati, Peter Sellers, Woddy Allen , Ben Stiller y varios más. Claro que también había un par de hadas maduras y rostros evocadores de delitos y comportamientos terribles, buenos para asustar a muerte  a niños mal portados. ¿Buenos mozos? No más de media docena y por lo que se, cabezas vacías. ¿Feos? Una estremecedora mayoría, sobre todo cuando entré a la página del Senado, donde está el más feo de todos. Pensándolo bien, pareciera que tenemos una política poco favorecida por los dioses porque ni siquiera a nivel de los expresidentes—exceptuándola a ella—hay mucho pan que rebanar, sobre todo luego de la Presidencia de Aylwin, que en sus tiempos mozos pasaba por todo un galán.

Por curiosidad entré a la página de Representantes del Congreso norteamericano con el ánimo de comparar y me llevé la sorpresa de  que en la treintena que busqué al azar de entre los 435 que integran la Cámara,  el nivel general era mucho mejor. Claro que había un par de gordos, algunos viejos  y calvos con papadas, pero la proporción de caras aceptables era significativamente mayor. El fenómeno se acentuaba en la mesa de la Cámara y en la presidencia de varias de las Comisiones.  Y me cabe la duda: ¿Significará eso que con el desarrollo mejora la apariencia de los políticos? ¿Podría querer decir, dada la fealdad reinante entre nuestros representantes, que estamos a  años luz de alcanzar ese nivel de bienestar? Porque no me va a decir Ud. que la Mesa de la Cámara  o la del Senado se salvan…

Una explicación psicológica de nuestro pobre nivel, podría ser que  la participación en la  actividad política sirviese de compensación a los pocos favorecidos por la naturaleza, de modo que la falta de caras bonitas fuese compensada con la figuración y el acceso al poder.  Pero la irrupción de la Camila ha echado esa teoría por el suelo. No queda más que pensar que nos enfrenamos a la triste realidad y que nuestros feos representantes  son una buena muestra de un universo en verdad poco agraciado. No puedo olvidar la sensación que tuve al volver de Europa hace unos años, al subir al  bus del aeropuerto que debí abordar por necesidad. Había a mi alrededor tanta gente fea, incluida esa cansada cara familiar reflejada en el cristal, que llegué a pensar que ocurría algo especial. Los chilenos no tenemos un tipo especialmente atractivo, a pesar de los mitos establecidos por el chauvinismo ancestral.

Me imagino que con la promulgación de la nueva Ley Antidiscriminación, no se podría exigir que los futuros candidatos fuesen más presentables, pero tal vez sería bueno para el espíritu nacional tener gente linda representándonos. Además, como están las cosas, no sería raro que la gente de la farándula llegara al Congreso.