jueves, 13 de octubre de 2011

EL DESAFIO DE LA INDECIFRABLE EVOLUCIÓN DE LA CULTURA

 
La evolución de la cultura es, como la evolución biológica de las especies, un proceso pausado y continuo, que tiene como mecanismo operativo  la lucha por la supervivencia, en la que se impone el más apto y adaptable a las condiciones que prevalecen en el  medio en un momento dado. Tal como en el caso de las especies, las ideas, las instituciones  y los productos materiales que componen la cultura prevalecen en función de que sean las expresiones más funcionales y adaptables en un momento particular. Cuando las condiciones del ambiente social cambian, cuando aparece una mutación exitosa que articula mejor o cuando se produce un suceso de alcance global, todo comienza a cambiar y pocos pueden adivinar en qué dirección apunta el futuro.
Recientemente, por lo menos en términos históricos, hemos experimentado cómo opera la evolución cultural:  cuando cayeron el muro de Berlín y la Unión Soviética, cuando quedaron atrás la modernidad o el pop art y cuando desaparecieron la máquina de escribir y la carta escrita en papel, el mundo cambió y nos precipitamos hacia los tiempos nuevos.  Muchas ideas y conceptos, montón de instituciones e infinidad de expresiones materiales comenzaron a esfumarse recientemente como viejos dinosaurios estresados por el cambio ambiental. Justo ahora estamos asistiendo, posiblemente,  al fin de un ícono de la sofisticación y la exclusividad—los celulares blackberry, chiches tecnológicos envidiados y deseados—víctimas de la vorágine del cambio digital.
La evolución en las modalidades de  transferencia de información, el manejo y procesamiento de los datos y el impacto social  determinado será, para muchas de las ideas presentes, las formas de organización en uso y los productos materiales que atesoramos,  como lo fue el mítico aerolito de hace 65 millones de años para tantas especies animales y vegetales, causal de inevitable extinción. Es indispensable procurar no caer en esa vorágine fatal y descubrir cómo anticiparse.
 Por lo menos yo, analizo cada día el material cultural que me rodea procurando anticipar inteligentemente por dónde comenzará a flaquear su arquitectura, de manera de tener más tiempo para apartarme y mantenerme  actualizado.
No se ven muchos profetas del futuro en quienes confiar. Tampoco se distinguen visiones lúcidas orientadoras. Ni siquiera actitudes carismáticas  ni personalidades arrebatadoras. Lo único seguro es la inminencia de los cambios. No nos van a salvar las Bachelet, ni los Longueiras o los Meos; tampoco los Navarros ni las Camilas. Todos ellos  son, también,  especies amenazadas.

martes, 11 de octubre de 2011

UNA POSIBLE ESTRATEGIA


Durante mucho tiempo me he estado preguntando por las  razones lógicas que pudieran explicar suficientemente que la señora Bachelet hubiese llegado a ser Presidenta de la República, sin conseguir elaborar un razonamiento suficientemente estructurado y fundamentado. No me refiero a las conveniencias políticas en las que la Concertación—maestra del oportunismo—ha dado muestra de extrema habilidad,  ni a las oportunidades anecdóticas (como andar arriba de un tanque Mowag), sino a  explicaciones profundas capaces de  explorar  el inconciente colectivo de los chilenos en un nivel   que no corresponde a la estrategia comunicacional, sino a la sociología más refinada.
No había conseguido ninguna lucidez sobre la materia hasta que para el dieciocho, me crucé en la calle con don Miguel, maestro en el arte  de la construcción  de obra gruesa—albañilerías, estucos y radieres—que  caminaba endomingado con su señora de la mano.
Ella era, en moreno aunque teñida rubia, el vivo retrato de la ex Presidenta: no fea, de mediana edad, gordita, con cierta personalidad y evidentemente dueña del buque de don Miguel, que la miraba con adoración y orgullo evidentes. La miraba como a una reina con ojos brillantes por el efecto de cariño y de alguna libación patriotera. Entonces súbitamente se me hizo la luz: la explicación de la popularidad comentada está en  que la señora Bachelet corresponde a lo que todavía es el ideal femenino popular del chileno, ese arquetipo  que aún  no se ha contaminado  con la modernidad, razón por la que sigue teniendo el valor aquello de que  “la gordura parte de la hermosura”. Un tipo en que se combinan la  abundancia de carnes que comunica la idea de ausencia de estrechez con la sensación de logro; ese donde un poco exotismo de la sangre europea sugerida por el rubio de la cabellera se combina con el olvido  genético;  ahí, donde  el sentimiento amable y acogedor de una cara redondita y sonriente disimula los inconvenientes de cualquier falla de carácter.
Entonces se me ocurrió que posiblemente  las evidentes redondeces que están desarrollando  varias de las líderes estudiantiles pudieran ser parte de un hábil estrategia de su partido conducente a “hacer el tipo” con vista a futuras promociones. Proyéctelas Ud. en unos pocos kilos, bórreles los rasgos acusados de la grácil juventud y tendrá, por lo menos, un par de potenciales candidatas con éxito asegurado, como la ex Presidenta.
No olvide que las mujeres votaron en masa por ella seguramente porque se sentían interpretadas por el tipo y los hombres, porque el tipo todavía les removía los atavismos.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿EL EFECTO MATRIX?


¿Recuerda la película Matrix, esa en que las personas vivían en un estado de suspensión conectadas a máquinas que les suministran la ilusión mental de unas vidas normales a cambio de usar su energía vital?  Es interesante recordarla, porque un porcentaje cada vez más significativo de los chilenos tenemos la percepción de estar viviendo en un situación  similar, en la que el sistema—el modelo, dijéramos—nos permite la ilusión de una vida plena al permitirnos gozar de ciertos bienes de consumo a cambio de comprometer ad eternum nuestra energía productiva.
El traspaso se materializaría a través de una transferencia abusiva de nuestro esfuerzo a  las entidades de servicios como las de agua, electricidad, gas, transporte y comunicaciones; a las financieras como los bancos, las tarjetas de crédito y las tiendas del retail; a las de movilidad y seguridad social como la educación,  las AFP y las ISAPRE, de manera que el objetivo de fondo ya no sería social (proporcionar  a la población  bienes y servicios) sino puramente económico (mantenernos cautivos en tanto fuésemos productivos), de manera de ganar a costa nuestra.
Este sentimiento social creciente de toma de conciencia—que por lo demás tiene expresión planetaria—es el que  subyace bajo los distintos tipos de manifestaciones de las que hemos sido testigos en los últimos meses, desde las protestas por Hidroaysen a las manifestaciones estudiantiles y caceroleos. Es lo que explica  que un Presidente empresario sea tan impopular y que un gobierno de derecha sea rechazado tan ampliamente. Temas como el de los sobresueldos de hace unos años, el de las obras concesionadas que no operan bien, o el escándalo de La Polar, por mencionar sólo algunos hechos, explican el escalamiento del problema.
El efecto Matrix puede ser imparable y generar cambios que lleguen a ser peores remedios que la enfermedad, sobre todo cuando son aprovechados como parte de estrategias políticas. Ya lo vemos en los estudiantes, que están pidiendo cambiar el mundo—modelo, estructura tributaria, propiedad, etc.—para  solucionar el   problema de la educación. El tejo pasado es el peligro de todos los procesos pendulares.
Volviendo a la película Matrix, recordemos que los pocos humanos que se habían sustraído al control de las máquinas terminaban por triunfar de la mano de un lider carismático y capacitado, arrastrando a su causa a cada vez más conversos liberados. Algo así  estaría pasando ahora en el mundo real: Matrix sería el modelo y los líderes estudiantiles podrían ser personificaciones de  Neo… Y Gajardo bien pudiera ser Morfeo.
En todo caso una guerra…Tal vez sería oportuno releer a  Sun Tzu.

viernes, 7 de octubre de 2011

EL GRAN DESASTRE


¿Cómo podría calificarse el desempeño de este Gobierno si no es como un desastre? Creo que van quedando pocos que abierta o reservadamente no lo piensen así. No ha habido oportunidad casi, en la que no se hayan cometido errores políticos, en que no se hayan equivocado las estrategias y en que no se hayan dejado perder oportunidades. Como general después de una batalla me pregunto ¿Cómo han podido ser tan ciegos?
La señora Bachelet dio el primer aviso de cómo iban a ser las cosas con esa popularidad inexplicable con la que terminó un gobierno tibio y mediocre. Los eventos posteriores al terremoto de 2010, cuando el actual gobierno dejó pasar una oportunidad preciosa de marcar la agenda en términos comunicacionales, confirman  la cortedad de visión. Finalmente, todo lo que ha ocurrido en materia de las manifestaciones estudiantiles, donde no hay torpeza que no se haya aprovechado, rubrican la catástrofe.
¿Qué comprendió adecuadamente o se le dio bien al Gobierno de Bachelet? Que la verdad objetiva, los datos precisos, las explicaciones racionales no importan tanto como las sensaciones, las impresiones y las tincadas, razón por la cual sacó partido a la emocionalidad imprecisa de las percepciones ciudadanas. No creo que nadie medianamente  informado pensase que la buena señora era competente, pero todos sentíamos que tenía buenas intenciones (tan tierna ella) y buenos asesores (el señor que se fue de lengua al tratarla de Gordi).
Mire Ud. lo que ha ocurrido con los movimientos estudiantiles: dos o tres consignas más o menos potentes y medio Chile se pliega balando a coro para apoyarlas, sin entender prácticamente nada, sin parar mientes en que el gremio que ha generado la mayor parte de los problemas se pliega al proceso con su antipático presidente a la cabeza y sin pensar en las consecuencias de lo que se pide.
La habilidad de la estrategia sorprende. No sólo buenas consignas, sino que una hábil presentación de los problemas de un modo que nadie puede—gobierno incluido—dejar de estar de acuerdo con el fondo más simple del planteo. ¿Si estoy de acuerdo con las ideas de mi opositor, que curso de acción me queda? Es la esencia del juego político: proponer  lo que deje al enemigo sin una línea de defensa; hacerlo con un lenguaje simple; comunicarlo por medio de una cara bonita…¿Es que nadie se ha dado cuenta  de que la Camila es una materialización de los  anhelos más oscuros de la gente? Mujer como la Bachelet, joven y bonita como una modelo (incluso sin  la delgadez),  educada e inteligente como un demonio, vulnerable de modo que uno quisiera protegerla. ¿Cómo le va a hacer el peso un desabrido como el Ministro Bulnes?
No me sorprendería que a pesar del debilitamiento que la politización extrema  genera al  movimiento estudiantil, se sumaran más equivocaciones al desastre.

miércoles, 5 de octubre de 2011

RELATIVIZACIÓN DE LOS DERECHOS:


¿Qué diría Ud. si un  grupo de personas ocuparan periódicamente la calle frente a su casa para hacer una demostración de fuerza orientada a obtener algún beneficio? ¿Cómo reaccionaría si en esa actividad le rayan el auto, le pisotean el jardín y le asustan al perro, aunque sea por accidente ? ¿Y qué actitud tomaría si esas personas terminaran por ocupar su casa como un medio de aumentar la presión, aunque la ocupación fuese pacífica? Como en la propaganda aquella que demuestra que la cosa es diferente cuando se usa el tú—en  este caso el Ud.—con toda seguridad Ud. reclamaría  vehementemente sus derechos y no aceptaría que se los relativizara en función de la mayor importancia o trascendencia de la causa defendida por los reclamantes.
En  esencia, en el ejemplo presentado, existe una afectación del derecho de libre tránsito, del de propiedad y del de gozar de paz social, independientemente de las justificaciones y las causas. Cualquier alegato justificatorio de aquellos actos, equivale a relativizar esos derechos, cuestión que parece inaceptable precisamente  en un estado de derecho.
La relativización que se hace  de los derechos es  el problema  que ha sido puesto sobre la mesa con el anuncio de  posibles endurecimientos de las sanciones en el caso de las tomas y los perjuicios causados por las “manifestaciones sociales”. Y la popularidad de los fundamentos del movimiento estudiantil y la importancia del tema de reformar la educación, parecen justificar que se falte un poquitín a la ley. Algo así como decir que es malo poner una bomba, pero no es tan malo si es por una buena causa.
El problema de las relativizaciones, es que conducen a perder los límites, cuestión que es complicada cuando se reconoce que las normas fijadas para la convivencia por la costumbre y la ley no son otra cosa que límites dispuestos por la sociedad en pos del bien común.
En este país la política se está transformando en el arte de relativizar. Y también lo están haciendo el periodismo y los medios de información.  Relativizar está comenzando a ser el mejor medio para sostener un argumento. La mejor demostración de eso es que   ante el rechazo de dichas medidas por parte de sectores políticos, la autoridad ha adjetivado el asunto diciendo que las sanciones corren sólo “si se ejerce violencia”. ¿Me va a decir Ud. que la ocupación de la calle frente a su casa y su toma utilizadas como ejemplo y todo lo que las puede seguir, no lo violentan?

lunes, 3 de octubre de 2011

ARTICULADORES DE LA HISTORIA

Los historiadores más detallistas dicen que el establecimiento de la Frontera de Arauco, a principios del siglo XVII, ha sido un evento absolutamente  determinante en la configuración de los caracteres nacionales, es decir, en la personalidad de los chilenos. En menor medida pero también determinantemente parecen haber  influido la Guerra del Pacífico en 1879, la crisis mundial de 1929 y posiblemente, el golpe militar de 1973.  La configuración de la Frontera de Arauco—dicen los historiadores—ha  sido  más determinante, incluso, que las guerras de la independencia, la de la Confederación Perú Boliviana, la revolución de 1891 y todos los otros golpes de Estado juntos.
Generada a partir del levantamiento de 1599 que condujo al desastre de las fuerzas conquistadoras españolas en Curalaba y determinó el abandono de las ciudades de la Araucanía y de buena parte de la zona central, la Frontera fue, en realidad,  una faja de territorio entre el río Bío Bío por el sur y el Maule por el Norte, de la que ambos bandos—españoles e indígenas—se sustrajeron casi por completo y en la que salvo unos pocos fuertes, ya no se desarrollaron poblados hasta entrados los siglos XVIII y XIX.  A falta del control  jurisdiccional de ambas culturas—la peninsular y la indígena se refugiaron en sus ámbitos y quehaceres en las zonas aseguradas—no  hubo allí ni Dios ni Ley durante un período de tiempo bastante prolongado, con unas consecuencias bien notables.
En la Frontera campeó el macho engendrador, irresponsable e itinerante—el gañan campesino—y  surgió la mujer sola jefa de hogar sacando adelante a montones de chiquillos huachos; en la Frontera aparecieron las bandas de asaltantes del tipo de Benavides y los Pincheira, adueñándose de campos y caminos; en la Frontera se gestaron la tradicional  resistencia a la Ley, la costumbre de la asonada saqueadora, la afición al alcohol y la juerga, la pillería, en fin. Tal vez allí se configuró el roto chileno que luego las guerras mencionadas y los auges mineros diseminaron por el resto del territorio volviéndolo protagonista urbano.
Me ha venido a la mente aquella circunstancia histórica particular que articuló el carácter nacional, pensando en que  la Camila y sus huestes de estudiantes revolucionarios pudieran constituir uno de esos articuladores sociológicos que llegan a cambiarlo todo. Podría ser que ella, cual una moderna  Fresia o una gentil Guacolda marcara el límite entre un  antes y un después.
Si es así, la recordaremos como la representante de un momento trascendental; si no ocurre así, sólo como una cara bonita.

sábado, 1 de octubre de 2011

LA UTOPIA DE LA IGUALDAD

Confieso que tengo problemas con el concepto de igualdad. Racionalmente puedo argumentar, seguramente influido por la idea contenida en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, que  nacemos libres e iguales en derechos, por lo menos ante la ley. Emocionalmente, sin embargo, percibo que no es estrictamente así: la influencia de la herencia genética, distinta en cada individuo; la influencia del ambiente, con sus miles de circunstancias diferentes y la suerte, que nos roza con su gesto mágico  o nos ignora, nos hacen diferentes. Pretender la igualdad  ideal parecería, más bien, un designio aventurado, resultado de algún experimento social extremo, como aquel que Aldous Huxley imaginara en su novela “Un Mundo Feliz” de 1932, terrible sátira cargada de ironía política.
Por eso me parece también una ironía, que personas como Camila Vallejos—linda e inteligente—y Giorgio Jackson—inteligente y preparado--, hablen de la igualdad a la que deberían apuntar el sistema educacional  y la sociedad. Ellos, dotados, destacados física e intelectualmente, rodeados de sus iguales, mucho menos dotados y desde luego menos bonitos. Ellos con sus destinos seguramente diseñados por la conveniencias de sus partidos; los otros enfrentados a la incertidumbre.
Quiero creer, sin embargo,  que la igualdad de la que hablan es aquella que se constituye principalmente como logro y no la que  se compromete sólo como punto de partida. Entendida así, la igualdad tiene que  ser conceptualizada más bien como la conquista producto de un supremo esfuerzo y no como el simple derecho a gozarla como resultado  de una lucha social. Así entendida, la igualdad es una difícil igualdad, como todo en la vida. La simple lucha por la vida  en la evolución que se nos presenta día a día.
Siempre ha sido así. Siempre habrá uno que gane la carrera. Siempre habrá legiones que la pierden. Estarán los que suben al podio y los que bajan al anonimato. De lo que se trata, en esencia, es que los que llegan últimos,  no tengan tiempos demasiado terribles.